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Escuelas sin recursos para Plan educación integral y tiempo pleno

Docentes no quieren que programas se queden sólo en buenas intenciones

El profesor Douglas Ernesto García enseña computación a niños de la escuela Caserío San Luis Córdova. foto edh / Lissette Monterrosa
El profesor Douglas Ernesto García enseña computación a niños de la escuela Caserío San Luis Córdova. foto edh / Lissette Monterrosa

Por Susana Joma nacional@eldiariodehoy.com

Feb 24, 2013- 20:00

El proceso de enseñanza en el Centro Escolar Caserío San Luis Córdova, en el cantón Troncones, en Panchimalco, al sur de San Salvador, podría venirse abajo debido al recorte que el Ministerio de Educación (Mined) aplicó al presupuesto de la institución, así como al de otros centros rurales y urbano marginales, dijeron la semana anterior docentes y padres.

En 2013 dicho plantel recibió tres mil dólares en concepto de presupuesto. No obstante, para este año recibirán aproximadamente 1,613 dólares, en dos desembolsos.

Según la directora del centro educativo, María Pedrina Molina, en ellos el impacto del recorte será directo, porque desde el año pasado, y por mandato de esa cartera de Estado, los tres profesores de esa institución, incluyendo uno interino, empezaron a trabajar con lo que llaman las “metodología de actividades integradoras”.

Esto significa que los maestros deben brindar a los 70 alumnos (desde parvularia hasta noveno grado) los conocimientos de Matemática, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Lenguaje e Inglés en la medida que desarrollan proyectos con ellos: en este caso, el huerto escolar hidropónico que montaron en pequeños espacios de la escuela, también los de panadería y cosmetología.

Todos esos proyectos están por iniciar de nuevo y se requerirán recursos.

Además, para este año buscan desarrollar, con el apoyo del maestro de Ciencias, una planta artesanal de producción de gas natural o biogás a partir de estiércol de ganado y otro proyecto de computación. Este último, con equipo que fue donado por la organización Eurosolar.

De esta forma, los niños aplican y refuerzan a diario lo que aprenden en clase con sus profesores, por ejemplo, cómo medir el terreno, las cantidades de agua y abono que utilizarán, entre otras cosas.

Debido a que el Centro Escolar Caserío San Luis Córdova, de Panchimalco, tiene otro modelo de enseñanza basado en la combinación de la teoría y la práctica, también evalúa diferente a sus estudiantes: no se limita a exámenes escritos. Se recurre a la autoevaluación y actividades concretas de trabajo en grupo.

Los padres de familia del Centro Escolar Caserío San Luis Córdova, quienes en un principio se oponían a que se desarrollara esta metodología, ahora están contentos y han aprendido que hay nuevas técnicas para cultivar en los patios de sus casas. Según la directora, algunos hasta se admiraron de que los productos cultivados, entre ellos pepinos, rábanos, tomates, chiles y berenjenas, tuvieran mayor tamaño que los que ellos sembraron en la tierra.

Al principio el cultivo escolar se instaló con semillas que fueron donadas por la misma ONG internacional, la cual también les proveyó una planta de energía solar, cinco computadoras, proyector e impresora para que funcionara el Centro de Recursos de Aprendizaje. Sin embargo, algunos de estos equipos se encuentran dañados y demandan reparación, incluyendo una refrigeradora.

Carencias

“Ahorita (con lo que nos den) sólo vamos a alcanzar a cubrir lo que es papelería, porque es de las cosas que más necesitamos. Este año necesitamos comprar ventiladores, porque hay un salón de clase donde no se puede trabajar porque es muy caliente”, añadió María Pedrina Molina, quien además de fungir como directora también atiende las secciones de kínder, parvularia y primer grado por la mañana.

Molina, quien tiene 15 años de ejercer la docencia (cinco de ellos en la escuela como docente y dos como directora), subrayó que si bien cada una de las aulas tiene una pequeña biblioteca, a estas fechas ya es necesario actualizar textos y comprar diccionarios.

Suma al problema que los docentes no cuentan con sillas para sentarse ante el escritorio, faltan mesas y sillas para ubicar a los estudiantes.

Por si eso fuera poco, la institución necesita fondos para comprar la baterías de una segunda planta solar que dejó la empresa que se encargó de construir la escuela en 2005.

Esta planta les ayudaba a mandar energía al sistema de extracción de agua de un pozo que fue construido en el mismo terreno donde funciona la escuela. Hoy han hecho adaptaciones para que éste funcione pero con gasolina, lo cual les resulta costoso.

La comunidad educativa del Caserío San Luis Córdova espera que, esta vez, el gobierno reconsidere la reducción del presupuesto, pero que tampoco se atrase para entregarlo, como ocurrió el año pasado, cuando el segundo desembolso lo recibieron hasta fines de diciembre.

“Cómo va a poder trabajar uno este sistema de materias integradas y con la educación inclusiva de tiempo pleno, que requiere que los niños estén acá todo el día, si no tenemos suficientes recursos. Esta es una comunidad pequeña y hacer actividades para recaudar fondos no funciona porque es de escasos recursos”, detalló la directora.

A esa institución aún no le han entregado los alimentos para el refrigerio escolar, que, según los docentes, es un incentivo para que los estudiantes lleguen.

Eso no es para menos. Los niños de esta localidad rural de Panchimalco trabajan con sus padres en los cultivos de cereales o verduras. Sin embargo, se nota que tratan de ser aplicados con las tareas académicas que les asignan.

La profesora argumenta que el modelo educativo que están aplicando funciona porque si los niños se ausentan por un día, porque se fueron con sus padres al campo, no pierden continuidad en el aprendizaje. El día que retornan al aula, escuchan y aplican lo que han estudiado.

Además, ellos saben en qué contenido van porque a cada uno se le entrega un folleto donde aparecen programadas las actividades diarias, de toda la semana.

Más afectados

Según explicaron, la escuela del caserío San Luis Córdova no es la única que trabaja con esta metodología. En la zona de Panchimalco hay otras instituciones que la desarrollan y que también estarían enfrentando problemas ante un recorte de fondos (ver páginas 4 y 6).

A la petición de que no recorten el presupuesto, se une Juan Antonio Martínez, un agricultor de 30 años que tiene dos hijos, uno en cuarto grado y otro en sexto.

El padre de familia es uno de los nativos y fundadores de la escuela y dice sentirse orgulloso de que ésta ya tenga una infraestructura bonita, pero señaló que también “hemos llegado a pensar acerca de lo que nos afectará el recorte del presupuesto en la calidad educativa”.

“La tenemos bien bonita (la escuela) gracias a los padres que colaboran”, agregó Martínez, quien es directivo de la Asociación Comunal Educativa (ACE), encargada de administrar ese centro escolar que nació dos cuadras al norte de donde hoy tienen su propio local.

La escuela nació en una champa, en un terreno prestado cuyo dueño posteriormente lo donó al Ministerio de Educación. Ahí funciona hasta hoy el centro referido educativo.

San Luis Córdova está casi aislado. Allí no hay panaderías ni peluquerías ni otro tipo de negocios, por tal razón el año pasado que los estudiantes de la escuela elaboraron pan ahí, fue toda una sensación, dice don Juan Martínez.

Los estudiantes que terminan el tercer ciclo en ese centro educativo no tienen mucha oportunidad de ir a estudiar bachillerato a la zona urbana de Panchimalco, de donde dista unos 12 kilómetros. Es más la población tiene más comunicación con el cantón Planes Las Delicias, de Olocuilta, municipio que pertenece a la Paz. Es allí donde los mayores van a comerciar sus productos agrícolas y salen hacia otros lugares.

Los mismos maestros de la escuela utilizan esa ruta para llegar a la escuela. Explican que les resulta más seguro, aunque siempre tienen que caminar por lo menos dos kilómetros y cruzar igual número de ríos, que en invierno se vuelven un obstáculo para llegar a servir las clases.

Esa situación ha obligado a más de uno de los docentes a residir en la comunidad durante el transcurso de la semana y desplazarse a casa al llegar el viernes.

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