Mientras no se elimine la cabeza de la hidra el problema seguirá

El grave problema de las drogas queda siempre: no se va tras el origen del morbo, los narcoterroristas venezolanos, sino que se van tras las ramas, con consecuencias terribles como lo que sucede en Honduras, donde grupos antagónicos de traficantes se disputan el poder

Por El Diario de Hoy

Jun 23, 2020- 22:05

El grave peligro de que Colombia siga los pasos de Venezuela y se convierta en un narcoestado en estos momentos en que el coronavirus está presentando condiciones para fortalecer regímenes autocráticos, preocupa grandemente, mas frente al hecho de que Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, ha aprovechado la cuarentena para cambiar disposiciones constitucionales a su favor.
Una de las motivaciones, evidentemente, es que ni Maduro ni su segundo a bordo, Diosdado Cabello, tienen dónde escapar, sobre todo considerando que se ha denunciado que Cabello es el capo del cartel de “Los Soles”, el principal abastecedor de cocaína para América y Europa.
Pero cuando las ratas saltan de los barcos es que anticipan un naufragio; una señal es que la mujer de Maduro, Cilia Flores, se ha refugiado en la República Dominicana.
Maduro, concebiblemente, podría asilarse en Irán, pero Cabello solo en Cuba…
Se ha denunciado que la droga estuvo tras el montaje del “Alba”, que entre otras cosas financio a la ultraizquierda salvadoreña y sus alcaldías. Pero cuando toque pagar esos dineros el día que Venezuela se libere del chavismo y sus terribles secuelas de miseria, no serán los rojos criollos los que van a cubrir la deuda con lo que se embolsaron, pues rompería el sagrado, para ellos, principio revolucionario: lo conquistado (léase “robado”) no se entrega…
Funes, el acusado de saquear 351 millones de dólares de todos los salvadoreños, no ha devuelto ni un penique de lo que le llevaban desde el Banco Hipotecario en bolsas negras, las que en su mayor parte deben de estar enterradas.
En una previa nota sobre el flagelo de la droga y cómo encararlo, se cayó en un lapsus calami, un error de los editores, al decir que el combate contra el tráfico está mal planteado, pues se va tras los consumidores y no los distribuidores, cuando debe ser que además de ir tras los proveedores hay que comenzar con los consumidores, pasar revisiones en bares, festejos, reuniones: a los que salgan “positivos” se les plantean dos alternativas:
—la primera, hacer labores comunitarias con todo y uniforme anaranjado barriendo parques, limpiando letrinas en hospitales…
—la segunda, que digan dónde consiguieron la droga, quiénes fueron los camellos que se las suministraron.
Solo en tal forma es que puede ir desmadejándose el tráfico de drogas, que tan terribles daños causa a todos los países.

Pasada la paranoia hay que aceptar un hecho: los cuerpos policiales protegen a la gente

Los Estados Unidos afrontan la operación de los carteles en su frontera sur y lo que meten en cargueros y otros medios en el Caribe, además de lo que nutre a las pandillas en muchas ciudades, las que y como hemos dicho, llenarían el vacío si es que la policía se reduce en sus funciones, pues eliminarla del todo es impensable.
No hay nación en el mundo que carezca de policía, sin fuerzas de seguridad que protejan a la gente, a sus propiedades, a edificios públicos. Pasada la ola de paranoia que ha hecho presa de EE.UU., las aguas volverán a la normalidad.
El grave problema queda siempre: no se va tras el origen del morbo, los narcoterroristas venezolanos, sino que se van tras las ramas, con consecuencias terribles como lo que sucede en Honduras, donde grupos antagónicos de traficantes se disputan el poder, al extremo de que expresidentes o sus parentelas, incluyendo al dictador don Juan Orlando Hernández, según la Fiscalía de Nueva York, están hasta el cuello en ese lodazal…

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