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Tragones Anónimos ayuda a latinos en EE.UU.

Personas con sobrepeso y obesidad son tratadas para perder peso y aprenden a manejar sus emociones.

Una mujer enseñando a desprender la grasa de un pollo mientras comparte sus historias con la filial de Tragones Anónimos.
Una mujer enseñando a desprender la grasa de un pollo mientras comparte sus historias con la filial de Tragones Anónimos.

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Jun 16, 2013- 20:00

Los latinos con sobrepeso y obesidad cuentan en Chicago con una filial de Tragones Anónimos, un grupo fundado en México hace más de 20 años para ayudar a las personas a perder peso sin dejar de comer y a manejar sus emociones.

“No hay recetas mágicas y tampoco está prohibido comer. El plan adecuado de alimentación es ayudado por el apoyo espiritual y familiar que recibimos en nuestro grupo”, dijo Ana.

Ana es el nombre ficticio de una periodista oriunda de Chihuahua (México) que llegó a Chicago hace dos años como voluntaria para ayudar a Ángel, un joven que a los 17 años pesaba 156 kilos y pudo bajar 60.

Ambos sufrían de sobrepeso y el fracaso de “haber probado todas las dietas posibles” sin resultado. No basta con adelgazar, sino que hay que reconocer que “el comer es una enfermedad y es necesario estabilizarse para dejar de batallar”, señaló.

Según relató, la madre de Ángel se enteró de la existencia de Tragones Anónimos en México y lo envió a vivir con un grupo en Torreón, Coahuila.

Para el joven nacido en Chicago, único miembro de su familia que sufría de sobrepeso, el comer mucho no era un vicio, sino una adicción.

En un testimonio publicado por Tragones Anónimos en su página en Internet, Ángel dijo que comía “por depresión, porque a los 17 años no podía sostener una vida social normal”.

Durante su permanencia en el grupo mexicano el joven consiguió bajar de peso, aprendió a cocinar sin grasa y con los condimentos adecuados, pero, sobre todo, consiguió manejar sus emociones y controlar el apetito.

“Es como los doce pasos de alcohólicos anónimos, hay que reconocer que el comer en exceso es una enfermedad y que se necesita una dieta saludable”, dijo Ana, quien se unió a Ángel en la fundación de la filial en Chicago.

“Los gorditos fingimos ser felices, pero la realidad te golpea cuando no te entra el pantalón o el nutricionista le dice no a las tortillas o al azúcar”, expresó.

Ana, que sufre de obesidad desde los tres años de edad y llegó al grupo pesando 111 kilos, intentó la banda gástrica sin resultados satisfactorios. “Finalmente me di cuenta que la enfermedad estaba en la cabeza, y no en el estómago”, dijo.

El grupo funciona en un local del Gobierno de Durango en Chicago, con atención bilingüe y gratuita, de lunes a sábados. Según los fundadores, cuentan con latinos que han podido bajar más de 50 kilos de peso en un año. No se incentivan las pastillas, los licuados o los tés. —EFE

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