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Dior al descubierto

"Impressions Dior" es el nombre de la exposición de Dior que inicia este fin de semana en Granville La marca se ha convertido en un símbolo mundial

Opulencia y dramatismo caracterizan a la firma. FOTOs EDH
Opulencia y dramatismo caracterizan a la firma. FOTOs EDH

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May 06, 2013- 20:00

Una selección de más de setenta vestidos y accesorios acompañados de una veintena de lienzos, acuarelas, dibujos y fotografías sugieren los lazos estéticos, formales y temáticos entre el arte y la moda en la muestra, que puede visitarse hasta el próximo 22 de septiembre en el domicilio donde creció el célebre modisto.

Liberándose de la sobriedad decorativa del período de entreguerras, Christian Dior trazó en su primera colección, presentada en 1947, las líneas de la “feme-fleur” (mujer-flor), a la que concedió la cintura fina de la liana y la falda larga y opulenta propia de los pétalos, perfilada con unos hombros suavemente descubiertos.

Aquella colección, que el diseñador llamó “New Look” y con la que quiso que sus vestidos-jardín fueran una cita de la mujer con el paraíso, se consideró entonces una verdadera revolución estética.

“El vínculo indiscutible con los pintores impresionistas era el interés por la naturaleza. Dior ideó también muchas de sus colecciones en el jardín de sus refugios en Granville, Milly-la-Forêt y Montauroux”, explicó a Efe la comisaria de la muestra, Florence Müller.

No es casualidad que la Villa Les Rhumbs, reconvertida en el museo de la casa de moda, esté levantada sobre un acantilado de la costa normanda, la misma que nutrió tantos motivos impresionistas y que el modisto francés combinó, años después, con la dulzura de sus composiciones.

“La nueva línea marca la apertura del busto y el desvanecimiento de las caderas, mientras que, cada vez más, el talle se emancipa. Los colores están inspirados en los cuadros impresionistas y evocan los campos de flores de Renoir y Van Gogh”, confirmó el propio Dior en la presentación de la colección “Tulipe” (Tulipán), de 1953.

Las lilas fueron las flores de la suerte de Christian Dior, quien festejó sus campanillas en forma de joyas, adornos y estampados, recordando obras como el lienzo “Primavera. Ciruelos en flor”, ejecutado por Camille Pissarro en 1877.

El jazmín, la rosa blanca y las notas verdes de sus vestidos evocaron los efectos de color y luz de algunos de los paisajes frecuentados por los impresionistas, como el que representó Claude Monet en 1914, “Jardín entre lirios”.

Después de la prematura muerte de su fundador en 1957, los diferentes directores artísticos de la Maison Dior (mansión) continuaron homenajeando a los impresionistas.

Yves Saint Laurent, que tomó el relevo de Christian Dior cuando este falleció en Italia, sugirió en 1960 la línea “Silhouette de demain” (la silueta del mañana), con constantes referencias al agua.

Otro ejemplo de esa relación que la casa de moda se esfuerza por subrayar, es la retrospectiva que el Grand Palais de París le consagró a Paul Cézanne en 1995, que inspiró al que entonces dirigía las agujas de Dior, Gianfranco Ferré, para crear una colección en la que despuntaba el abrigo Arlequín, en negro y granate.

El polémico y fructífero modisto John Galliano también se dejó seducir por los trazos impresionistas e invocó, en rosa pálido, las danzas de ballet de Edgar Degas, así como por la seda, los sombreros y el azul de Auguste Renoir.

El actual director artístico de la casa de alta costura, Raf Simons, ha sido el último de los sastres de la “maison” en sucumbir, en su caso, al puntillismo de Georges Seurat y de Paul Signac, a partir de una multitud de pétalos en muselina que creaban un juego de luces y recordaban el aspecto efímero de las flores. —EFE

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