Una atleta, un sacerdote y una joven, nuevas víctimas de la violencia

“Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores, no es víctima, es cómplice”. (George Orwell)

Por El Diario de Hoy

May 20, 2019- 17:00

La señora María Olimpia Escobar de Melhado murió a causa del ataque a puñaladas que le asestó un pandillero cuando ella corría en la urbanización Santa Elena.

Doña María Olimpia, esposa, madre de familia, apreciada y admirada, es una víctima más de la violencia casi sin control que sufre nuestro país y que inclusive cobra víctimas fuera de nuestras fronteras, como la adolescente salvadoreña asesinada en Maryland por dos pervertidos de la Mara Salvatrucha.

A estos hechos se suma el asesinato del sacerdote Cecilio Pérez Cruz en San José La Majada, Sonsonate.

¿Cuál es el origen de esta vorágine de violencia, del derramamiento de sangre que día a día cobra víctimas en nuestro país y fuera de nuestras fronteras? La causa directa fue el vacío de autoridad que se generó durante y después de la guerra de los años 80, sobre todo con la disolución de la Benemérita Guardia Nacional en 1993 por presión y deseo de venganza de los efemelenistas, así como por las leyes en extremo garantistas que vinieron después.

Las “maras”, que hasta entonces eran grupos marginales de vagos y holgazanes a la entrada de las colonias, cobraron fuerza copiando estructuras como las que tenía la exguerrilla. Estos enloquecidos individuos adoptaron alias, formaron esquemas de apoyo, extorsiones y asesinatos. Siempre atacan en manada, cuando sus víctimas no pueden defenderse.

El odio alimenta a unos y otros, como su absoluta incapacidad para reinsertarse en el mundo del trabajo, de la decencia, del desarrollo, del porvenir. Más grave que los tatuajes que llevan en sus cuerpos es la barbarie que domina sus cabezas, pues no se puede decir sus almas, pues carecen de ellas.

Un hecho que no se debe olvidar es que estos grupos se fortalecieron a partir de la “tregua” que el régimen de Funes admitió que facilitó en 2012, en lugar de liberar a comunidades enteras que las bandas mantienen como rehenes.
La interrogante es si una nación puede recomponerse en un plazo razonable de tan graves lacras, considerando las profundas heridas que la agresión contra personas, grupos sociales, familias y sectores, contra ideas, principios y valores, deja desde un primer momento.

La familia de la señora Escobar de Melhado como la de la joven de Maryland o la del padre Cecilio nunca podrá sobreponerse a esa tragedia, como los deudos de los asesinados durante la guerra.

Es tiempo de dejar de creer en desastrosas utopías

Valiéndose de engaños, de falsas imágenes, de pura demagogia los efemelenistas ganaron la presidencia con Funes en 2009, lo que les valió para mantenerse por dos periodos que finalizan en menos de dos semanas. Y esto nos trae a la memoria lo que dijo el pensador inglés George Orwell:

“Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores, no es víctima, es cómplice”.

Esa complicidad es obra de descerebrados, cómplices pero en el caso nuestro también víctimas de la confusión general, como víctimas del engaño de grupos más preocupados en agitar, engañar y montar el aparataje de robo, propaganda y lavado de cerebro que llega a su final, pero después de haber arrasado con buena parte de la civilidad que en alguna medida ha caracterizado a los salvadoreños.

Como suelen decir algunos, Dios quiera que las cosas comiencen a rectificarse “pero siempre todos debemos estar confesados y comulgados”, listos para meter hombro en las buenas causas y combatir errores y abusos.

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