Esquemas de Ponzi y Bitcoin

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Jun 21, 2021- 18:39

Nunca he encontrado un caso que facilite más la explicación de lo que es un esquema de Ponzi que el de la Selenga House of Russia (la Casa Selenga de Rusia), que floreció en Rusia a fines de los Ochenta y principios de los Noventa. Su promotor y dueño, un joven matemático ruso, se paró un día en la naciente Bolsa de Moscú (que todavía no tenía ninguna regulación) y ofreció a la venta acciones de su empresa, con tres particularidades. Primero, él ofrecía simultáneamente precios a los que vendía sus acciones y también a los que las compraría al día siguiente si los que le compraran querían vender. Segundo, el precio al que compraba era más alto que el precio al que vendía. Por ejemplo, él decía: vendo a 8 rublos y compro mañana a 10 rublos, lo cual ofrecía una ganancia inmediata al comprador. Tercero, él cumplía con sus promesas, con lo que fue generando confianza en sus potenciales compradores.

Los precios comenzaron a subir y la gente empezó no solo a comprar sino también a guardar las obligaciones de la Selenga House of Russia como si fuera una inversión. Como los precios estaban subiendo, no tenían ni siquiera que venderle al promotor de las acciones para obtener el precio que éste había anunciado. Ya se había formado un mercado y había siempre gente comprando para entrar y gente vendiendo para salir, y el precio era siempre el anunciado por el promotor o más alto, ya que, si no había nadie que quisiera comprar a ese precio, uno siempre podía venderle las acciones al matemático. En poco tiempo, el entusiasmo se había convertido en un mercado enorme y creciente. Y el joven matemático aparecía todos los días emitiendo acciones y anunciando calmadamente sus dos precios. Cuestionado por periodistas y profesores universitarios sobre la naturaleza de los negocios que le permitían ofrecerlas comprar a precios cada vez más altos, él respondía que por supuesto no podía decirlo, porque si lo hacía otros iban a ir a hacerlo, aunque insinuaba que la transformación de la Unión Soviética en un país capitalista creaba enormes oportunidades para el futuro. Por supuesto, lo que pasaba era que el dinero que los nuevos metían en el sistema de Selenga servían para pagar los retiros de los que vendían. No había nada que se estuviera acumulando como capital.

Hubo personas que ganaron enormes cantidades porque vendieron a tiempo. En un caso que yo vi personalmente, una traductora que trabajaba en la oficina local del Banco Mundial nos mostró a los que llegábamos de Washington un BMW blanco, deportivo, que acababa de ir a comprar a Alemania con los réditos de unos cuantos cientos de dólares que ella había metido en Selenga. Estos casos, miles de ellos, aumentaban el entusiasmo.

Un día, sin embargo, negro para todos los que estaban en el juego, el matemático se presentó en la Bolsa y dijo algo como: “Vendo a 1,000,000, compro a cero”, al cierre de la sesión. El pánico cundió. El precio cayó a cero porque nadie quería subirse a un barco que había ya anunciado que estaba hundido.

Llamaron a la policía, llevaron al matemático a un juez, pero no hallaban de qué acusarlo ya que él había cumplido con todas sus promesas, había vendido al precio que había dicho y había comprado al precio que había anunciado, y la Bolsa de Moscú todavía no tenía regulaciones contra este tipo de juegos. El juez, que confesó que él también había metido dinero en Selenga, y que obviamente no había entendido cómo Selenga funcionaba, le rogó al matemático que ofreciera comprar a buenos precios por al menos un par de días para que la gente pudiera salirse de Selenga.

Decían en Moscú en esos días que también muchos políticos influyentes le pidieron lo mismo. Predeciblemente, el matemático se negó. Y el juez lo tuvo que liberar. La policía y los periódicos hicieron un raid en el apartamento del matemático y encontraron que vivía muy modestamente en un apartamento lleno de cadáveres de mariposas colgadas del techo. Después de eso, el matemático desapareció en el polvo del olvido, igual que el dinero que sus leales clientes perdieron.

El caso de Selenga es interesante porque es el caso más puro de esquema de Ponzi que conozco: generar una demanda por algo que no vale nada, para que esa demanda le de un precio a ese algo, que se van haciendo creciente porque cada vez más gente se interesa al ver que los precios suben, pagándoles a los que se quieren salir, reforzándoles en su fe de que el sistema funciona, hasta que por las puras matemáticas del proceso hay un día en que no queda dinero para pagar a los que se quieren salir y la burbuja revienta.

En la mayoría de los casos, el esquema Ponzi parte de algo que sí existe, como por ejemplo las casas, que tienen una demanda por sí mismas. Pero de repente, por alguna razón como que los constructores subestimaron la demanda por ellas, su precio sube tanto que mucha gente se siente atraída a comprarlas no porque quieran vivir en ellas o porque las quieran dar en alquiler sino solo para comprarlas baratas y venderlas caras poco después. Como en el caso de Selenga, unos ganan mucho al principio, pero, como pasó en el 2008 en todo el mundo desarrollado, eventualmente la puerta agarra a muchos más, que pierden lo que los otros habían ganado. Al comprar les dieron sus ganancias a los que se salieron cuando los precios iban para arriba, y luego no hubo nadie que les pagara ni siquiera el precio que habían pagado al entrar.

El Bitcoin es un Ponzi de este segundo tipo, pero apenas. No compite como medio electrónico de pago porque los que existen ahora, como PayPal y Visa, son mucho más rápidos y eficientes para pasar dólares de un lugar a otro, que lo hacen directamente, no como Bitcoin que convierte los dólares a Bitcoins, los traslada, y luego los convierte en otra cosa (como en El Salvador, en donde entregaría Tethers, una moneda sintética, que habría que convertir en dólares por una comisión muy alta) o en dólares, también por una comisión.

Esto se remacha con la sentencia emitida por el Banco Internacional de Pago que, desde Suiza, regula y controla los medios de pagos internacionales. “En el BIS hemos sido claros en que no vemos que el bitcoin haya pasado la prueba de ser un medio de pago. El bitcoin es un activo especulativo y debe ser regulado como tal”, dijo un alto representante recientemente en Inglaterra. En esa línea, el Banco Popular de China ordenó a las instituciones financieras principales de China que dejaran de proveer productos o servicios que ayuden a las transacciones en criptomonedas y que las cortaran de las cadenas de pagos.

Demanda como vehículo para guardar ahorros establemente no pueden tener los Bitcoins porque su volatilidad es muy alta. Puede tener un poco de demanda de apostadores, así como la tiene el casino de Montecarlo. También están los que quieren sentirse cool. Pero estos dos grupos tienen poca gente. La única demanda sólida es la de gente que quiere tener su dinero y transferirlo en secreto, que tienden a incluir prominentemente a criminales y lavadores de dinero.

Estos sí están dispuestos a pagar un buen precio por las criptomonedas, entre ellas Bitcoin.

Las necesidades de lavado de éstos crean la volatilidad de las criptomonedas, a veces llevándolas a precios muy altos, cuando compran para transferir dinero, y a bajadas violentas cuando las venden para comprar dólares (en el largo plazo, el objetivo de los lavadores siempre es conseguir dólares porque eso les da poder de compra general). En esta dinámica el precio de Bitcoin nunca va a llegar a cero, porque siempre habrá lavadores que lo mantengan positivo.

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