Dieciséis años de cárcel y latigazos por poner fotos en Instagram

Controlar lo que cada persona hace, con quienes se reúne, a dónde va y dónde trabaja, someterla con el hambre, es lo de rigor en todas las dictaduras. En Cuba el régimen se vale de delatores, de niños que espían a sus padres, obligar a pasaportes internos...

Por El Diario de Hoy

Jun 09, 2020- 21:56

“El Gran Hermano te vigila” es la escalofriante advertencia que hace George Orwell en su novela 1984, que describe la amenaza del totalitarismo y su control sobre cada persona en esos infiernos, específicamente lo que prevalecía bajo el estalinismo en Rusia.
Stalin fue despachado a los infiernos por el grupo de médicos que lo intervinieron y Kruschev conmocionó a Rusia y al mundo al exponer, ante el presidium, los crímenes del tirano, después de que los principales cabecillas del partido estrangularan a Lavrenti Beria, el cabeza de la KGB que fraguaba hacerse con el poder.
Pasaron unos años antes de que Rusia se liberara bajo el liderazgo de Boris Yeltsin, hasta que de nuevo Putin, exjefe de la KGB, se hiciera con el poder, pero sin perpetrar atrocidades.
Controlar lo que cada persona hace, con quienes se reúne, a dónde va y dónde trabaja, someterla con el hambre, es lo de rigor en todas las dictaduras. En Cuba el régimen se vale de delatores, de niños que espían a sus padres, obligar a pasaportes internos…
En China Continental la dictadura mueve una extensa red de espionaje sobre sus propios súbditos (no son nunca “ciudadanos”), llegando al extremo de instalar cámaras dentro de las viviendas de personas intranquilas, de aquellos que no renuncian a pensar por su cuenta.
Los ayatolas iraníes, instalados en el poder gracias a los buenos oficios de Jimmy “derechos humanos” Carter (el mismo individuo que revolvió Centroamérica y fue a darle un espaldarazo a Chávez), se extreman en sus meneos para controlar, espiar, perseguir y maltratar a sus súbditos, sobre todo las mujeres, que en el mundo islámico son como seres de segunda clase, a las que deben tapar, coartar en sus derechos civiles…
Oriana Falachi, una brillante escritora italiana que ya murió, ha expuesto en libros y artículos lo que es la vida bajo los ayatolas, lo que a su vez palidece frente a las prácticas de los talibanes, que condenan a muerte “por adulterio” a mujeres que fueron violadas o las obligan a casarse con el violador..

La implacable persecución contra los que no renuncian a pensar por su cuenta

Lo sucedido a una “influencer” iraní y a su esposo ilustra el estado mental de esos fanáticos a ultranza.
La señora, Shabnam Shahrokhi, publicó en Instagram fotos de ella, de sus hijos y su esposo, Seyed Ahmad Moinshirazi, un excampeón mundial de kick boxing.
En las fotos ella aparece sin los trapos, o velos, que son de rigor en Irán, pues encarcelan a jóvenes o no jóvenes que dejan ver parte de su cabello, no digamos a las que se atreven, lo que es simplemente insólito, a no ponerse nada en la cabeza.
Ante semejante enormidad, la pareja fue acusada de absoluto desacato, anunciándoles penas que entre ambos sumarían dieciséis años, setenta y cuatro latigazos, trabajos forzados…
“Patitas para que te quiero…”.
La pareja se asiló en Turquía y presuntamente allí se quedará hasta que el creciente descontento en el país termine con esa banda, con todos esos barbudos con podridas cabezas.
Las personas deben ser libres para decidir lo que usan, cómo llevan o no sus barbas, adónde van o no van, lo que debe incluir el derecho a romper la cámara dentro de su casa a alguien que no renuncia a pensar por su cuenta.

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