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Locura Crónica

Amor y odio a la mexicana

Por Willian Carballo

Ene 25, 2013- 09:15

Excepto las rancheras de Vicente Fernández que aturran nuestros corazones junto a un vasito con tequila. Excepto el tequila mismo, con un sorbo de limón y un lengüetazo de sal. Excepto las “Mujeres divinas” y excepto “Adoro”. Excepto José Alfredo Jiménez, Javier Solís y El Potrillo. Excepto el mariachi loco en mi boda y el trío de boleros en el cumpleaños de mi abuela. Excepto los sombreros de Los Tigres del Norte. Excepto Maná cantando lo mismo veinte años después, Luis Miguel cambiando de novia veinte horas después y Jaguares cuando eran Caifanes veinte años atrás. Excepto Juan Gabriel.

Y excepto, también, sus benditas novelas. La costilla de Thalía, su Marimar, su María Mercedes, su María del Barrio y su drama de la vida real contra la Pau. Excepto la pobre desgraciada, pero rechula mujer que se enamora del galán con pisto en turno y viven felices para siempre. Fin. Excepto “La dueña”, los “RBD” y las versiones mexicanizadas de los melodramas colombianos. Excepto la de las ocho de la noche por canal 2.

Excepto, también, aquellas solitarias, pícaras e imaginativas noches de sábado con La Pelangocha y Alfonso Zayas, en Canal 6. Excepto las ficheras. Excepto los machos en la cárcel de mujeres, en el salón de belleza y en el reformatorio de señoritas. Excepto los lancheros muy picudos. Excepto el bigote de Pedro Infante en blanco y negro. ¡Ay, Torito! Excepto las repeticiones de las películas de Cantinflas y los besos de clóset de Gael con Diego Luna en “Y tú mamá también”.

Excepto, además, los cinco puntos de Otro Rollo. Excepto el albur del Lonje Moco, óigame, me ahorcó. Excepto la María Expropiación Petronila Lazcurain y Torquemada de Botija —alias la Chimoltrufia—. Y por supuesto, excepto El Chavo y sus tortas de jamón, El Chómpiras y sus cachetadas, Chaparrón y sus chiripiolcas y Chespirito y sus pastillas de chiquitolina.

Excepto, súmele también, La Academia nuestra de todos los domingos; la I, la II, la III, la XXV y de acá a la eternidad. Excepto “Ventaneando”. Excepto el cantadito y la pose que nuestros presentadores de noticias ejecutan en homenaje a Joaquín López-Dóriga, mire, usted. Excepto las revistas matutinas. Excepto los artistas que Televisa nos manda cada inicio de febrero. Excepto la Québuena, la Vox, la Exa y La Mejor. Excepto la cuarta parte de la programación local.

Y por supuesto, excepto sus tacos al pastor, sus burritos y sus tortas. Excepto el postre con cajeta. Excepto las fajitas, las sincronizadas y las gringas. Excepto los carretones con tacos y tortas que se pasean por las calles y las cientos de taquerías que empiezan a hacerle cosquillas a las pupuserías en las esquinas. Excepto el “guey”, el “órale” y “el cuate” que ya sacaron DUI en nuestras gargantas. Excepto el caliche.

Excepto esos pequeños detalles y esas mínimas influencias, le juro que los salvadoreños no soportamos a la cultura popular mexicana y queremos más a la nuestra. Basta con ver cualquier partido de la Selecta Cuscatleca contra los aztecas para comprobarlo. ¿A poco no, güey? ¡Y que viva El Salvador, cabr…!

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