La narcodictadura venezolana detrás de revueltas en la región

El desorden, la cuasi anarquía que cunde de un lado a otro, no solo no arregla las cosas sino que las empeora; literalmente esos desmadres equivalen a que los revoltosos se enlodan más, se hunden en su propio fango.

Por El Diario de Hoy

May 17, 2021- 20:43

Manifestaciones violentas, agresión a fuerzas policiales, destrucción de bienes públicos y privados, sacuden actualmente a Colombia.
Se ha denunciado que los disturbios son obra de grupos afines a la narcodictadura venezolana, que a la par de los centenares de miles de venezolanos refugiados que huyen del desastre humanitario y la represión que marca la situación del país, están socavando la democracia, minada desde hace décadas por el narcoterrorismo de las FARC, llegado a considerarse el principal procesador de droga en el Hemisferio.
Previo a las revueltas, el presidente Iván Duque presentó un plan de elevar impuestos con el objetivo de atender exigencias sociales relacionadas con mejoría de servicios, atención a grupos en precariedad, etcétera, pero las revueltas le forzaron a retirar la iniciativa. Aún así han continuado.
Muchos jóvenes, en Colombia al igual que en otros países hispanoamericanos, reclaman servicios sociales, “igualdad de oportunidades”, subsidios… lo que se les puede ocurrir en un momento.
En Chile, el único país del Continente catalogado como de Primer Mundo gracias a su economía de mercado, los chavistas han desatado un infierno, llegando al extremo en que masas de enloquecidos dan fuego a viviendas con sus ocupantes dentro. El chispazo de la revuelta en este último país fue la campaña de una estudiante que dispuso presionar para que la educación en los centros estatales fuera gratis, libre de costo, lo que originó un movimiento que ha desembocado en una casi total anarquía.
Los reclamos, la violencia, los griteríos, el desorden, parten de un supuesto: “el señor Estado” tiene recursos ilimitados, puede hacer frente a todas las demandas, reclamos, exigencias. El dinero debe crecer en árboles suponen, o las arcas de los gobiernos a lo largo y ancho del Hemisferio son periódicamente rellenados con donativos de obispos holandeses o de países que se apiadan de la falta de “justicia”, servicios, oportunidades en esos pueblos hispanoamericanos incapaces de levantarse por sí mismos.
El desorden, la cuasi anarquía que cunde de un lado a otro, no solo no arregla las cosas sino que las empeora; literalmente esos desmadres equivalen a que los revoltosos se enlodan más, se hunden en su propio fango.
Un símil es de los que escupen hacia arriba, sin pensar en que lo que sube, inexorablemente baja… Pero es muy difícil, en ocasiones imposible, hacer entender hechos tan simples de por sí a gente que no quiere entender.

¿Es que los estados disponen de ilimitados recursos para satisfacer todas las exigencias populares?

El presidente Duque en repetidas ocasiones ha pedido que los cabecillas —de haberlos— de esas revueltas se reúnan, que discutan juntos, analicen o usando la expresión en boga, “que dialoguen”, lo que no se ciñe a la realidad de la palabra que es “llegar a la verdad a través de la razón” sino a un quita y daca, como los traficantes de caballos.
Colombia, durante la época colonial sede del Virreinato de Nueva Granada, se ha distinguido por sus asentadas instituciones, sus ilustrados ciudadanos, su hermosa geografía. Pero un expresidente, un tal Santos, fue seducido por Dios sabe qué ofertas “imposibles de rehusar” que forzaron un entendimiento con los principales cabecillas-criminales de las FARC para que fueran amnistiados y ocuparon curules diputadiles, lo que la población con muy buen sentido ha rechazado.
Las FARC, la guerrilla y el capo Pablo Escobar en su momento dieron fuego a la institucionalidad, hicieron de Medellín su cuartel, atacaron el Congreso y ahora los hipopótamos del zoológico privado del archicriminal amenazan el eco sistema de sus ríos…
Pero los pobres incautos siguen con sus exigencias y desmanes…

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