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Niños viven la espiritualidad por el fervor de la Semana Santa

La Procesión de los niños se ha convertido en toda una tradición espiritual de la Semana Mayor en algunos pueblos del occidente del país

Los niños que participan en la procesión de Apaneca contaron desde este año con su propia imagen de Jesús. El año pasado no llevaron. Foto EDH / Cristian Díaz
Los niños que participan en la procesión de Apaneca contaron desde este año con su propia imagen de Jesús. El año pasado no llevaron. Foto EDH / Cristian Díaz

Por Milton Jaco Cristian Díaz comunidades@eldiariodehoy.com

Mar 25, 2013- 19:00

A través de los años, Izalco se ha caracterizado por ser uno de los pueblos salvadoreños que vive con más fervor las festividades de la Semana Santa.

Las actividades religiosas que se realizan en este lugar durante la Semana Mayor, son admiradas por su riqueza espiritual y por el alto grado de creatividad que muestran las personas que participan en ellas.

Uno de los eventos que ha acaparado la atención de los turistas nacionales e internacionales durante los últimos 23 años, ha sido la procesión de niños izalqueños, la cual se realiza todos los sábados de cuaresma y el martes santo.

La idea original de la procesión de niños que surgió allá por 1990, con el fin de evitar que las tradiciones de Semana Santa se perdieran, fue retomada por los miembros de la Hermandad de Jesús Nazareno de Niños, quienes actualmente organizan, participan y recrean un verdadero Vía Crucis a menor escala.

Una de las coordinadoras de la hermandad, Rosa Romualdo, manifiesta que “el número de cargadores del santo entierro era cada año menor. Entonces, se necesitaba hacer algo nuevo para rescatar estas tradiciones. Por eso, se pensó en preparar a los niños para que cuando estos sean adultos, estén listos y tengan la buena disposición para seguir participando en este tipo de actividades”.

En sus inicios, la hermandad solo procesionaba una pequeña imagen de Jesús Nazareno, que medía aproximadamente unos 45 centímetros de altura y era cargada en un anda rectangular de 2.5 metros de largo y uno de ancho. Para ese entonces, la participación de niños era escasa, pero, esta seguía aumentando con el pasar de los años.

Para la década de los 90’s, la procesión únicamente se realizaba los martes santos y recorría solo una parte del pueblo. Fue hasta el año 2000, que gracias a la donación de nuevas imágenes por parte de algunos fieles católicos, la procesión de martes santo comenzó a recorrer las principales calles de la ciudad, y se iniciaron también los recorridos los sábados por la tarde, durante la cuaresma, para realizar el rezo del Vía Crucis.

En la actualidad, ya existe una generación completa de izalqueños que creció con la hermandad de los niños, y que ahora forma parte de hermandades como Nazareno, Santo Entierro de Cristo y Soledad de María. Estas personas siguen siendo partícipes de la procesión de niños, ya que es común observarlos llevando en brazos a sus hijos con el característico camisón y gorro morado alusivos a las festividades.

“Es importante enseñar a nuestros hijos las cosas buenas que algún día nosotros hicimos en la Semana Santa”, dice Herberth Aragón, padre de familia.

En Apaneca

Otro de los pueblos salvadoreños que ha tomado a bien la realización de la procesión de niños es Apaneca, en Ahuachapán, donde este año se realizará por segundo año consecutivo.

La iniciativa surgió del presbítero Óscar Lagos y es coordinada por la Hermandad de Jesús Nazareno.

Son treinta niños cargadores los que participan de esta actividad, la cual, según sus organizadores, pretenden que se vuelva toda una tradición en este municipio.

Uno de los participantes es Marco Antonio Hernández Zaldaña, quien a sus escasos 9 años, dice, enfáticamente, que participa para “servirle a Dios”.

Vestido con su traje púrpura aseguró que sólo cargando a Jesús durante las siete estaciones, puede imaginarse todo el sufrimiento que pasó previo a ser crucificado.

Su madre, Deysi Zaldaña, dice que el papá y el hermano mayor también son cargadores de las imágenes grandes.

Por ello, Marco conoce de la importancia de vivir como verdaderos cristianos este tiempo de reflexión.

“Es una tradición que tiene que vivirse. A través de los Vía Crucis, donde participan los niños, podemos seguir los pasos de Jesús y que ellos aprendan el significado de la Semana Mayor”, reflexiona.

El tesorero de la Hermandad, José Álvarez, relata que el año pasado, durante el Miércoles Santo se realizó la procesión de los niños por primera ocasión. Sin embargo, en esa oportunidad, no llevaban la imagen de Jesús porque no contaban con una.

La situación cambió este año pues a principios del mismo mandaron a hacer una a Izalco, con el fin de que los niños contarán con “su propio Jesús.”

“Queremos que la procesión de los niños sea un semillero para que estas tradiciones no se mueran en Apaneca. Cuando ellos lleguen a adultos, ya van a conocer el verdadero significado de la cuaresma y Semana Mayor porque desde jóvenes lo han vivido”, afirma Álvarez.

La imagen mide 90 centímetros de alto, pesa 15 libras y es cargada por cuatro jóvenes.

Vanesa Guerra, de 13 años y estudiante de octavo grado, relata que su motivación para unirse a esta iniciativa es saber “cuánto sufrió Jesús para salvarnos del pecado”.

Son diecisiete cuadras las que deben de recorrer durante el Vía Crucis.

Pero, para Sara Villafuerte, de 13 años, eso no es impedimento para participar en una representación que evidencia “todo lo que sufrió Jesús. A mí lo que me deja la participación es a ser humilde”.

Agrega que para participar reciben charlas y deben de confesarse.

Otra de las personas que pertenecen a la Hermandad, Angelina Castro, relata que con esta procesión están enseñando a los jóvenes que se centren en la vida, misión y resurrección de Jesús.

“Más adelante habrá un grupo de niños para que coordine las procesiones; pero ahora estamos incentivando esta misión y trabajo en los niños porque si desde pequeños conocen a Jesús, va a ser un semillero de vocación”, dice Pedro Quinteros, feligrés.

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