El tejido social y el desarrollo local

Por muchos años se ha pensado que son las instituciones las que moldean a un pueblo, pero en realidad son los pueblos los que moldean las instituciones. Las instituciones democráticas funcionan bien en los países desarrollados porque esa cohesión existe y porque la gente vela por que se mantengan fieles a los principios que mantienen unida a la sociedad. En Latinoamérica las instituciones se corrompen porque no existe el interés social que las mantiene limpias en el mundo desarrollado.

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

May 08, 2019- 16:40

Un sociólogo estadounidense, Edward Banfield, pasó un buen tiempo en los Años Cincuenta en un pequeño pueblo italiano del sur que era muy pobre y atrasado. Lo que más le impactó a Banfield fue que, aunque la mayor parte de los habitantes tenía una educación muy primitiva, ellos sabían cuáles eran sus problemas principales: las escuelas pésimamente manejadas, el todavía peor sistema de salud y la indiferencia de los funcionarios electos a las necesidades del público. Él notó que la mayor parte de esos problemas se podía resolver si sólo la gente cooperara entre sí. Pero ellos no lo podían hacer aún si esos problemas los estaban manteniendo pobres.

Había sólo una asociación, formada por 25 hombres de clase alta que se reunían para platicar y jugar cartas. Nunca habían llevado adelante ningún proyecto para cualquier propósito. A los demás pobladores nunca se les había ocurrido organizarse para ayudar al orfanato, a los profesores de la escuela, a los que atendían las unidades de salud, aunque su ayuda con trabajo voluntario unas pocas horas por mes hubiera hecho una gran diferencia en el funcionamiento de estas instituciones. Este problema es común en todos los países subdesarrollados. Es porque lo que tienen es que son subdesarrollados.

En su libro “La Base Moral de una Sociedad Atrasada” (The Moral Basis of a Backward Society, The Free Press, New York, 1958), Banfield comparaba la vida en esa villa en Italia con la vida en una de tamaño similar en Iowa, Estados Unidos, que vibraba de actividades de cooperación y las reportaba en un pequeño periódico local: las actividades de la Cruz Roja, del Club de Mujeres Profesionales y de Negocios, la colecta para construir un nuevo dormitorio para la escuela vocacional del pueblo, una cena de padres e hijos agricultores, la cámara de comercio buscando fondos para una pequeña calle vecinal.

En su libro Estados Unidos Alienados (Alienated America, Harper, New York, 2019), Timothy P. Carney cuenta de una emergencia grave que lo llevó a él y a su esposa a hospitalizar a una de sus hijas por varias semanas, y de su profundo agradecimiento con muchos miembros de su comunidad, que se acercaron a ellos, cuidaron a sus hijos y los llevaron a la escuela mientras ellos estaban en el hospital, les llevaban comida y les daban apoyo moral. En su agradecimiento, Carney reflexionó en que todas las relaciones que le habían ayudado tanto estaban de alguna manera intermediadas por instituciones. Eran amistades formadas en el trabajo, en la iglesia, en la piscina municipal, en el colegio, en el club de libros, en el equipo infantil de base ball, en otras instituciones comunales. Lo que Carney estaba recibiendo era el fruto de ese tejido social tan fuerte que es la base del desarrollo de Estados Unidos.

En ese mismo libro, Carney analiza los desarrollos de las últimas décadas en su país y muestra cómo esa cohesión social se ha ido debilitando, un problema que otros han identificado también en los últimos tiempos. Él muestra muy claramente cómo este debilitamiento, evidente en la desaparición de actividades colectivas y cooperativas, es una fuente muy importante de ese malestar social que está afectando tanto a Estados Unidos, y que ha llevado a serios divisionismos sociales y políticos. Aun así, por supuesto, como demuestra el caso de Carney, y como cualquiera que ha vivido en Estados Unidos sabe, la cohesión social de ese país sigue siendo muy superior a la deAmérica Latina y sigue siendo la fuerza de ese país.

Por muchos años se ha pensado que son las instituciones las que moldean a un pueblo, pero en realidad son los pueblos los que moldean las instituciones. Las instituciones democráticas funcionan bien en los países desarrollados porque esa cohesión existe y porque la gente vela por que se mantengan fieles a los principios que mantienen unida a la sociedad. En Latinoamérica las instituciones se corrompen porque no existe el interés social que las mantiene limpias en el mundo desarrollado.

Este interés social tiene que crecer en las localidades. Generarlo a través de crear instituciones que lo promuevan —buenas escuelas, buenas unidades de salud, centros culturales, y similares— es el trabajo fundamental del desarrollo comunal de una sociedad próspera.

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