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A sembrar árboles y así reforestar El Salvador

Por Por Bessie Soto de Gallegos*

May 11, 2013- 18:00

Se han escrito innumerables artículos sobre la reforestación, y después de leer el artículo en El Diario de Hoy del 8 de marzo recién pasado del señor Richard Awad, analista económico, en el último segmento escribe: “La reforestación de nuestras cuencas hidrográficas demanda de mano de obra masiva y la cooperación internacional estaría dispuesta a invertir en un proyecto como éste, que incluye varios componentes: reforestación y seguridad ambiental, empleo y pandillas”.

Ahora bien, el sueño de todo salvadoreño es tener un país seguro, limpio y agradablemente hermoso y me he animado a escribir estas líneas impulsada por el deseo de que esto se haga una realidad.

Quiero primero felicitar al alcalde Norman Quijano, por su empeño en tratar de darnos un Centro Histórico, y una ciudad capital limpia y hermosa como la tienen la mayoría de los países del mundo. Es loable su esfuerzo, pero se necesita de toda nuestra cooperación ciudadana para conseguirlo. En este punto quisiera sugerirle que en la Plaza del Salvador del Mundo, se sembraran algunos maquilishuats (nuestro árbol nacional) de tal forma que sin quitarle vistosidad a la Plaza cuando florecieran, nos dieran a propios y a extranjeros, un espectáculo de verdadera belleza. Lo mismo podría hacerse en algunos redondeles y calles.

Yo tuve la suerte de que en uno de mis viajes al Japón, en el mes de abril, visité en Kioto los jardines del Santuario Heian, en donde los cerezos están sembrados en varios conjuntos armoniosos, en lo cual los japoneses son maestros, y que en plena floración proporcionan a los visitantes y turistas un espectáculo bello y encantador que sólo la naturaleza nos puede brindar.

Cuando los cerezos que están sembrados a orillas del río Potomac, en la ciudad de Washington, florecen, son la admiración de todos los que los hemos podido contemplar.

En 1912 la ciudad de Tokio, Japón, mandó a regalar 3,000 cerezos a la Sra. Helen Taft, esposa del presidente de los Estados Unidos, al enterarse de su interés de conseguir y sembrar dichos árboles, y desde entonces los cerezos florecen en Washington. Pero nosotros tenemos el maravilloso maquilishuat, que no tiene nada qué envidiar a los cerezos, y que tienen una floración que dura más que los 7 u 8 días que tienen los cerezos.

En Yucatán, México, en toda la parcela del centro que divide la carretera de ida y regreso, desde el aeropuerto a Mérida, se han sembrado árboles de flor de fuego, ¡Son Impresionantes!

Y en Marruecos la mayoría de calles y avenidas de Marrakech, en todas sus aceras tienen sembradas jacarandas –otro bello árbol que existe en El Salvador–, y al atardecer, los celajes rosados dan a las flores moradas un colorido especial, que uno no puede dejar de admirar.

Viajando por Grecia, en Nauplia, el malecón a orillas del mar y en varias de sus calles tienen sembrados naranjos enanos, y por las noches cuando están en floración, al transitar por ellas se siente el perfume de los azahares que deleitan nuestro sentido del olfato y causan una sensación increíble.

El licenciado Napoleón Duarte, ministro de Turismo, que promueve Pueblos Vivos, y todas las alcaldías, podrían ponerse en competencia, a ver cuál termina sobresaliendo con la siembra en sus aceras y alrededores de cualquiera de estos maravillosos árboles, ocupándose de ello los habitantes, soldados y todo aquel que quiera colaborar.

Recurriendo por ejemplo a la cooperación internacional, bien podrían sembrarse a lo largo de las carreteras, cualquier otra variedad de árboles de los muchos que tenemos y que son propios para ello. En la India, donde las desoladas carreteras son de cientos de kilómetros, muchas tienen a cada lado 4 ó 5 ringleras de árboles, que atenúan la aridez y calor de dichas carreteras y cada cierta cantidad de kilómetros existen viveros de pequeños arbolitos para resembrar, pues las tormentas de arena, una de las cuales pude presenciar, arrancan algunos árboles de cuajo, o les vuelan todas las ramas.

Todos estos ejemplos son para mí verdaderos recuerdos y experiencias inolvidables de mis viajes, pues soy una mujer admiradora de los árboles, las flores y de la naturaleza misma.

A sembrar árboles y así reforestar El Salvador. Soñar no cuesta nada.

*Colaboradora de El Diario de Hoy.

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