OPINIÓN: Redescubriéndonos

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Jun 23, 2020- 19:19

La terrible amenaza a la democracia, al imperio del derecho y al progreso del país, que el gobierno del presidente está planteando a la Nación, está teniendo dos resultados no buscados pero muy positivos para el futuro de El Salvador. El primero es que muchos que inicialmente no dieron importancia a los valores aparentemente abstractos de la democracia y el derecho, o que incluso creyeron que éstos no eran los caminos para el país, y pensaron que revoluciones autoritarias nos llevarían al progreso, han comprendido que el camino no está en imponer la voluntad de uno en los demás, que la vida y la sociedad son tan complejas que nadie puede ver toda la verdad y que nadie puede saber todas las soluciones, y que la unidad de propósitos es tan importante como la calidad con la que es conducido el país.

Muchas personas en el FMLN y en ARENA, y en todos los partidos, los que se han enfrentado a ellos mismos y a sus fantasmas de antaño, se han encontrado con que todo hubiera sido mejor si el espíritu de los Acuerdos de Paz hubiera durado más de lo que duró, y si las mentes se hubieran abierto más y se hubiera comprendido que el progreso no está en una u otra medida económica sino en el desarrollo humano de cada ciudadano, en sus valores y sus derechos.

Reconocer eso nos hubiera llevado a buscar el desarrollo en nosotros mismos, el desarrollo hacia adentro, pero aplicado en ayudar a todos los salvadoreños a que tuvieran la educación, la salud y el respeto mutuo que es la marca de las sociedades más desarrolladas. Y, más que nada, hubiéramos comprendido que la base del desarrollo es la cooperación, no el odio ni los deseos de aplastar económica o políticamente a los demás para satisfacer alguna deficiencia interna.

El segundo efecto positivo del intento de instalar una tiranía por parte del presidente actual es que está llevando a que los que creemos en la democracia y el imperio del derecho, por descubrimiento nuevo o por viejas convicciones, nos identifiquemos los unos con los otros y sepamos que no estamos solos en la lucha por estos principios. Es una experiencia alentadora encontrar en los periódicos, en las redes sociales, en la televisión y el radio prístinos llamados por el retorno y perfeccionamiento de los principios democráticos, sentidos desde lo más profundo, sin ningún interés personal, viniendo de ciudadanos de todo tipo, amas de casa, madres, profesionales, empresarios, obreros, campesinos, muchas veces de gente de las que uno no lo hubiera esperado, o que nunca hubieran esperado estar de acuerdo con nosotros.

Ahora es nuestra tarea el unirnos en esa defensa de los derechos sagrados de los salvadoreños y no dejar que pequeñas diferencias, espontáneas o inspiradas por los aspirantes a tiranos, nos dividan como dejamos que nos dividieran en el pasado. Ahora que nos hemos reconocido, recibámonos con calidez, sabiendo que opinamos distinto en muchas cosas, pero reflexionando que precisamente esas diferencias nos vuelven más útiles en el trabajo de equipo que tenemos que llevar adelante para desarrollar al país, y que ese trabajo que todos necesitamos no se puede realizar imponiéndonos a los demás sino sólo en los principios sagrados de la democracia y el imperio del derecho.
Hay muchos que están realizando esto, y se ha vuelto una moda, no muy sana, hacer análisis diciendo que la culpa de todo está en ARENA, a la que se acusa de muchas cosas, y del FMLN, al que se acusa también de otras cosas, y de todos y cada uno de los grupos que han detentado el poder formal en el país, olvidándonos de dos cosas: una, que por todos ellos todos nosotros votamos y los pusimos en el poder, a veces a unos, a veces a otros, y, dos, que, al razonar así, nos estamos descalificando todos por haber votado en algún momento por un gobierno desastroso, incluyendo el actual.

Muchas veces ha habido llamados a que cada uno de esos grupos, que suman el total de nosotros (los que no votaron también votaron por el desastre en su abstención), pida perdón a la sociedad por sus desmanes. En realidad, todos debemos pedirnos perdón y perdonarnos todos a todos, porque todos descuidamos a nuestro país y a nuestra naciente democracia.

Ya olvidemos, ya trascendamos ese pasado que nos ha dado tantas desdichas como país, ya dejemos de tratar de echar culpas por lo que pasó, y concentrémonos en los problemas terribles que el gobierno actual nos plantea y los riesgos también horribles que está creando para el futuro, y démonos cuenta de que para triunfar en derrotarlos tenemos que estar unidos todos los que ahora creemos en la democracia y el imperio del derecho (gente que votó por ARENA, gente que votó por el FMLN, y por otros partidos). Esa unidad nacional debe ser el bien que salga del intento de crear una tiranía que está llevando a cabo el presidente. Extraigamos el bien del mal, y luchemos para que constituya la base de la democracia salvadoreña.

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