¿Cambio de opinión?

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Mar 28, 2020- 06:19

En los últimos días, conforme los costos humanos del aislamiento interno se han ido volviendo obvios, a nivel individual y colectivo, se han podido detectar sutiles pero sustanciales cambios en la actitud de la gente frente a la pandemia del coronavirus. Los problemas de no poder salir de la vivienda, en la mayoría de los casos pequeña y con varias personas viviendo apretujadas en ella, el no haber recibido ingresos y el tener incertidumbre sobre la posibilidad de recibirlos, el no poder llenar necesidades que aunque no esenciales son importantes para la familia, van dando un nuevo rostro a las medidas que han tenido que tomarse para aflatar la curva de crecimiento de los contagios que necesariamente van a darse.

La perspectiva con la que se ven los dos peligros acechando a las familias, la contaminación con el virus o la quiebra económica va cambiando conforme el tiempo va pasando, especialmente cuando a ésta última se añade la carga emocional del hacinamiento y la falta de ventilación en el mes de marzo. Estos cambios se están dando en todo el mundo, no sólo aquí. Pero aquí ya son bastante perceptibles.

En este respecto, ayer recibí un escrito de una persona amiga que expresaba muy bien esa transformacion que ella estaba pasando. Le ofrecí ponerla en contacto con el periódico para que se la publicaran, pero ella prefirió mantenerse en el anonimato. A mí me pareció importante consignar su caso porque, de acuerdo con mi experiencia, es muy representativa de varias personas que están sintiendo la angustia, propia y de ajenos, que está ligada con la desintegración social y económica que estamos viviendo. Lo que sigue es lo que ella escribió:

“Hasta ayer en la tarde, apoyaba totalmente todas las medidas tomadas por el Presidente de la República, entendía las razones, los hechos y nuestra realidad.
“Pero después, hubo tres notas periodísticas que llamaron mi atención y me hicieron dudar y cuestionar todo.
“Vi un reportaje de unos miembros de una comunidad campesina, muy pobre, que estaban siendo entrevistados por un canal de televisión. En esta época, ellos, hombres de todas las edades, mantienen a sus familias del corte de jocotes. Estaban diciendo que ahora no podían cortarlos y tampoco salir a venderlos por la prohibición de transitar. Además, nadie se los compraba, y no los podían enviar a los mercados. El muchacho más joven dijo que necesitaba $5.00 diarios para alimentar a su familia, y ahora no los conseguía. El canal enfocaba los jocotes maduros tirados en el suelo, y los pies polvorientos de estos campesinos.
“Vi un reportaje de los contagiados a nivel mundial, 500,000 personas infectadas y 22,000 muertos, y las sumas invertidas en el sistema de salud eran ASTRONÓMICAS, ya no digamos las pérdidas económicas, para los comercios, empresas pequeñas y medianas, sector turístico, escuelas, sector informal, campesinos, pérdida de empleos, todos afectados, causadas por las medidas de cuarentena y otras prohibiciones.
“Y los que más me desanimó es que el propósito de todas estas medidas era la contención de la enfermedad, que hasta ayer era esperanzador. Pero ahora, ya está afuera, ¿cuántos contagios hay? ¿Cuántos más surgirán? ¿Valen la pena todas estas medidas si ya lo tenemos adentro? Entiendo que se necesitaba tiempo para preparar a las personas, concientizarlas, tener una respuesta médica rápida y adecuada. Ya estamos listos, concientizados y en proceso de preparación en el área de salud.
“Hasta ayer, todo lo consideraba válido, ahora lo estoy repensando. ¿No sería mejor levantar la cuarentena, permitir el libre tránsito, abrir las fronteras, dejar que la economía se acomode, para evitar la quiebra total del país? Al final, este virus no es tan mortal como muchas otras enfermedades, es contagioso, pero pasa, y pasa rápido. Cuidémonos los mayores, tomemos medidas de precaución, pero no nos mantengamos con estas medidas extremas por más tiempo. Colapsaremos y luego, ¿cómo resurgiremos? Si la inversión ahorita será en salud, y en ningún otro sector que reactive la economía cuando todo pase.
“Y, finalmente, cito las palabras del empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego: “Este virus existe sin duda, pero no es de alta letalidad…como van las cosas parece que no moriremos por coronavirus, pero sí vamos a morir de hambre”… “paralizar toda la actividad económica de tajo, significa hambre”… lo cual, “desatará la delincuencia, la rapiña y el caos”.

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