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“Un mundo budista sería menos violento”

Ole Nydhal, lama budista y maestro de meditación de origen danés, pasó por El Salvador y dejó sus conceptos. Visita el país desde 1999

El lama Ole Nydahl, durante su visita a El Salvador. foto omar carbonero / edh
El lama Ole Nydahl, durante su visita a El Salvador. foto omar carbonero / edh

Por Claudio Martínez tendencias@eldiariodehoy.com

Jun 07, 2013- 19:00

Cuando se piensa en un lama, inevitablemente uno tiende a asociarlo a un monje budista, preferentemente silencioso, generalmente de rasgos orientales y de perfil muy bajo. Por eso no deja de sorprender, aunque su historia es conocida, ver un lama de origen danés, con pasado hippie al que le gusta tirarse en paracaídas, manejar motos a alta velocidad, practicar boxeo y advertir permanentemente de los peligros del Islam.

Pues ése es el Lama Ole Nydahl, uno de los más altos lamas en la tradición Karma Kagyu, que una vez más, desde su primera visita a El Salvador en 1999, pasó en el país para dar una conferencia y alimentar espiritualmente a sus seguidores.

Explíquese, ¿qué tipo de lama es usted?

Hay tres tipos de lamas… Lama, en sí mismo, significa un maestro el que fue encontrado por su propio maestro para que sea un buen maestro. Algunos viven en monasterios, otros en cuevas y meditan en la naturaleza y otros viven laicos en vida normal, incluso pueden tener pareja.

¿Cuál es su misión?

Fui encomendado para llevar el budismo a Europa y América. Mi maestro me pidió que lo haga y me gusta viajar, y de alguna manera soy afortunado porque siempre estoy en excelente compañía y hago buenas amistades. Todo empezó cuando con mi esposa Hannah nos fuimos de luna de miel a los Himalayas y nos terminamos quedando cuatro años. Ya cumplí 72 años, pero tengo una súper constitución y puedo hacer cualquier cosa con mi cuerpo, todo es mental. Me la paso recorriendo el mundo visitando los centros de budismo “Camino del Diamante”

¿En cuántos países están?

Tenemos 630 centros en 50 países en todo el mundo, en realidad la idea es llegar a todos los lugares que sean libres, porque nunca iría a un país musulmán: mis estudiantes serían asesinados, habría represalias para ellos. Quizás a mí no me harían nada, pero al momento que yo me vaya ellos sufrirían las consecuencias.

Llama la atención sus constantes ataques al Islam…

Soy un humanista, todo lo que significa daño a la gente no me gusta, todo lo que pretende ser una religión y al mismo tiempo daña a la gente no es beneficioso, no es real. Si la gente no hubiera decidido que el Islam es una religión, sería una ideología fascista. Si yo callara estas cosas, entonces no serviría para nada.

¿Cómo se les llama a sus seguidores?

Se les llama estudiantes, están en el proceso de aprender, tengo cien de mis propios estudiantes que están viajando por el mundo por sí mismo. Empezaron a enseñar estando conmigo 10 años, 15, 20 años.

¿Cómo se vive el budismo en un país como El Salvador donde está tan arraigado el cristianismo?

Bueno, el budismo en sí mismo no es una religión. No tenemos problema, no estamos en contra de estos ni de aquellos. El cristianismo es bastante dualístico en su visión, nosotros tomamos las cosas desde un punto de vista de unión del todo. Mire, en donde quiera que haya una catástrofe, donde quiera que haya dolor, los cristianos son los primeros en llegar para ayudar. Ahora el cristianismo está haciendo y ha hecho muchas cosas buenas alrededor del mundo, me parece que la última bruja que quemaron fue en el año 1800.

¿Cómo es el budismo en Europa?

Muy fuerte, con mucho crecimiento. Tenemos una masiva influencia. En Latinoamérica es diferente, los vínculos de familia son más fuertes. En Europa en muchos sitios el estado toma función de familia, los cuida desde la cuna hasta la tumba. No están forzados a depender tanto de miembros familiares como aquí.

¿Es cierto que fue boxeador?

Estuve boxeando en tiempo de estudiante como por cuatro años como amateur en la Universidad de Copenhague para ser capaz de proteger a mis amigos. Lo aclaro, era para eso, no para ir y destrozarle la cara a alguien….

¿Y también le gusta el paracaidismo?

Sí, claro, he saltado más de 100 veces. También andar en motos veloces.

¿Cómo conecta el paracaidismo, las motocicletas y el budismo? ¿Hay alguna relación?

Soy maestro, es decir que debo conocer mi mente. ¿Cómo les puedo hablar acerca de la mente si yo no la he chequeado? Y, además, es muy divertido.

¿Conoce su mente a la perfección?

Digamos que no hay sorpresas.

¿Usa redes sociales?

No tenemos tiempo para que Lama Olé tenga Facebook o Twitter, pero tenemos ciertos alumnos que tienen una página pasiva en Facebook donde ponen información acerca de nuestra actividad. Además, soy un analfabeto en cuestión de computación, yo sólo escribo en manuscrito.

¿Cómo debería ser el mundo con mayoría budista?

Depende de qué clase de budismo, porque es muy vasto. Si hablamos de budismo japonés, todo sería todo muy técnico y aburrido. Si fuera el budismo tibetano, sería más de agricultura. Ahora si fuera el budismo occidental, el europeo, sería el mundo muy interesante, muy enfocado en la potencial de la mente, en el desarrollo. Sería, por supuesto, menos violento, todavía habría prisiones porque existe gente que no la podemos dejar libre.

Hable más acerca del Phowa, su método de meditación…

Es algo muy poderoso, donde aprendemos conscientemente a mandar nuestra conciencia fuera de nuestro cuerpo a través de la cima de nuestro poder. Se obtiene en un curso de nueve horas diarias durante cinco o seis días. Al final, los estudiantes acaban con un pequeño hueco o una cortada en la cima de su cabeza, lo que significa que pasan a un estado mental de gozo más alto. Aprendí o tuve la transmisión de este método en 1972, en India, en los campos de refugiados tibetanos. Fue una experiencia inolvidable.

-Usted escribió un libro sobre la muerte.

-Sí, se llama Fearless Death y se describe los procesos que suceden a la muerte.

-¿Y ya está preparado para su muerte?

-Hace mucho tiempo que estoy listo… De hecho, en mi salto en paracaídas número 88, en Alemania, estuve al borde de la muerte. Estaba meditando en la caída y olvidé mirar mi reloj… cuando quise acordar estaba muy cerca del suelo: me había olvidado de abrir el paracaídas. Lo primero que pensé: “Me voy a morir y no tengo miedo…” Pero luego pensé, quizás deba hacer algo. Quise activar el paracaídas, pero en eso se abrió el de emergencia unos 300 metros del piso y me salvó la vida, aunque caí sobre el cemento y me hice mucho daño, me perforé los pulmones.

La última, ¿qué cosas le gustan de El Salvador?

He visitado este país unas quince veces… Las playas del Pacífico, la naturaleza… Sé de la historia violenta que ha tenido el país y de sus dificultades, pero la gente que he encontrado es maravillosa. Ah, el café de aquí también es muy bueno, pero debo de admitir que no podría distinguirlo del café de Costa Rica, de Guatemala o de Colombia.

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