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La estrategia definirá al próximo presidente

Por Por José Roberto Miranda A.*

May 27, 2013- 18:00

En El Salvador, durante los últimos años se ha observado que los partidos políticos toman a las encuestas de popularidad de los diferentes actores políticos como base fundamental para escoger su candidato a la presidencia. Esto sin duda alguna es importante, pero no lo es todo. Ser “conocido” no significa necesariamente ser lo más cercano al candidato ideal que los ciudadanos queremos; que la campaña electoral a desarrollar pueda dar los resultados esperados y tampoco que este reúna el perfil indicado para guiar los destinos de más de seis millones de personas.

Dentro de la variables del marketing político, el candidato es un elemento clave de donde parte toda la estrategia de la campaña electoral, que incluye además un proyecto respaldado por un partido político y un mensaje principal a comunicar por diferentes medios y a diferentes grupos objetivo. Elementos claves que debieron tomar en cuenta para definir al candidato son: la experiencia profesional, su integridad, la capacidad de trabajo, la imagen de éste y muy importante, su carisma personal para entusiasmar a los simpatizantes del partido y sobre todo, a los indecisos que son los que al final inclinarán la balanza para un lado u otro. A esta altura, de la mejor forma o no el proceso llevado a cabo, las cartas están tiradas.

Teniendo al principal elemento definido que es el candidato y en una competencia bastante cerrada, será la estrategia de campaña la que definirá al próximo presidente. Y la estrategia es simplemente lograr poner en el mismo punto de mira los ojos, la cabeza y el corazón para lograr el mayor impacto electoral posible. Es en esto que deberán enfocar el esfuerzo de campaña los tres candidatos que están compitiendo. Lo que la mayoría de votantes deseamos tener claro es cómo va a resolver los problemas más importantes del país el futuro gobernante. Cuáles son estos, pues ya todos los ciudadanos los conocen y en carne propia, no es necesario pasar meses preguntándoles para escuchar que muchísimos están desesperados por la inseguridad, la precaria economía familiar, la falta de trabajo, la pobre calidad de la educación y la mala atención médica entre otros.

El electorado al igual que el consumidor en el mercado, es ahora más exigente. Lo que quiere ver, escuchar y entender es cuál es el planteamiento ante cada problema y cuáles son las propuestas concretas de solución: qué hará, cuándo lo hará y con qué recursos lo hará. Pero no sólo eso, lo que verdaderamente anhela es creer, tener una esperanza, al menos una mediana ilusión de que las propuestas se cumplirán. El candidato que logre hacer una conexión emocional con la población y genere más confianza en que cumplirá el proyecto de país que proponga, es quién se convertirá en el nuevo presidente de la república.

Para alcanzar esto el candidato y su equipo de campaña deberán hacer un esfuerzo para potenciar todas sus fortalezas y neutralizar las debilidades, definir claramente cuál será el mensaje de su campaña, los tiempos en que llevarán este mensaje a los diferentes segmentos, los medios de comunicación donde invertirán sus recursos financieros, si debatirán públicamente o no lo harán, si presentarán a su futuro gabinete o no, si hablarán de lo que hicieron como funcionarios públicos o de lo que implementarán a futuro si continúan siéndolo, si serán sensatos al ofrecer propuestas alcanzables o caerán en la demagogia con ofertas populistas irresponsables.

Quedan nueve meses para observar cómo jugarán las cartas. Independientemente de los recursos de que dispongan, si definen la estrategia correcta podrán realizar una campaña exitosa. Pero si la estrategia es equivocada, hasta la campaña con más recursos fracasará.

*Colaborador de El Diario de Hoy

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