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Una conexión anormal

Se desconoce el origen de la malformación arteriovenosa cerebral (MAV). La afección ocurre cuando las arterias en el cerebro se conectan de una forma poco común con las venas cercanas. El principal peligro es la hemorragia. La prevención puede incluir la radiocirugía.

Por Texto: Iliana Colocho

Ago 10, 2013- 00:00

Una maraña de arterias y venas, así se conoce comúnmente a las malformaciones arteriovenosas (MAV). Está mala conexión, que por lo general se forma antes de nacer, pone en riesgo la vida del paciente.

El doctor Eduardo Lovo, neurocirujano oncólogo del Hospital de Diagnóstico, explica que este tipo de afección congénita se va desarrollando a lo largo de la vida. El riesgo de la MAV radica en que esta malformación llega a romperse y produce un sangramiento en el cerebro.

“Por el mismo hecho que es congénita (se nace con ello) se puede ver en los niños, jóvenes y adultos -si no han padecido de un sangrado-. Este tipo de padecimiento puede causar verdaderos desastres en el cerebro”, afirma el también coordinador del Programa de Neuro-Oncología y del Programa de Radiocirugía Cerebral y Espinal del Centro Internacional de Cáncer del Hospital de Diagnóstico.

El doctor Lovo además especifica que la mayoría de la gente que padece MAV presenta muy pocos síntomas de importancia y las malformaciones tienden a ser descubiertas solo por casualidad, usualmente durante una autopsia – si es que se somete al paciente a ella- o en tratamientos por causas no relacionadas.

“Entre el 20 % y 40 % de los pacientes que mueren sin razón alguna cuando están durmiendo se ha sabido que es a causa de un sangrado en el cerebro”, dice el especialista.

Para el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NIH), las MAV del cerebro suelen afectar a aproximadamente 300 mil estadounidenses y estas anomalías, llamadas también lesiones, causan síntomas cuyo grado de severidad varía considerablemente.

Los síntomas pueden aparecer a cualquier edad, pero debido a que estas anomalías tienden a ser producto de una acumulación lenta de un daño neurológico en un cierto plazo, las mismas se notan con mayor frecuencia en pacientes de 20, 30 o 40 años .

La tendencia a sufrir de una hemorragia si se padece de MAV se calcula del 2 % al 4 % por año de vida, es decir en 10 años se va a tener de un 20 % a un 40 % de posibilidades de sangrado. Cuando la persona tiene 20 años se va tener de un 40 % a 60 % de padecerlo, a los 30 años de un 60 % a 80 %, y a los 40 años el riesgo de una hemorragia es absoluto.

En caso de que ocurra un sangrado masivo el paciente puede morir, de lo contrario puede afectar diversas áreas del cerebro, por ende del cuerpo en general.

Sin duda, el peligro potencial más grande que presentan las malformaciones arteriovenosas es la hemorragia. Los investigadores creen que cada año entre el 2 % y el 4 % de las malformaciones arteriovenosas causan sangrado.

La mayoría de los casos pasan desapercibidos al momento de ocurrir porque no son lo bastante graves para causar daños neurológicos significativos. Pero sí se presentan los casos de sangramiento masivo pueden causar la muerte.

Los conocimientos actuales no permiten a los médicos predecir si una persona en particular que padezca de una MAV llegue a sufrir una hemorragia extensa. Las lesiones pueden seguir siendo estables o pueden agravarse repentinamente.

Siempre que se detecte una MAV, el paciente debe ser supervisado cuidadosa y constantemente para localizar cualquier muestra de inestabilidad que pueda indicar un riesgo creciente de hemorragia.

Las MAV pueden formarse en cualquier parte del cerebro, dondequiera que existan arterias o venas.

Es importante recordar que cualquier malformación arteriovenosa sangrante es una emergencia. El objetivo principal de los tratamientos consiste en prevenir futuras complicaciones, controlando algunos síntomas y el sangrado y, de ser posible, eliminar el MAV.

Según el doctor Lovo, se puede hablar de tres tipos de tratamiento para erradicar el padecimiento: el endovascular (se pasa un catéter a través de una pequeña incisión en la ingle hasta una arteria y luego hasta los pequeños vasos sanguíneos en el cerebro donde está localizado el aneurisma), la cirugía cerebral abierta (elimina la conexión anormal a través de una abertura hecha en el cráneo. Debe ser realizada por un cirujano muy experimentado) y la radiocirugía (ofrece una taza de cura del 80 % y es una de las más solicitadas, ya que no necesita incisiones).

“La radiocirugía tiene efecto inmediato, pero los vasos sanguíneos se van cerrando lentamente. Puede oscilar entre seis meses o dos años en que se acabe de cerrar por completo. El riesgo de sangrado baja y se va cerrando hasta eliminar la MAV”, explica.

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