Claves electorales: 3.- El voto de los jóvenes

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Ene 22, 2019- 22:00

Nunca como ahora se ha considerado en El Salvador tan decisivo el voto de los jóvenes en una elección presidencial. La pirámide demográfica y el tamaño relativo de cada grupo de edades en el padrón han sido prácticamente los mismos en las últimas décadas, pero en otras contiendas no se habló de diferencias importantes en las preferencias de cada grupo etario, ni de mayor incidencia de alguno de estos segmentos en el resultado general. Ahora parece, al escuchar comentarios bastante generalizados, que los más jóvenes son los que van a decidir quién será el próximo presidente del país.

Vale la pena, entonces, analizar con más detenimiento esta creencia o percepción, comenzando por definir la edad bajo la cual se considera a una persona “joven” en diferentes contextos de política internacional. Todo es relativo en esta vida. Por citar solo un par de referencias regionales, para la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela, la organización incluye desde adolescentes de 15 años hasta jóvenes de 30, con idéntico criterio, por supuesto, que su homóloga cubana. Para UNESCO, que debe definir con rigor la población-objeto de sus programas, la categoría de “jóvenes” abarca hasta los 24 años.

Lo normal sería, entonces, que en términos de nuestro padrón electoral tomáramos como jóvenes a los segmentos de 18-24 y 25-29 años de edad. Esto sería congruente, además, con un criterio sociológico que atendiera a la independencia del hogar de los padres, el matrimonio, la formación de una familia, el primer empleo, la finalización de estudios superiores, si es el caso, y otros hitos propios del crecimiento personal. Sin embargo, para hacer un ejercicio más favorable a quienes piensan que los jóvenes decidirán la elección -y que la decidirán en determinada dirección- hemos ensanchado el parámetro hasta incluir también al grupo de 30-34 años, cerrando de esta manera cualquier posible objeción.

De conformidad con esta definición, observamos que los menores de 35 años constituyen el 39.7%, casi el 40% del padrón electoral, mientras que los mayores de 35 constituyen el tramo más largo, el 60% de los ciudadanos habilitados para votar.

Contando con la base de datos de los últimos veinte años, podemos afirmar que los jóvenes han votado siempre – hasta ahora- en menor proporción que los mayores. Tomando como referencia numérica la primera vuelta de la última elección presidencial, los jóvenes de 18-34 años votaron aproximadamente 5% menos que el promedio nacional. Si se mantiene o se modifica esa tendencia, será una de las claves del resultado electoral.

En la política como en el deporte, las estadísticas están para romperlas. Que un equipo no haya ganado veinte años en el campo de otro no significa que en el siguiente partido tampoco ganará. Que los jóvenes siempre hayan votado en proporción menor que los mayores no significa que esta vez también lo harán. Sin embargo, no podemos ignorar que los datos puros y duros en estos meses previos no han negado pero tampoco han sugerido un cambio en el patrón histórico de participación electoral.

En efecto, de 43,757 jóvenes que cumplirían 18 años entre la fecha de cierre del padrón (6 de agosto de 2018) y el día anterior a la elección (2 de febrero de 2019), y que tenían derecho a votar si hacían un trámite previo de solicitud de su documento de identidad, solo 2,149 lo hicieron (4.91%). Este dato de falta de interés se refiere solo a los nuevos votantes de 18 años y no al segmento juvenil en su totalidad, pero sin duda es un indicador que debemos considerar.

En días recientes, conversando con un amigo de ideología conservadora, profesional serio, inteligente y normalmente sensato, le comenté que los números no daban para vaticinar una segura victoria del candidato de GANA basada solo o de manera primordial en el voto de los jóvenes como muchos han querido argumentar. Le dije que aún asumiendo dos hipótesis favorables a Bukele: la primera que esta vez los jóvenes votaran en igual proporción que los mayores, y la segunda que hasta un 60% de ellos lo hiciera a su favor, eso solo le daría 17% de los votos válidos, si contábamos hasta 29 años, y 23.8% si contábamos hasta 34 años, y que de allí para arriba, en el tramo más largo del padrón, aunque tuviera buen desempeño, difícilmente obtendría cuotas similares de votación. El comentario de este amigo me dejó atónito. Con certeza exenta de duda, en consonancia con lo que mucha gente cree, me respondió que el 80% -y como mínimo el 70%- de los jóvenes votaría por Bukele. ¿Razón?, pregunté. “Porque es un fenómeno”, respondió.

Su comentario me motivó a investigar un poco y a preguntarme qué tan cierto es que los jóvenes están votando masivamente a candidatos novedosos que desafían a las cúpulas de los partidos tradicionales, que exhiben un extraordinario manejo de las redes sociales y que ganan arrasando en sus países las elecciones presidenciales. Veamos la evidencia reciente en la región.

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) barrió hace seis o siete meses en 31 de las 32 entidades federativas mexicanas y obtuvo el mayor número de votos en toda la historia de México. Según “exit polls” de Parametría, el 55% de los jóvenes de 18-25 años y el 62 de los jóvenes entre 26 y 34 años le dio su respaldo en las urnas. Por Obama en 2012 votó el 60% de jóvenes de 18-29 años, y el 52% de jóvenes de 30-44 años, según la “exit poll” de Pew Reaserch Center, publicada por NBC-NPR. Por Trump en 2016 votó el 37% de jóvenes de 18-29 años y el 42% de 30-44 años. Por Jair Bolsonaro votó el 55% de jóvenes entre 16 y 34 años en Brasil, en octubre del año pasado, según las mediciones de “Datafolhia”.

Estos son los 4 “fenómenos” electorales más recientes en nuestro continente. Todos ellos, cada uno a su manera, políticos extraordinarios y carismáticos. Todos maestros en el manejo de las redes sociales. Todos buscando la presidencia en países con capas medias frustradas y enojadas, bien por la violencia, bien por la corrupción y la desigualdad social. Los jóvenes votaron por ellos, pero no en tan alta proporción.

A la vista están los números de El Salvador y de cualquier país de la región. Será que Bukele, como dice mi amigo, es más “fenómeno” que Bolsonaro, Trump, Obama y López Obrador? Tal vez no es del todo improbable, pero es un pronóstico poco razonable.

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