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Las personas más influyentes del mundo

Por Por Cristina López G.*

May 11, 2013- 18:00

Se acostumbra a construir pedestales a los héroes modernos mencionándolos en las listas de Forbes por lo que han logrado acumular, o dándoles posiciones codiciadas en la lista de TIME por ser los más influyentes. Por esta costumbre, a veces se tiende a olvidar a otros héroes, cuyas épicas conquistas son trascendentales, pero silenciosas. Por eso es importante estar consciente, por lo menos una vez al año en el Día de la Madre, de celebrar a esas personas que quizás nunca tengan su página en Forbes o TIME, pero cuya influencia sigue moviendo economías y formando liderazgos alrededor del mundo.

Ya sea se las deban a la biología, o a que las hayan tenido en forma de abuelas, amigas mayores, madrinas, o incluso en forma de papá soltero, si en algo pueden coincidir la mayoría de personas es que el concepto de la mamá es un gran invento, puesto que enseñan lecciones de las que no se aprenden en ninguna universidad: desde finanzas, liderazgo o capacidades de multitasking, difícilmente podría encontrarse un curso multidisciplinario tan completo en el mercado educativo.

De la mía, con la que por casualidad comparto página en este periódico desde hace algunos años, aprendí la sabiduría de la administración económica, porque a base de austeridad y políticas anti-despilfarro, cuidó las arcas de la economía familiar de una manera que envidiarían muchos gobiernos alrededor del mundo. A ella le debemos varios el conocimiento de las tablas de multiplicar, el soliloquio de “La vida es sueño”, el amor por la poesía y la lectura, la apreciación de reírse a carcajadas de un buen chiste y el aprender a contar una historia.

Nos enseñó a aprender que el no haber nacido en Buckingham no justifica el tener malos modales en la mesa, a coordinar eventos multitudinarios, planear menús y loncheras, y a comprar pantalones con ruedo largo, para que duren. Dio ejemplo de cómo jamás hay que tener vergüenza para pedir cuando se pide para un proyecto social y que queda tanto por hacer por los menos favorecidos, que descansar es un lujo que no nos podemos dar. Aprendimos que no había prenda arruinada que no tuviera remiendo con su invencible máquina de coser y que el trabajo dignifica y que es una bendición de la que hay que estar agradecido hasta en la jubilación.

Sus habilidades de multitasking le habrían permitido poner un taller de solución de problemas donde se cobrara por múltiples servicios, como vacunar con manos de enfermera, coser a la medida, cuidar hijos ajenos, servicios de motorista, chef y de anfitriona de una mesa en la que siempre era bienvenido un invitado más; de psicóloga y Dra. Corazón de adolescentes con mal de amores, tutoría académica en múltiples ramas y cuenta-cuentismo profesional, servicios de contaduría pública, asesoría fiscal y secretariado, capacidad admirable de lograr multiplicidad de menús y platillos usando un solo pollo, moderación de torneos de debates de sobremesa, coordinadora de lavados de dientes a distancia y catequista impulsadora de las tres Ave Marías antes de dormir. Todo con música de fondo y en tacones. Como usuaria frecuente de muchos de estos servicios, podría dar fe de que su compromiso con la satisfacción del cliente haría que muchas empresas de servicios codiciaran su currículum.

Y como ni Forbes ni TIME lo harán, felicito yo a todas las mamás que por su trabajo a tiempo completo como empresarias en estos talleres de solución de problemas y múltiples servicios, sin viáticos, aguinaldos o vacaciones, merecen el título de las personas más influyentes del mundo. ¡Feliz Día de la Madre!

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg

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