OPINIÓN: La hora del lobo

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Oct 20, 2020- 17:43

Ingmar Bergman, el gran director sueco de cine, filmó una película sobre ese momento arquetípico, las tres de la mañana, en el que todo parece ser oscuro, todo parece terminar, pero en el que también, casi mágicamente, va a comenzar a amanecer. En el diálogo de la película, Bergman describe así esa hora, que en los países nórdicos se llama la hora del lobo: “La hora entre la noche y el alba. Es la hora en la que más gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales. Es la hora cuando los que no duermen son perseguidos por sus miedos más profundos, cuando fantasmas y demonios son más poderosos, la hora de lobo es también la hora en la que más niños nacen”. Es, pues, un momento de crisis, en la que puede ganar la vida o la muerte. En esa hora hay más muertes, pero también más nacimientos.

Hay horas del lobo en cada noche, pero también hay horas del lobo de una vida entera, y así como las hay para personas individuales, también las hay para sociedades y países.

Como dijo Bergman, la hora del lobo tiene dos lados. Mucha gente la mira del lado siniestro, llamándola la hora más oscura, o la hora de la muerte. Sin embargo, cuando el Reino Unido enfrentó su hora de lobo, la amenaza de una invasión alemana en 1940, Winston Churchill la llamó La Mejor Hora. Los nombres “hora del lobo”, “la hora más oscura” se refieren a las condiciones de ese momento, su oscuridad y exposición a fieras reales e imaginarias, mientras que los nombres “la hora de la muerte” y “su mejor hora” se refieren a lo que surgió de esa oscuridad. Podría también llamarse la hora de la verdad, porque la amenaza del lobo no se puede vencer sin grandes esfuerzos que desarrollen el carácter de una persona o de un país. Nadie pasa por la hora del lobo sin cambiar. Lo clave es si uno muere o nace, si se convierte en su mejor o su peor hora. Y eso depende de uno.

En la película de Bergman un pintor y su esposa pierden la guerra por su sanidad mental y su unión cuando les llega su hora del lobo. En la realidad de Churchill, Gran Bretaña ganó la crucial Batalla de Inglaterra en contra de la fuerza aérea alemana, que era mucho más fuerte en números que la Real Fuerza Aérea, en una hazaña que hizo decir a Churchill: “Nunca en la historia de la humanidad tantos debieron tanto a tan pocos”. Al reconocer que sin dominar el aire no podía desembarcar en las islas, Hitler decidió abandonar la idea de invadirlas y se volteó a atacar la Unión Soviética, condenándose a sí mismo a perder la guerra. Así, la manera en la que el Reino Unido respondió a su hora del lobo fue la clave para la salvación del país.

La gran dicotomía de los posibles resultados de la hora del lobo —la muerte o el nacimiento— se debe a que la oscuridad dispara una confrontación entre dos reacciones naturales: el derrotismo y el deseo de luchar y levantarse. Tanto en las personas como en los grupos, esta confrontación se realiza adentro de los individuos, que son los que deciden darse por vencidos o afrontar los retos. La decisión de luchar es, pues, individual.

El Salvador está en su hora del lobo, en su momento más oscuro. La amenaza a su futuro democrático, una aspiración de muchas generaciones, nunca ha sido tan grande como la que está enfrentando ahora con un aspirante a tirano que no esconde sus intenciones de destruir sus nacientes instituciones democráticas para instalarse como un autócrata.

Es una hora particularmente oscura. Lo que la vuelve peor es el silencio de la sociedad ante lo que está pasando. Hay muchos que, inexplicablemente, están a favor del lobo. Pero hay muchos más que, no deseando este destino para el país y sus familias, están esperando a que alguien más haga algo para salvarlos. Poco a poco parecen estar realizando que los que ellos esperaban que los salvaran no harán nada. Pero en vez de decir “si ellos no harán nada por nosotros lo haremos nosotros” esta gente parece haber caído en una desidia total. El convencimiento de que la destrucción de la democracia y el imperio del derecho se llevará a cabo impunemente se está regando en estos sectores de la población. Parecen haber aceptado que la hora de crisis será la hora de la muerte.

Con esta actitud el pronóstico del resultado de nuestra hora del lobo es seguro. Esta no es la manera de construir un país. Si esta actitud se mantiene, éste u otro lobo nos va a comer, ahora o más tarde. Un conjunto de personas que no están dispuestas a defender sus derechos no constituye un país, ni siquiera una sociedad, sino solo un grupo que pide que lo esclavicen.

Que los que la gente ha esperado que los defienda no los defienda no es una excusa. Por supuesto, el hacer algo para defenderse se va volviendo más difícil conforme va pasando el tiempo porque, al no encontrar resistencia, el aspirante a tirano va apoderándose de cada vez más mecanismos de poder. Pero todavía no hemos llegado al punto en el que ya no hay defensa posible. Las elecciones de febrero de 2021 se pueden tornar de la hora de la muerte en la mejor hora si solo los que quieren defender la democracia salen a votar, y apoyan a los muchos candidatos que han salido a luchar por el país para transformarlo en una democracia real en estas elecciones.

Porque hay muchos que están saliendo a hacerlo. La hora del lobo no sólo presenta su lado negativo. Hay nacimientos también. Nunca, que yo recuerde, ha habido una afluencia de tantos candidatos nuevos, jóvenes, hombres y mujeres, bien intencionados, con buenas calificaciones y corriendo por distintos partidos como ahora. Pero ellos no pueden salvar solos al país. Necesitan el apoyo de una base electoral que debe cesar de quejarse de que nadie los salva y de que no hay nada que pueden hacer para evitar la entronización de la tiranía. En vez de eso, deben hacer algo sencillo, apoyar con su tiempo y sus esfuerzos y sus recursos a los candidatos que están dispuestos a luchar por la democracia en la Asamblea y en las alcaldías.

Apoyar a estas personas requiere ese fortalecimiento del carácter de la población que se necesita para tornar la hora del lobo en un amanecer de la democracia y el imperio del derecho. Si usted no puede hacer ni esto por su futuro y el de sus hijos, no se queje después de lo que salga de las elecciones, porque, como dice el dicho, los países tienen el gobierno que se merecen.

En cambio, si los que ganan son los que reafirman la democracia, al hablar de El Salvador la gente marcará estos días como Su Mejor Hora.

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