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Ejército de Egipto frustra el islamismo político de Morsi

Derrocan al presidente egipcio y asume el presidente del Tribunal Constitucional

Simpatizantes del presidente egipcio Mohamed Mursi rezaban ayer cerca de la Universidad de El Cairo. foto edh /EFESoldados egipcios celebran ayer tras el discurso del ministro de Defensa egipcio, Abdel-Fattah Al-Sissi, al anunciar el derrocamiento de
Simpatizantes del presidente egipcio Mohamed Mursi rezaban ayer cerca de la Universidad de El Cairo. foto edh /EFESoldados egipcios celebran ayer tras el discurso del ministro de Defensa egipcio, Abdel-Fattah Al-Sissi, al anunciar el derrocamiento de Mursi; hubo una explosión de júbilo en la plaza T

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Jul 03, 2013- 19:00

EL CAIRO. Las fuerzas armadas de Egipto derrocaron ayer al primer presidente democráticamente electo después que cumplió apenas un año en el poder, instalaron un gobierno civil provisional, suspendieron la Constitución y llamaron a nuevas elecciones.

El objetivo de los militares es evitar que el país y el gobierno sigan a la deriva islamista en la que lo ha tenido en estos meses de gestión.

Aunque el presidente islamista Mohamed Morsi denunció la acción militar como un “golpe de Estado total”, millones de manifestantes opositores al mandatario en ciudades de todo el país estallaron en escenas delirantes de alegría, con gritos de “Dios es grande” y “Viva Egipto”.

Mohamed Morsi, depuesto ayer por el Ejército como jefe de Estado, dijo que las medidas anunciadas por el jefe de las Fuerzas Armadas, Abdel Fatah al Sisi, son un “golpe” y que él continúa siendo el presidente de Egipto.

Además pidió a los altos mandos militares y a los soldados que cumplan con la Constitución y la ley y no respondan al “golpe”. Asimismo, les reclama “preservar el pacifismo, el servicio y evitar el derramamiento de sangre egipcia”.

Después que el jefe de las fuerzas armadas anunció por televisión que el ejército había suspendido la constitución y que convocaba a elecciones anticipadas, estallaron fuegos artificiales sobre la multitud que bailaba y ondeaba banderas en la plaza Tahrir de El Cairo, epicentro de la revuelta que en 2011 derrocó al autócrata Hosni Mubarak, quien gobernó por 30 años.

Morsi será reemplazado por el presidente del Tribunal Constitucional Supremo, Adli Mansur, quien jurará hoy como nuevo jefe del Estado egipcio ante la Asamblea General de esa instancia judicial y será quien convoque a elecciones.

El ejército ha insistido en que no se trata de un golpe de Estado, sino que sólo actúa a nombre de la gente para despejar el camino hacia un nuevo gobierno.

El-Sisi habló flanqueado por los principales clérigos musulmanes y cristianos del país, así como por el líder reformista Mohamed ElBaradei y dos representantes del movimiento juvenil de oposición que ha estado detrás de la ola de protestas.

Además aseguró que la constitución, redactada por los aliados islamistas de Morsi, fue “suspendida temporalmente”, y que un panel de expertos y representantes de todos los movimientos políticos analizarán las enmiendas que se le harán. No dijo si el referéndum se celebraría para ratificar los cambios, como es habitual.

El monopolio islámico

La monopolización de las instituciones por el islamismo del Gobierno de Mursi es otro de los reproches ciudadanos, publica el medio español 20 minutos.

También el periódico español El Mundo destaca en su edición de hoy que el ejército de Egipto logró detener el desvío islamista de la Primavera Árabe, durante el primer año de gestión de Mursi.

De hecho, la oposición egipcia acusa al Gobierno de Morsi y a los Hermanos Musulmanes de ser un grupo “cerrado”, no inclusivo, de no haber entendido que la victoria ajustada en los comicios les tenía que haber llevado hacia una actitud más conciliadora.

“En un solo año han sido capaces de confirmar todos los temores” que había sobre ellos, explica Haizam Amirah Fernández, investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano, entre ellos el de una “monopolización de las instituciones”, cita 20 minutos.

Y agrega que los egipcios rechazan que el islamismo político quiera acapararlo todo. Por ello, la mayoría de los que están saliendo a protestar estos días son musulmanes practicantes, explica el especialista, pero no están de acuerdo con la deriva del Gobierno islamista de Morsi y sus “errores”, como el famoso decretazo para blindar sus poderes que tuvo que retirar y la nueva y controvertida Constitución, aprobada en referéndum.

El medio español también destaca que muchas de las decisiones de Mursi y de su estructura de Gobierno, se han venido abajo; un ejemplo fue que el Tribunal Constitucional declaró recientemente contraria a la Constitución la composición de la Asamblea Constituyente que redactó la Carta Magna.

Según 20 minutos de España, que la oposición esté atomizada es “normal”, según el investigador Haizam Amirah Fernández, así como que los partidos políticos “sean débiles, después de tantos años de autoritarismo”.

Pero cree que tienen que “conectar” con la gente y cree que lo terminarán haciendo, aunque con un relevo generacional de por medio que podría darse en un plazo “corto”.

Los ciudadanos “ven que el Gobierno elegido democráticamente ha sido incapaz de dar pasos para llevar a cabo una gestión eficaz”, apunta el especialista al medio español.

Morsi, sintomáticamente, blindó sus poderes tan sólo cinco meses después de acceder al gobierno y eso provocó malestar entre los egipcios.

Y aunque la llama del descontento y la frustración la prendió el joven tunecino Mohamed Buazizi al inmolarse en diciembre de 2010 ante las nulas oportunidades vitales, la Primavera árabe en Egipto fue la que mayores esperanzas suscitó debido a su tradicional peso en el mundo árabe.

Pero mientras el grito del desencanto de la Primavera árabe resuena en la Plaza Tahrir de El Cairo, la Primavera busca un lugar a sangre y fuego en las calles de Siria, y vive silenciosa en Túnez, Yemen, Libia, Bahrein y Jordania.

Un Ejército autónomo

Ese desencanto masivo provocó que las Fuerzas Armadas tomaran acciones contra el Gobierno y demostraran su autonomía.

De hecho, el jefe de las Fuerzas Armadas de Egipto, Abdel Fatah al Sisi, fue la pieza que el presidente Mohamed Mursi utilizó para cambiar a la cúpula militar hace menos de un año y que ahora se ha vuelto contra él, demostrando que en Egipto el Ejército actúa de forma autónoma.

El pasado agosto, Mursi ordenó en un movimiento sorpresa el pase al retiro del mariscal Husein Tantaui, que había dirigido las Fuerzas Armadas desde 1991, y de su “número dos”, Sami Anan, que pasó a ser su consejero en asuntos militares. En su lugar colocó a Al Sisi, un hombre más joven que todos sus antecesores en el cargo, lo que fue interpretado en su momento como una reforma en toda regla del estamento castrense.

Ahora, parece que la historia se repite en sentido adverso: el Ejército comandado por Al Sisi devuelve el golpe y retira el poder a los Hermanos Musulmanes en un choque de impredecibles consecuencias. Entre los que han orquestado esta nueva maniobra destaca el comandante en jefe que durante los meses previos como jefe de las Fuerzas Armadas y ministro de Defensa había mantenido un perfil relativamente bajo.

El jefe militar cursó varias maestrías de Ciencias Militares en Egipto en 1987 y el Reino Unido en 1992, así como estudios en una academia militar de EE. UU. en 2006.

Antes de convertirse en ministro de Defensa, dirigió el departamento de Inteligencia Militar de las Fuerzas Armadas. —AGENCIAS.

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