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OPINIÓN: El Salvador invertebrado

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

José Ortega y Gasset publicó en 1922 un libro llamado España Invertebrada en el que analizó la desintegración social que su país estaba sufriendo en esos años, muy similar a la que ha estado teniendo lugar en El Salvador en nuestro tiempo. El tema del libro es muy importante para nosotros porque es como una predicción de malos tiempos por venir. En las siguientes décadas, esa desintegración social que Ortega y Gasset analizó llevó a España a grave inestabilidad política, dictaduras, golpes de Estado y a una guerra civil terriblemente sangrienta.

Por invertebrada Ortega y Gasset se refería a la falta de una estructura institucional que diera forma a la sociedad española, entendiendo por instituciones no sólo las leyes y las agencias gubernamentales sino también las costumbres y las cosas entendidas que orientan las acciones de las personas en una sociedad. Sin estas instituciones la sociedad española no tenía ni la forma ni la fuerza para poder tener los propósitos comunes que son esenciales para el progreso. Ortega atribuye esta falta de columna vertebral a una incapacidad de la población española de entender la complejidad de una sociedad que se estaba industrializando en ese tiempo.

Ortega veía en el desarrollo de una sociedad dos procesos complementarios: por un lado, hay una adquisición y una unificación de nuevas personas en la sociedad, y por el otro, una diferenciación de estas personas en clases sociales, oficios, gremios, religiones, etc.

Ortega ve la salud social en la medida en la que cada uno de estos segmentos tengan conciencia de que son miembros inseparables de un todo social y que, por tanto, tienen que tomar en cuenta a los otros sectores cuando empujan por sus intereses para darle forma a la sociedad. Esta conciencia genera la necesidad de instituciones diseñadas para lograr acuerdos entre los distintos sectores en procesos parlamentarios de negociación a través de los políticos que, en una sociedad democrática, representan a los diferentes grupos que la conforman. Estas instituciones constituyen la columna vertebral de una sociedad sana y democrática.

La sociedad pierde su columna vertebral cuando los distintos grupos pierden la voluntad de negociar con los otros sectores y deciden imponerse sobre los demás. Cuando esto sucede, la sociedad se fragmenta, pierde su capacidad de tomar decisiones en conjunto y entra en un camino que lleva al caos. Esto, a la larga, lleva o a corrupción, o a una guerra civil, o a una tiranía que impone su propia autoridad aprovechándose del caos.

Hay gente que piensa que los Acuerdos de Paz fallaron porque no se decidió, de una vez por todas, cómo iba a ser la economía, cuáles empresas iban a existir y cuáles no, y en qué sectores, cuántos trabajadores iba a haber y cuánto iban a ganar—como si fuera factible detener el mundo y hacerlo que se inserte en una estructura rígida impuesta sobre una economía que cambia día a día. No, el fallo que nos ha llevado de una guerra a la antesala de otra no estuvo en los Acuerdos de Paz sino en que el pueblo mismo no se dio cuenta del problema que Ortega y Gasset planteó para España: que todos en El Salvador queremos que se haga lo que queremos, pasando por encima de los demás. Por eso El Salvador fue a una guerra, y por eso puede ir a otra, con la democracia degenerando en tiranía en el medio.

Por ese deseo de pasar por encima de los otros es que la gente, de uno y de otro lado, corrompe a los políticos, para que dejen de negociar e impongan los intereses de sus amos. De esta forma, la corrupción es una manifestación de la competencia entre varios grupos de pocos para imponer su voluntad sobre la mayoría por vías no democráticas. El final del juego se da cuando uno de estos políticos al servicio de algún sector logra el poder total. Allí, en la tiranía, se da la corrupción total porque un solo individuo impone su voluntad sobre el país. Eventualmente, como todo en la vida, el juego para imponer voluntades vuelve a empezar —golpes, guerras, corrupción, tiranías— en un círculo vicioso que no terminará hasta que la gente entienda que es mejor sujetarse a la disciplina democrática que al caos de los que tratan de legitimar el uso de cualquier medio —el odio, el resentimiento, el dinero— para lograr sus intereses. Esto puede suceder cuando, como está pasando en Nicaragua, el tirano se vuelve contra los que lo han apoyado. Pero hay gente que nunca quiere entender.

Máster en Economía
Northwestern University

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Acuerdos De Paz El Salvador España Opinión

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