¿Sabes por qué algunos olores despiertan la felicidad y la nostalgia?

Ciertos aromas, como el que emana el pan recién horneado o los libros nuevos, tienen el poder de provocar un estado de ánimo placentero, de evocar el pasado y de recordar viejos momentos. ¿Por qué sucede esto? Aquí lo descubrirás.

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Por Osmín Monge

Sep 11, 2018- 17:49

Todos hemos experimentado un olor, un sonido, un sabor o una imagen que nos envía al mundo de los recuerdos.

Es probable que en un día de lluvia hayas inspirado profundamente para sentir el peculiar olor a tierra y hierba mojadas; seguramente algún día abriste una revista o un libro nuevo y acercaste la nariz para percibir el agradable olor de sus páginas. ¿Qué emociones experimentaste en ese instante? Quizá llegaron a tu mente recuerdos maravillosos de algún momento de tu vida.

“Los sentidos pueden evocar con mucha claridad instantes de nuestro pasado, liberando emociones positivas como el placer o la felicidad, o negativas como el miedo o la ira”, expresa el psicólogo salvadoreño Santiago Salamanca.

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Según el especialista, de los cinco sentidos, el olfato es uno de los más poderosos cuando se trata de evocar recuerdos.

“Un simple olor puede llegar a desencadenar una cascada de sentimientos y emociones. Te hacen suspirar y revivir el pasado”, subraya Salamanca.

El aroma del café, de un perfume y el efluvio de un recién nacido pueden despertar felicidad, avivar nuestra imaginación y transportarnos instantáneamente a otro lugar y a otro momento.

Y es que el olfato es el sentido que está más estrechamente relacionado con el hipocampo, una de las estructuras cerebrales responsables de nuestra memoria. También está conectado directamente al sistema límbico, que es el centro emocional del cerebro. El resto de nuestros sentidos (vista, oído, gusto y tacto) tienen que recorrer un largo camino para llegar a las partes del cerebro responsables de nuestra memoria y emociones.

Es por eso que un olor puede despertar recuerdos muy vividos y reproducir sensaciones que contienen esa mezcla de sensibilidad y tristeza, a la cual llamamos nostalgia.

Un estudio realizado por la psicóloga española Silvia Álava, llamado “Olores y las emociones”, mostró que las personas recuerdan el 35% de lo que huelen y solo el 5% de lo que ven.

En esta investigación participaron mil personas de ambos sexos de entre 25 y 45 años, y llegaron a la conclusión de que la memoria es capaz de percibir hasta 10,000 aromas distintos, pero solo es capaz de reconocer aproximadamente 200.

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Según la investigación, cuando sentimos un perfume el olor se registra en el cerebro y dicho registro está asociado a una emoción que experimentamos en ese preciso momento, así que, cuando percibimos el olor, la emoción también regresa a nosotros.

En ese sondeo, el 83% de los participantes confirmó que los momentos felices se volvieron a evocar con ciertos olores y el 46.3% reconoció que disfrutar de un olor familiar los influenció más que ver un objeto que les trajo recuerdos.

En las columnas de la derecha se desglosan cuatro de los aromas que suelen avivar los recuerdos, transportar a las personas hacia lugares de su infancia o simplemente generar felicidad.

Olor a pan recién horneado

Este singular aroma es reconfortante, acogedor, envolvente e, indudablemente, delicioso. Este olor puede tener efectos poderosos y positivos en nuestro estado de ánimo y hasta en nuestra conducta.

Un estudio realizado por la Universidad de Bretaña Sur, en Francia, de 2017, y publicado en el Journal of Social Psychology, determinó que este aroma invita a las personas a ser más amables con los extraños e incluso a prestarles ayuda.

Los investigadores les pidieron a ocho voluntarios que en distintos momentos se quedaran fuera de una panadería y de una boutique y que, frente a otros transeúntes, dejarán caer intencionalmente un objeto.
El ejercicio descubrió que cuando los voluntarios arrojaban los artículos fuera de la panadería, donde el olor era fuerte, el 77 % de la gente se detenía y ayudaba a recuperar los objetos “perdidos” y se los devolvían a su dueño. Fuera de la tienda de ropa, solo el 52% de los extraños ayudaron.

Hoy en día existen establecimientos comerciales que utilizan ambientadores con olor a pan recién horneado porque los clientes lo vinculan con recuerdos positivos, sobre todo relacionados con el hogar y la infancia, que les provocan un estado de bienestar que los hace más propensos a las compras.

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Olor a tierra mojada

Este aroma estimula la nostalgia. Quienes lo perciben experimentan un estado de ánimo placentero o de melancolía. Evoca a infancia, campo, libertad, frescura y felicidad.

Los científicos creen que nuestro gusto por el olor de la tierra mojada es una herencia de nuestros ancestros, para quienes la lluvia siempre ha sido fuente de vida y sinónimo de supervivencia.
Ese aroma tan agradable tiene un nombre: pretricor. Se define como la distintiva fragancia que acompaña a la primera lluvia tras un largo período de sequía.

Es un olor que deriva de un aceite exudado por ciertas plantas durante periodos de sequedad. Este aceite queda absorbido en la superficie de las rocas y al entrar en contacto con la lluvia es liberado en el aire junto con otro compuesto, la geosmina. Esta sustancia es un producto metabólico de ciertas bacterias. La emisión de estos compuestos es lo que produce el distintivo aroma, al que se le puede sumar el del ozono, que suele ser perceptible cuando hay actividad eléctrica.

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Olor a libro nuevo

Muchas personas al estar frente a un libro nuevo lo primero que hacen es llevárselo a la nariz para percibir el inconfundible aroma que expele. Ese olor gusta tanto a muchas personas porque está asociado con una experiencia placentera.

Lo que se conoce como “olor a libro nuevo” proviene de tres fuentes principales: el papel y los productos químicos utilizados en su fabricación, las tintas que se usan para la impresión y el pegamento necesario para la encuadernación. Lo curioso es que tanto la tinta como el pegamento, o incluso los compuestos que se usan para darles un color más blanco al papel, son muy volátiles. Esa mezcla es precisamente el aroma que estimula los sentidos.

Con el paso del tiempo esas sustancias comienzan a descomponerse, generando lo que se conoce como “olor a libro viejo”, otro aroma muy peculiar que a muchos también les fascina pero que, indudablemente, es muy diferente al original.

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Olor a bebé

Ese aroma tan peculiar que tienen los bebés puede desencadenar emociones maravillosas. Algunas personas creen que se debe a las lociones, colonias o incluso el suavizante de ropa, pero no es así. El olor que acompaña al pequeño durante sus primeras semanas de vida se debe a que sus glándulas sudoríparas aún no están activas. Eso no significa que no transpiren, sino que su secreción sebácea es menor a la de los adolescentes o adultos.

Según un estudio de 2013 realizado por científicos de Alemania, Canadá, Suecia y Estados Unidos (publicado en Frontiers in Psychology) hay evidencias que sugieren que el olor de un bebé recién nacido afecta ciertas regiones cerebrales de las personas.

En la investigación participaron 30 mujeres, la mitad de ellas recién había dado a luz y la otra mitad no tenía hijos. Todas recibieron el olor del recién nacido y todas mostraron actividad en las áreas cerebrales relacionadas con la recompensa y el placer. Los investigadores creen que el olor actúa como un incentivo para hacer que las mujeres sientan placer cuando cuidan a los niños recién nacidos, promoviendo así un mayor cuidado materno y ayudando a contrarrestar el agotamiento y el arduo trabajo de criar a sus hijos.

Uno de los investigadores del estudio, Johan Lundstrom del Centro Químico Monell, dice que un proceso similar puede tener lugar en los hombres.

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