Todo estaba fríamente (mal) calculado

El precedente es nefasto. O me conceden lo que quiero y cuando yo lo quiero, o les echo encima a las turbas, al Ejército, a la PNC y al mismísimo Dios Padre, al Hijo, al Espíritu Santo y a todos los profetas.

Feb 12, 2020- 22:09

Lo que ocurrió el fin de semana recién pasado puso de manifiesto, sin lugar a dudas, una faceta muy preocupante en la personalidad del presidente Bukele y, más problemático que ese aspecto subjetivo, también evidenció su visión autoritaria y populista del gobierno, en abierta oposición a los preceptos más fundamentales de una democracia representativa, los cuales están consignados de manera inequívoca y muy bien protegidos en nuestra Constitución.
Si bien lo más escandaloso fue la invasión del recinto legislativo con efectivos de la Fuerza Armada, la actuación del presidente habría sido igualmente grave e inaceptable si los efectivos militares se hubieran mantenido afuera del edificio. Los soldados en el Salón Azul solo añadieron desprestigio para el presidente y para la Fuerza Armada, especialmente en la comunidad internacional, donde el espectáculo obligó a ponerle atención, otra vez desfavorablemente, a nuestro país.
Las reiteradas amenazas de disolución de la Asamblea Legislativa y el premeditado intento de usurpación de sus poderes, los vehementes llamados a la insurrección popular, el asedio a los diputados para forzarlos a acudir a la convocatoria del Consejo de Ministros y, finalmente, el ultimátum que lanzó Bukele a los diputados para aprobar la negociación de un nuevo crédito, son hechos graves, si es que no delictivos, contra la Constitución, hechos atentatorios contra la estabilidad del sistema de gobierno y la paz social.
Si tuviéramos que describir el apoyo que la Asamblea Legislativa ha dado a los planes de seguridad del gobierno, tendríamos que decir que ha sido un apoyo bastante condescendiente, casi incondicional. En el presupuesto general para el año en curso, la Asamblea aprobó $775 millones para los ministerios de defensa y seguridad pública. Hace solo unas pocas semanas, también había aprobado un crédito por $200 millones, de los cuales $91 millones están destinados a seguridad. Está en proceso normal de análisis y discusión la autorización al Ejecutivo para negociar el nuevo crédito por $109 millones por el que el presidente decidió presionar creando una grave crisis de Estado. En verdad, a la Asamblea Legislativa se le pueden achacar muchas malas actuaciones, pero el bloqueo a los planes de seguridad de este gobierno es una acusación que no tiene fundamento.
Atropellar al Órgano Legislativo y violentar los pilares del estado democrático de derecho solo porque la Asamblea Legislativa se ha tomado su tiempo en aprobar un nuevo crédito solicitado por el Ejecutivo, es un hecho realmente insólito. Las dudas que tienen varios diputados sobre ese crédito son legítimas; las explicaciones que el gobierno ha dado no son satisfactorias. ¿Qué quiere el presidente? ¿Qué el Órgano Legislativo apruebe a ciegas todo lo que pide y que además lo haga dentro de los plazos que él impone? Para todo efecto práctico eso equivale a una anulación de la independencia de los otros órganos fundamentales del Estado.
El precedente es nefasto. O me conceden lo que quiero y cuando yo lo quiero, o les echo encima a las turbas, al Ejército, a la PNC y al mismísimo Dios Padre, al Hijo, al Espíritu Santo y a todos los profetas. Si a esas actitudes añadimos los abundantes hechos de asedio a periodistas y medios de información, la intimidación a todos los que puedan obstaculizar sus aspiraciones de poder absoluto, la manipulación de la opinión pública mediante hordas de troles en las redes sociales, la falta total de transparencia cuando ocurren hechos como el misterioso viaje de Osiris Luna a México, lo que se perfila es un gobernante endiosado y muy proclive a las arbitrariedades y abusos de poder.
En el transcurso de unas pocas horas, el presidente embarró la buena imagen que de él tenía la comunidad internacional, manchó la reputación de la Fuerza Armada, ha creado inseguridad para la inversión extranjera y ha sembrado dudas en amplios sectores de su propia base social de apoyo.
Pero aunque así lo parezca, esto no fue un acto impulsivo o una manifestación de locura. Nayib Bukele es inteligente, al menos en el sentido clásico del término, y ha dado abundantes muestras de sagacidad política. La invasión al órgano legislativo fue premeditada. Estando él en la cúspide de popularidad y los diputados, como colectivo, en el fondo del abismo, quizás pensó que ganaría puntos fáciles de imagen golpeando al órgano legislativo con lujo de desprecio e imponiéndose con valentía para sanear, por fin, esa rama del gobierno a la que los ciudadanos hemos repudiado tantas veces por anteponer intereses partidarios y personales al buen gobierno de toda la nación.
Mal cálculo, presidente. Usted o cualquiera que haya tenido o vaya a tener su investidura, no tiene la potestad de enderezar a los otros órganos del Estado. Ubíquese. Por grande que sea su popularidad, no puede hacer lo que le venga en gana. El juego se lleva a cabo en una cancha con límites bien marcados y con reglas muy claras a las que todos, y usted más que cualquiera, debemos someternos. En virtud de sus últimas actuaciones, ahora somos muchos más los que estaremos atentos a su gestión, dispuestos a colaborar en lo que haga falta pero respetando y haciendo respetar las leyes.

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