La suerte no está echada: es 48%, no 97%

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Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Sep 21, 2020- 20:14

La UFG publicó hace unos días una encuesta que tituló “Las cartas están echadas” (https://www.disruptiva.media/las-cartas-estan-echadas/) que causó mucha felicidad entre los que apoyan al presidente y mucha consternación entre los que se le oponen porque, supuestamente, mostraba que Nuevas Ideas y GANA prácticamente ya ganaron, anticipadamente, las elecciones de febrero de 2021. En un artículo asociado, llamado “Jugada Maestra”, publicado por la misma universidad, se usan los datos de la encuesta para decir que estos dos partidos podrían ganar hasta 70 diputados, con lo cual tendrían mayoría calificada en la nueva Asamblea (https://www.disruptiva.media/e2021-ni-y-gana-podrian-llegar-a-tener-hasta- 70-diputados/). Esto ha logrado que muchos en los partidos de oposición se sientan pre- aplastados y por lo tanto desmoralizados, que es lo que la propaganda del presidente trata de lograr.

Esto es sorprendente porque la única conclusión firme que se pueden sacar de la encuesta, si uno cree en sus resultados, es que el apoyo para el presidente ha disminuido precipitosamente en los últimos meses. Con respecto a la proyección de que el presidente podría contar con 70 diputados, es claro que los cálculos usados para estimarlos son inaceptables técnicamente. El número de diputados que podrían conseguir los dos partidos es mucho, mucho menor que lo estimado, aun si se acepta como válido el número de votos que la encuesta pronostica para Nuevas Ideas y GANA.

Con respecto al apoyo que la población da a la presidencia, todavía hasta hace dos o tres meses todas las encuestas la estimaban entre 95 y 97%. Pero la encuesta de la UFG no midió la popularidad del presidente sino una cifra más importante: cómo esta popularidad se traduce en votos para diputados. En esta nueva medida, la cifra de apoyo a Nuevas Ideas, el partido del presidente, resulta ser 48%, prácticamente la mitad de la popularidad medida antes, y si sumamos GANA, el 54%. Pero, medido de otra forma en la misma encuesta, sólo el 47% de los votantes dijeron que querían una Asamblea que apoyara al presidente y el 46% una Asamblea equilibrada, lo cual confirma que lo más probable es que los que quieren apoyar al presidente sumen entre 47 y 48%. Esto es la mitad, la mitad, del 95% de las encuestas anteriores.

La caída tan estrepitosa de su “popularidad” es muy ominosa para el presidente porque, como cualquier político le puede explicar a uno, una vez que ésta comienza a bajar es casi imposible de revertir. Al ritmo al que va, para las elecciones tendría muy pocos votos. Más ominoso todavía es que la caída se ha dado en un periodo en el que el ha gastado, o dice haber gastado, $6.6 mil millones, en rubros que, aunque no ha querido dar cuenta de ellos, se puede asumir que al menos algunos fueron a parar en manos de la población. Ahora viene un periodo de ajuste porque el país no puede seguir endeudándose así (la deuda aumentó en $3.3 mil millones), y menos aun con las medidas que el gobierno tomó que redujeron la actividad económica mucho más que lo que hicieron los países vecinos, y por la arbitrariedad que sigue mostrando en todas sus acciones, que ahuyenta las inversiones y el empleo que ellas traen. Sin $6.6 mil millones adicionales para gastar, o decir que se gastan, en los siguientes meses, la caída se va a acelerar. Esta suerte no está echada.

Pero también la manera en la que se ha estimado el número de diputados que el presidente podría ganar es injustificable técnicamente. El artículo pretende demostrar que el 48% o el 54% de los votos pueden resultar en la elección del 83% de los diputados (70 diputados es el 83% de la Asamblea) y se encuentra con graves problemas. Para lograrlo necesitaría un sistema que contara como dos votos cada uno de los que los partidos del presidente lograran. Y el sistema no funciona así, por lo menos no legalmente. Para dar una idea de lo que el 48% de los votos podría lograr, recuerde usted que en la Asamblea ahora en funciones ARENA tuvo el 43% de los votos, una cifra muy cercana al 48%, con los que consiguió 37 diputados. Con el número de votos que le costó cada diputado a ARENA, (24,924), si ese partido hubiera sacado el 48% hubiera tenido 4 diputados más, o sea 41 en total, no 70. Si hubiera tenido 54%, hubiera tenido 9 diputados más, o sea 46, no 70. Con esto tendría una mayoría simple, pero 24 diputados menos que lo estimado en el artículo “Jugada maestra”.

Pero aun este número es bien dudoso, porque para tener confianza en los números se necesitan 1,300 entrevistas multiplicadas por 14 porque las elecciones en cada departamento son independientes de los demás departamentos. Así, si un partido gana el 48% de los votos nacionales, pero sólo en San Salvador, el máximo que podría ganar es el número de diputados que representan a San Salvador. No ganaría ni un diputado de ningún otro departamento. Por eso, para pronosticar el número de diputados que un partido va a lograr es necesario saber la intención de voto por departamento.

Aquí entra el problema técnico. Para hacer esta estimación con el nivel de confianza que clama la encuesta, se necesitan 1,300 entrevistas en cada departamento. Así, al nivel nacional se necesitarían 18,200 entrevistas, no las 1,300 que hay ahora, que dan menos de 100 entrevistas en promedio en cada departamento. Como usted puede preguntar a cualquiera que haya estudiado estadística, 100 entrevistas no sirven para hacer ninguna proyección.
En resumen, podemos sacar 4 conclusiones.

Primero, la preferencia por los partidos del presidente ha caído radicalmente, casi a la mitad, en unos cuantos meses. La preferencia no es 97%, es 48%.

Segundo, probablemente seguirá cayendo así en los próximos meses por la natural inercia de estos procesos y porque el país se enfrentará ahora a las consecuencias del mal manejo que el presidente ha hecho de la pandemia, en términos de salud, economía y administración pública.

Tercero, asumiendo que la preferencia de votos por los partidos del presidente es de 48 a 54%, es imposible que el presidente obtenga 70 puestos en la Asamblea. Lo más que podría lograr estaría en la vecindad de 46, si es que su popularidad no sigue cayendo. Pero todo indica que sigue haciéndolo. La conciencia de esto explicaría la urgencia del presidente de pasar de un régimen democrático a uno militarizado.

Cuarto, la suerte no está echada y no hay ninguna jugada maestra de nadie, porque el apoyo al presidente se ha deteriorado, no mejorado, y porque este deterioro lo ha causado nadie más que él mismo.

Por lo tanto, los partidos de oposición harían muy mal en pensar que la llevan perdida. Y los que apuestan a ganador, tienen que tener cuidado.

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