Una propuesta para el progreso de El Salvador

Gran parte del mérito del documento es demostrar académicamente que el camino del sentido común realmente hace sentido, es decir, que no se puede lograr el desarrollo de nuestra gente si no invertimos en ella.

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Nov 07, 2019- 17:31

El documento que presentó ayer la ESEN, llamado “Una propuesta para El Progreso de El Salvador”, es sin duda alguna el mejor que se ha presentado en el país sobre el tema. Escrito con rigurosidad profesional, es corto, conciso y al punto.
El diagnóstico es muy claro: El Salvador se está quedando atrás en la economía del conocimiento, lo cual restringe las actividades que se pueden realizar aquí a las más simples, lo cual pone un techo bajísimo al valor agregado que se puede generar en el país, lo cual a su vez hace que los ingresos de la población sean bajos y mal distribuidos porque se conforman a la mala distribución de la educación y la salud pública.
Las recomendaciones fluyen de este diagnóstico: el país tiene que invertir en su gente, educándola y dándole salud para que pueda producir más valor agregado y de una manera mejor distribuida. Esta es una tarea que debe ser compartida por toda la población, en la que el Estado, por supuesto, debe jugar un papel muy importante, ya que la mayor parte de la población no puede costearse una educación y una salud aceptables en las condiciones actuales del país. Igualmente, el Estado debe proporcionar apoyos horizontales, que ayudan no a una actividad económica en específico, sino a todas o a un conjunto grande de ellas. Estos apoyos incluyen la educación y la salud, además de obras de infraestructura pública necesarias para el desarrollo del país.
El estudio expone estos argumentos basado, primero, en la experiencia de las políticas que llevaron al desarrollo a dos países que hace seis décadas tenían ingresos por habitante comparables con los de El Salvador (Singapur y Corea del Sur) y que hoy son totalmente desarrollados, y de uno que está comenzando a crecer muy rápidamente (República Dominicana). En los dos primeros, la evidencia es clarísima. Invirtieron muy fuertemente en su gente durante la segunda parte del Siglo XX y para el final de éste, en menos de cincuenta años, un período que cubre una fracción de la vida de una persona, ya contaban con sociedades capaces de llevar a cabo tareas muy complejas que requieren mucho conocimiento y son, por tanto, capaces de generar mucho valor agregado. Como esa capacidad se ha regado por toda la sociedad a través de la educación pública, las capacidades de generar valor agregado —y por tanto, ingresos altos— se han regado por toda la sociedad, con lo que la distribución del ingreso se había vuelto también muy uniforme. República Dominicana apenas está comenzando en su progreso, pero ya esboza una lección también muy clara: el valor de una identificación muy general pero explícita del rumbo que tiene que tomar la sociedad para lograr el desarrollo.
El estudio extrae las mismas conclusiones al hacer un análisis de la capacidad de la economía salvadoreña de manejar tareas complejas de mayor valor agregado y nota las deficiencias que tenemos en esta área, que son muy grandes. Las recomendaciones coinciden con las obtenidas del análisis de los países que nos han aventajado en el progreso.
El estudio muestra un camino claro y despejado para lograr el desarrollo. En realidad, gran parte del mérito del documento es demostrar académicamente que el camino del sentido común realmente hace sentido, es decir, que no se puede lograr el desarrollo de nuestra gente si no invertimos en ella. Mi única preocupación en torno al documento no tiene que ver con la calidad del estudio, que es excelente, sino con la sordera que caracteriza a nuestra sociedad en este tema. La gente oye estas verdades como oír llover y, con mucho, echa la culpa a los políticos de la inacción en este tema, olvidando que los políticos no le prestan atención porque no es un tema que mueva a la población, lo que es equivalente a decir que a los ciudadanos les vale un pepino porque la inversión en capital humano es una tarea de largo plazo. La contradicción que se da cuando la población quiere mayores ingresos y mejor distribuidos, y no quiere hacer nada para lograrlos, evidencia la superficialidad de nuestra cultura latinoamericana y la ausencia de la determinación de enfrentar tareas de largo plazo para lograr la mejoría de lodos lo cortos plazos del futuro.

Máster en Economía

Northwestern University

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