Olga Miranda apoya a ancianos e indigentes desde sus habilidades culinarias y Fusate

La chef contó cómo cocinó para adultos mayores y la ayuda que recibió a través de Dino Safie y SoyaCity.

Olga Miranda habló de cómo manejó Fusate durante la cuarentena y puso al servicio de los demás sus habilidades culinarias. Foto EDH / Archivo

Por Diana Orantes

Jun 16, 2020- 22:55

La cuarentena y la tormenta Amanda significaron una prueba de fuego para la chef y presidenta de la Fundación Salvadoreña de la Tercera Edad (Fusate), Olga Miranda.

Sus esfuerzos estuvieron enfocados en coordinar y gestionar el apoyo necesario para los usuarios de los Centros Integrales de Día de la fundación y se dedicó a servir a los demás desde sus habilidades culinarias.

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En una charla con EDH contó algunos detalles, además reveló cómo Fusate apoyó a los necesitados durante la cuarentena y la tormenta Amanda, qué hace la institución para proteger a los usuarios del coronavirus, el reto de Dino Safie y SoyaCity a favor de los abuelitos y de cómo cocinó personalmente para algunos ancianos. Los hechos se relatan cronológicamente.

“En diciembre y enero se oía hablar mucho del coronavirus” recordó Miranda. “En nuestra reunión anual con los directores de los ocho Centros Integrales de Día de Fusate hablamos de tomar medidas con nuestros adultos mayores, concientizarlos y de cómo podíamos cuidarlos”, continuó.

“Se me quedaron viendo un poco escépticos. Pero les dije: ‘debemos tener un plan A, B y C y planificar cómo queremos cuidar a los casi 8 mil usuarios y qué pasará si cerramos estos lugares o si la pandemia viene…’. Cuando supimos que había casos en Costa Rica dijimos que la enfermedad ya estaba a la vuelta de la casa”, añadió.

Tomaron medidas de inmediato, hablaron con los usuarios sobre la pandemia y cómo cuidarse y decidieron darles víveres, ya que en adelante no podrían alimentarlos como normalmente hacía la fundación.

“Ese día fue un lunes, nunca se me va a olvidar porque siempre está la mano de Dios en estas cosas… No había tenido reunión con la junta directiva ni la autorización de poder usar los fondos, pero llamé a los vendedores de granos secos e hice contacto con una señora de Usulután, fue la que mejores precios me dio”, dijo.

Invirtieron casi siete mil dólares en víveres. El plan era beneficiar a mil 200 personas con canastas valoradas en $35.

“Desde que amaneció hasta las 7:00 p.m. de ese día no paré de contestar el celular llamando y conectándome con todos los directores de los Centros de Día, haciendo planes de distribución y pidiendo dinero”, sostuvo.

Gran parte del apoyo llegó a través de personas altruistas que viven dentro y fuera del país y de la empresa privada.

“Es así como hemos andado en el Triunfo, Usulután; hasta San Miguel, La Libertad, Zacatecoluca, Sonsonate, Ahuachapán, en cantones y ciudades en vías de desarrollo e identificamos, a través de las diferentes filiales, las zonas que necesitaban de nuestra ayuda”, señaló.

Recalcó que cualquier persona que llama o escribe a Fusate nunca recibe un “No” como respuesta. “Tratamos de ayudarles, aunque sea con un granito hemos colaborado”, afirmó.

Como el resto de la población, en Fusate nunca imaginaron que la cuarentena se extendería demasiado. “Nos dimos cuenta que los víveres no iban a alcanzar, sin embargo, logramos hacer tres veces los repartos de canastas básicas, tal vez no a las mismas personas de siempre porque como se trata de adultos mayores a veces no podían ir a un sitio a recibirlos, pero enviaban a sus familiares. También creamos puestos de reparto”, mencionó.

ANCIANOS E INDIGENTES LIBRES DE COVID-19

En los dos dormitorios nocturnos de Fusate reciben casi la misma cantidad de adultos mayores que hay en el Asilo de Ancianos Sara Zaldivar, confirmó Miranda, y no tienen las facilidades como médicos y enfermeras, aun así, están orgullosos de no contar con enfermos de coronavirus.

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“La prevención y el cuidado extremo han sido las claves. Sabíamos que nuestro usuario era muy vulnerable porque llega a nuestro dormitorio solo por la noche y sale durante el día”, indicó. Por eso, alrededor de una semana antes que anunciaran la cuarentena les dijeron a los indigentes que podían quedarse pero que no volverían a salir. “Cerramos las puertas y esos lugares se convirtieron en albergues”, contó Miranda.

Al principio no fue fácil la convivencia para todos, “pero hoy gozan de felicidad y seguridad por tener un sitio digno donde vivir”, aseguró.

Fusate compró camas, sábanas, ventiladores (para los días calurosos) porque los espacios son pequeños, cocinas y  refrigeradores. Diariamente les tomaban la temperatura, tres días a la semana llegaban de la alcaldía a desinfectar y toda persona que ingresaba pasaba por un proceso de limpieza riguroso.

“Algunos indigentes presentaban dos o tres enfermedades crónicas y nosotros mismos los atendimos, incluso les llevamos sus medicinas a tiempo. Tres de ellos fueron operados con éxito en un hospital en el lapso de la pandemia y hemos estado pendientes de su salud. Hasta la fecha hemos sacado todo adelante y hemos seguido el protocolo estricto. En cuanto a los usuarios, aprendieron a cuidarse unos con otros“, apuntó.

Los albergados también recibieron dinámicas de terapia física. “Fuimos a comprar a las tiendas toda clase de rompecabezas y cosas para hacer manualidades. Nos donaron libros para colorear y compramos suscripción de cable para que vieran televisión… Requiere un poco de inversión, planificación y esfuerzo, pero se puede”, señaló.

LA SEGUNDA PRUEBA: LAS LLUVIAS

Unas semanas antes que iniciaran las tormentas Amanda y Cristóbal en el territorio, en Fusate ya se habían enterado a través de noticieros internacionales.

“Compramos rollos de plástico y los repartimos junto con los víveres. Pero los estragos han quedado, aunque la tormenta cesó sigue lloviendo y de aquí a noviembre siempre se verán afectados”, reflexionó.

“Ha sido duro y con dificultad, pero siempre logramos hacer lo que proponemos, vamos tarde o temprano”, subrayó.

COCINANDO PARA OTROS Y EL RETO SOYACITY

Desde el inicio de la pandemia Olga identificó a algunas personas mayores que, si bien no estaban en un asilo o eran indigentes, dependían de otros para que les preparan sus alimentos.

Les cociné sus alimentos como un favor. El día lunes o viernes les preparaba la comida para toda la semana y se los mandaba a dejar”, indicó.

El menú era improvisado, pero incluía proteínas (carne o pollo), carbohidratos, vegetales, también les hizo tortillas o salsas aparte. Todo podía mantenerse en refrigeración. “Así la gente tenía una comida fuerte, como para el almuerzo, para que complementaran con otra comida suave el resto del día como un cereal”, dijo.

Mientras hacía eso y coordinaba el trabajo de Fusate, el joven altruista y músico salvadoreño vocero del movimiento Solidaritón y conocido como Dino Safie identificó a varios adultos mayores que necesitaban ayuda. Fue ahí donde Fusate conectó con él.

“Nos avisaba de algún adulto mayor que necesitaba ayuda y nosotros le llevábamos los víveres”, externó Miranda y reconoció su increíble trabajo de gestión para organizar un grupo de voluntariado bastante grande.

“Le hizo un reto a SoyaCity (en realidad fue a Óscar Sandoval conocido como el Gordo) y lo retó a depilarse las cejas si no conseguía alimentos para 100 personas. La verdad es que lo han conseguido, pero no los 100…Estoy esperando a que se depile las cejas”, bromeó Miranda. “Pero mejor que no lo haga y siga buscando los alimentos”, agregó. La chef también reconoció que un anciano recibió una silla de ruedas gracias a Dino Safie.

“Hemos conseguido una más, pero nos hace falta otra… Si alguien nos pudiera ayudar sería maravilloso”, remarcó.

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Fusate tiene otra alianza con Hush, una empresa de dos jóvenes que se han enfocado a recaudar fondos o víveres para la fundación. Además poseen una cuenta en el banco agrícola. “Lo que pedimos es una donación de $20 dólares para comprar una canasta para una persona la cual le durará una semana”, explicó.

Posted by Olga Miranda on Thursday, May 14, 2020

 

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