Ivonne Ayala, la árbitro internacional que es madre y padre

Ser mamá soltera no fue un obstáculo para esta mujer que ha logrado todo lo que se propuso. Recorrió cuatro continentes y se abrió paso en un ambiente de hombres.

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Por Claudio Martínez

May 01, 2017- 21:00

“No me gustaba el fútbol”. La confesión pertenece a Emperatriz Ivonne Ayala, árbitro internacional salvadoreña y además madre de Caleb Ernesto, de 11 años. En realidad, Ivonne, como la conocen en el ambiente, era jugadora de basquetbol, pero en Zacatecoluca, de donde es originaria, “todos jugaban de todo y me convencieron para que me uniera al fútbol…”.
“¿Árbitro? Ni loca. No cuenten conmigo para eso”. Esa fue la respuesta que La Negra, como le llaman cariñosamente, dio cuando le ofrecieron hacer el curso. “Sería el colmo, les dije… Mi papá, que no fue futbolista profesional, una vez golpeó a un árbitro y le sacó un diente. ¿Cómo iba a ser árbitro?”. Al final, también la convencieron.
El curso de arbitraje no resultó sencillo: “Fue muy tedioso, sobre todo la parte teórica. Y, además, tuvimos que vencer un machismo bárbaro. Nos ignoraban los hombres…”. Aún así, completó el curso y se graduó. “Yo seguía jugando. Recuerdo que nos graduaron de árbitro en un medio tiempo de un partido que estábamos jugando, allí nos dieron los diplomas. Yo seguía sin tomarlo muy en serio”, admite.

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Sin embargo, hubo un momento que tuvo que elegir. “¿Árbitro o futbolista? Decida, hija”, le dijo Carlos Ortiz Cardoza, instructor que la quería para el arbitraje. “Pero, por otro lado, Armando Contreras Palma quería que siguiese en la Selecta femenina. La verdad, como jugadora era una defensora que pegaba mucho”, recuerda Ivonne, aunque admite que solo una vez vio la tarjeta roja.
Se decantó por el arbitraje y en su primer partido en Tercera sintió todo el rigor de la profesión: “Fue en Matafresco, Usulután. Casi nos matan, nos sacaron custodiados por la policía”.
Su embarazo fue un punto de inflexión. “Soy madre soltera, me tocó ser mamá y papa, porque el señor no se hizo cargo… Lloré mucho con el embarazo, pensé que mi carrera arbitral se había acabado. Pero me puse tres metas. Primero: tener el hijo. Segundo: me iba a romper la madre para lograr ser árbitro internacional. Tercero: ir a un Mundial. Quería ser una mujer de éxito, demostrar que no se necesita tener un hombre al lado para lograrlo”, recalca.

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Caleb Ernesto, su hijo, fue su compañero de batallas desde el vientre. “Mi hijo, incluso antes de nacer, me ayudó mucho. Yo le hablaba todo el tiempo a mi panza. ‘Aguanta duro, porque tenemos que entrenar’, le decía. La gente creía que estaba loca, porque hablaba sola”. Lo cierto es que 20 días después de dar a luz, ya estaba entrenando otra vez, y 45 días después del parto, ya había superado las pruebas físicas.
Cumplida la meta uno, trabajó fuerte para lograr las otras dos. La segunda llegó en 2008, cuando le entregaron la escarapela FIFA. La tercera llegó por añadidura, primero Mundial Sub 17 en Nueva Zelanda 2008, luego Mundial Sub20 en Alemania 2010 y, finalmente, Mundial femenino absoluto en Alemania 2011, Mundial Sub 20 Costa Rica 2014, entre otros. Su hijo, lejos de ser un problema, fue su inspiración.

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