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Nuevas elecciones, viejos hábitos políticos

Por Por Claudia Umaña Araujo*

Mar 19, 2013- 18:03

Ha surgido el tema de la elección de los magistrados de la Corte de Cuentas, mostrándose una vez más la debilidad en el proceso. Recordemos que son estos los guardianes de los fondos públicos, actores importantísimos de la legitimidad de la democracia y en la lucha contra la malversación, ineficiencia y corrupción.

No en vano ha sido tan cuestionado el desempeño de la institución y en estos últimos días hemos presenciado nuevos intentos de introducir a ciertos candidatos que tienen trayectoria de falta de independencia partidaria o que simplemente van a tratar de mantener el status quo.

¿Entonces qué pasa con el clamor por la modernización de la Corte de Cuentas? ¿Quiénes son los candidatos que actuarán con la aptitud y valentía para romper con este viejo lastre? Se cumple en serio la sentencia de la Sala de lo Constitucional sobre la idoneidad de los candidatos, que es exigible de todos los entes contralores del mundo o se piensa que se corrigen todos los males con formular preguntas tan generales como estas: ¿Por qué se considera capacitado para desempeñar el cargo de Magistrado de la Corte de Cuentas de la República? ¿Cuál es su opinión sobre el estado actual de la institución? En caso de ser electo, ¿cuáles serían sus planes y proyectos para mejorar la institución? ¿Cómo respondería a las presiones políticas?

Esto es insuficiente para enfrentar los desafíos que tiene la Corte y un proceso tan superficial no garantiza que verdaderamente sean los más capaces quienes sean electos. Además, se debe comprobar y acreditar la competencia y honradez notoria de estos candidatos de la forma más objetiva posible, bajo un proceso racional. Proceso que cumpla con las características de ser deliberativo, público y transparente.

Es evidente que se mantiene la ansiedad de entrometerse en la independencia de las instituciones, aspecto de la cultura política que aún no queda atrás. La captura por parte de los partidos políticos de determinadas instituciones buscando la sumisión, es un patrón recurrente en nuestra República. En ciertos momentos la Corte de Cuentas ha actuado con una celeridad ejemplar para acomodar intereses y perseguido por años a funcionarios con criterios bastante discutibles, todo esto sin transparencia. Como se ha expresado en la frase célebre atribuida al Presidente Benito Juárez: “a mis amigos lo que quieran, para mis enemigos la ley”.

A la Corte de Cuentas le hace falta una buena dosis de transparencia en sintonía con la entrada en vigor de la Ley de Acceso a la Información Pública. Pero las resistencias son tales que se ha negado información argumentando que son aspectos anteriores a la entrada en vigor de la misma. Este tipo de denegatorias de información de una institución del calibre de la Corte de Cuentas son impresionantemente contradictorias.

Se requiere la publicidad de los informes de auditoría para que así se sometan a la rendición de cuentas y al escrutinio público, aspectos que hasta hoy son una espada de Damocles, promoviendo la precariedad para los funcionarios y volviéndolos vulnerables a la partidocracia. Mejor sacar a la luz los criterios técnicos, sin importar de qué partido son los funcionarios, que la justicia sea verdaderamente ciega frente a sus actuaciones.

Durante años se han dado recomendaciones de fortalecimiento que aún están vigentes, como proceder con la votación con mayoría calificada y la elección escalonada para evitar el cuoteo partidario. También se debe impulsar como mínimo la reforma legal para evitar la excesiva centralización en la figura del Presidente, tanto en la parte administrativa como en la fase de fiscalización. Está por demás señalar que los finiquitos deberían ser otorgados de forma colegiada, es decir con las tres firmas de los magistrados que la integran para evitar darlos de forma arbitraria.

Es decir, se pueden hacer cambios importantes desde este momento si existe la voluntad política, pues no todo se debe ir dejando para adelante cuando se logre la reforma constitucional. Existen acciones de corto, mediano y largo plazo y espero que para atrás, ni para agarrar impulso.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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