OPINIÓN: Después no te quejes

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Ene 04, 2021- 17:04

Las dos gráficas anexas ilustran un problema muy grave que aqueja a nuestra sociedad: el alejamiento de la población del ejercicio del voto. Las gráficas muestran los porcentajes de los elegibles para votar que efectivamente votan en las elecciones de presidente y en las de diputados. Lo mismo pasa en las elecciones municipales: el porcentaje de los que votan es bajo y está cayendo.

En el caso de la presidencia, dicho porcentaje ha caído de 65 a 52%, 13 puntos porcentuales en 15 años, y en el caso de los diputados de 54 a 46% en 12 años. Esto, por supuesto, significa que cada vez estamos siendo gobernados por minorías más pequeñas. En el caso de la presidencia, estamos gobernados por un presidente que sólo logró el 27% del electorado. Dicho de otro modo, el 73% de la población no votó por él. (Datos del Tribunal Supremo Electoral). Como lo he dicho varias veces antes, el presidente Bukele sacó en 2019 menos votos que Norman Quijano en 2014.

No hay información definitiva sobre las razones que la mitad de la población tiene para adoptar este comportamiento, pero hay indicios que las sugieren. La evidencia anecdótica indica que los que no votan pretenden castigar a uno o más partidos o a políticos individuales. Este comportamiento es irracional. Es claramente ilógico usar el derecho del voto para hundir a alguien, no para mejorarse uno mismo y, peor aun, para también hundirse uno mismo. Mientras menos gente ha votado los resultados para el país han sido peores. Metidos en ese círculo vicioso, cada vez habrá menos votos, y la minoría que gobierna al país será cada vez peor.

El comportamiento de no votar es característico de la derecha y los moderados, de modo que son ellos los que facilitan este proceso perverso. En la elección de 2019, los votantes del FMLN se volcaron a votar por GANA (se calcula que los del FMLN proveyeron el 80% de los votos de GANA) mientras que los que no votaron por ARENA simplemente se quedaron en sus casas. Este comportamiento fue similar al que ellos tomaron en la primera vuelta de 2014.

La gráfica 1 muestra cómo entre la primera y la segunda vueltas de la elección presidencial de 2014 el número de votantes aumentó en un 5% del electorado, casi 10% del número de votos vertidos en la primera. Más del 70% de esta cifra se fue para ARENA, que, de perder por 268,760 votos en la primera vuelta perdió sólo por 6,364 en la segunda, a pesar de que el FMLN también subió sus votos.

Esto, que fue impresionante, dio un sentido de falsa seguridad a muchos en la crecientemente dividida ARENA, que vieron la posibilidad de retener el voto en la primera vuelta para soltarlo en la segunda como un arma en sus conflictos internos. Como todo el mundo sabe, un porcentaje altísimo de ARENA no fue a votar en la primera vuelta de 2019, y la segunda vuelta que ellos esperaban nunca se dio porque Bukele ganó en la primera. Si esta gente no se hubiera quedado en su casa, esperando una segunda vuelta que nunca llegó, la historia del país sería muy diferente, ya no digamos si toda la gente moderada que dejó de votar después del 2004 votara ahora. Al quedarse en la casa, ellos no solo pusieron al ahora presidente en el poder sino también iniciaron un proceso que ha culminado con la casi total destrucción de ARENA. Peleando por un juguete, lo quebraron en el berrinche. Ojalá que este berrinche ya se haya terminado.

La gente que no votó por el presidente puede cambiar el rumbo del país radicalmente para bien si realiza que hundir el bote no salva a la gente que va en él. Pero aunque se dan cuenta de que el régimen actual es el peor que ha tenido nuestro país, muchos se niegan a votar por ese berrinche y por el terrible derrotismo que ha invadido nuestra sociedad, que no quiere ver que ganar estas y las siguientes elecciones está muy dentro de lo posible. Con tanto fakenews, troles y desvergüenzas, estamos viviendo en una época en la que la verdad y la mentira se entrelazan, y los que pecan acusan de sus pecados a otros en medio de una ensordecedora tormenta de mentiras. Como lo expresó en un poema William Butler Yeats refiriéndose a otra época en la que las tiranías se cernían sobre la democracia, los mejores vacilan en sus convicciones, mientras que los peores están llenos de apasionada intensidad.

La realidad que nos rodea muestra que ha llegado el momento de descartar todas estas excusas y hacer algo que no requiere un mayor esfuerzo: ir a votar para que el país no entre en un rumbo siniestro del que luego no podemos salvarlo. Es hora de recuperar la autoestima y botar el derrotismo. Nunca ha sido tan cierto en el país que el voto no sólo es un derecho sino también una obligación. Si no votas, no tendrás ya cara para echarle la culpa a nadie más que a ti mismo.

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