Salvadoreño triunfa en Estados Unidos por su conocimiento en vinos

Julio Enrique Pérez emigró hace más de una década y tras años de aprendizaje ahora es el sommelier de un prestigioso restaurante de Nueva York.

Foto Por EDH/ cortesía

Por Cristian Díaz

Ago 07, 2019- 18:28

En marzo de 2007, Julio tomó dos mudadas, los únicos $100 que había logrado reunir de su trabajo, y se armó de valor para emprender solo el viaje a Estados Unidos, con el deseo de lograr un mejor futuro.

La decisión de realizar el recorrido no le fue difícil porque 10 años atrás había muerto su madre, lo que le obligó a vivir con familiares, la calle, un carro abandonado e incluso en un negocio de grúas, donde trabajaba como ayudante desde los 13 años.

Prácticamente estaba solo y la situación de violencia que vivía el país para ese entonces, lo hizo recapacitar que debía de emprender nuevos rumbos y salir del barrio San Esteban, en San Salvador.

Doce años después, instalado en Nueva York, Julio Enrique Pérez Córdova insta a los jóvenes a realizar su sueño y a superarse, tal como él ha tenido la oportunidad de hacerlo gracias al esfuerzo y ayuda que le han brindado personas que se ha encontrado con el paso de los años.

Actualmente es el sommelier de un prestigioso restaurante que tiene el concepto de comida griega, donde llegan reconocidos políticos, empresarios, deportistas y actores, entre otras personalidades.

El camino recorrido

Para lograr destacar como sommelier, el salvadoreño de 34 años, ha estudiado las culturas y los orígenes de los vinos que ofrece. Su principal función es sugerir a los clientes del restaurante el vino apropiado, el que mejor marida con cada platillo.

El restaurante donde se desempeña ofrece una variedad de 1,000 vinos cuyos precios van desde los $100 hasta los $7,000.

“El sommelier es prácticamente el que cata el vino, el que lo compra y el que lo vende. También el que se encarga de hacer los cócteles, todo lo que es mixología, organización e inventario”, explicó el salvadoreño.

Recordó que cuando llegó a Estados Unidos, un mes después de haber iniciado la travesía, su primer trabajo fue en un restaurante, donde debía de recoger los platos luego que los clientes habían finalizado de comer.

Dicha función la desempeñó durante un año, logrando ascender de cargo ya que se convirtió en ayudante del chef, donde servía y explicaba la comida que era pedida por los clientes en el restaurante.

Tras dos años y medio, comenzó a ser él quien tomaba las órdenes de los clientes.


Respaldo profesional

Para ese entonces el sommelier Vladimir Kolotyan, de origen alemán, de quien se ganó la confianza, comenzó a enseñarle durante cinco años sobre las viñetas de los vinos y su elaboración, entre otros aspectos, lo que le permitió adquirir experiencia.

Además el compatriota estudió en una escuela que se dedica a dicho rubro; actualmente busca obtener la certificación de master sommelier.

“Él (Kolotyan) vio el potencial que tenía para aprender; agradezco su ayuda”, dijo el joven, sobretodo porque en El Salvador debido a la falta de una cultura por el tema vinícola, nunca tuvo relación con vino.

En El Salvador, Julio Enrique fue ayudante de un negocio de grúa y, cuando logró obtener la licencia, se encargaba de manejar el vehículo.

Esas labores las desempeñó desde los 13 años de edad; periodo en el cual ya mostraba su deseo de superación pues antes de marcharse hacia Estados Unidos se graduó, en el 2003, de bachillerato técnico opción computación.

Esto a pesar de que quedó huérfano de padre a los 8 años y a los 12 falleció su madre.

Dicha situación fue lo que lo obligó a vivir con familiares, la calle, y finalmente en el negocio de grúas, optando por buscar un mejor futuro.

“Uno llega acá (Estados Unidos) y sufre por el idioma, la cultura, por no tener documentos; pero el tiempo lo ha valido, el aprendizaje. Cuando llegué no sabía inglés, no sabía nada. En El Salvador me acostumbré a vivir en la calle por eso tomar la decisión del viaje no fue tan complicado porque no tenía nada (pero) tenía un propósito: superarme”, expresó el último de seis hermanos.

Julio Enrique junto a Vicente D. Cebrián-Sagarriga, del viñedo español Marqués de Murrieta, de la región vitivinícola La Rioja.

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