Venecia de emotivos recuerdos, la fulgurante Perla del Adriático

Venecia es Murano, regatas históricas, vaporettos, góndolas que surcan lentamente los canales... la que en su momento fue la orgullosa república marinera cuyos acorazados contribuyeron a salvar a la cristiandad derrotando a los turcos en Lepanto

Por El Diario de Hoy

Nov 20, 2019- 18:59

El mar ha dado un durísimo golpe a Venecia, la esplendorosa urbe que para millones de personas es la ciudad de emotivos recuerdos, romance, góndolas, canales, puentes, cafés en la Plaza de San Marcos, la misma que Napoleón Emperador calificó como el más hermoso salón de Europa, acarreando los cuatro corceles para coronar su Carrusel y que Francia pocos años más tarde restituyó.
Frente a la Plaza se levanta la Basílica de San Marcos, de estilo bizantino, decorada en su fachada por preciosos mosaicos dorados.
San Marcos atesora los restos del Evangelista que dos venecianos robaron en Alejandría. Entre sus muchos tesoros está la “Pala de Oro” atrás del altar mayor de la Basílica, un panel recubierto de deslumbrantes piedras preciosas.
La Basílica tiene cuatro puertas majestuosas con esculturas de santos, un atrio con mosaicos dorados con escenas del Viejo Testamento. Su interno es en forma de cruz griega, cada nave igual de larga. Las bóvedas están recubiertas de mosaicos dorados con figuras de santos, las que se pueden ver con más detalle desde un ambulatorio arriba de las naves, lugar donde los cuatro corceles originales se conservan.
El piso de la Basílica son mosaicos en mármol y piedras duras, los que ahora están bajo agua.
A un costado de la Basílica y de cara al mar está el Palacio de los Dogos, el centro del gobierno de la que en su momento fue la orgullosa república marinera cuyos acorazados contribuyeron a salvar a la cristiandad derrotando a los turcos en Lepanto, la batalla que Cervantes calificó como la gesta más gloriosa de la historia y donde sufrió las heridas que le valieron el sobrenombre de “El Manco de Lepanto”.
A los salones del Palacio se llega por una hermosa escalinata adornada con esculturas de Hércules hasta el enorme salón del Gran Consejo, donde el mayor lienzo del mundo, pintado por Tintoretto, es el trasfondo de los estrados donde los dogos y los grandes de Venecia deliberaban.
Frente a la Basílica se erige su majestuoso campanario, que hace alrededor de cien años se desplomó, matando un gato. Y frente al conjunto, en la última isla del Gran Canal, la Iglesia de la Salud, edificada para agradecer a Nuestra Señora haberles librado de una peste.

Que sobreviva Venecia del mar bravío… que sus tesoros perduren siempre

Muy hermosos son los palacios a lo largo de ese canal, como numerosos museos guardan obras de sus pintores, genios universales: Tiziano, Tintoretto, Bellini, Carpaccio, Giorgione, Longhi, Guardi…
En uno de esos templos adjunto a una Scuola, la de San Rocco, se puede ver la Assunta de Tiziano, uno de los grandes momentos de la pintura universal.
Y así, en plazas, en el Rialto —el único puente de piedra sobre el Gran Canal— frente a los ojos del viajero van presentándose maravillas. Caminando se llega hasta la plaza donde se yergue la escultura ecuestre del Colleoni, un señor de la guerra, obra del maestro de Rafael de Urbino, Andrea del Verrochio. Bordeando la laguna desde el Palacio de los Dogos, un largo trayecto que inicia con embarcaderos de vaporettos y de góndolas pasa frente al Puente de los Suspiros y llega hasta el Arsenal y las instalaciones donde se celebra el Festival de Cine.
Venecia es Murano, regatas históricas, vaporettos, góndolas que surcan lentamente los canales…

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