El terremoto de 1986 cambió la fisonomía del Centro de San Salvador

Una esencial lección para todos: para salvaguardarnos de esa clase de catástrofes se tiene que diseñar muy bien las estructuras y, lo principal, supervisar, cuando sean de hormigón armado, cada paso. Lo más seguro, construir es en acero

Por El Diario de Hoy

Oct 12, 2020- 22:44

Treinta y cuatro años se cumplieron del terremoto de 1986 que causó muy graves perjuicios a la Ciudad de San Salvador y partes de la periferia.
Con el terremoto cambió radicalmente, para siempre, la fisonomía del Centro de San Salvador: los grandes edificios, el Dueñas, el Banco de Crédito Popular, el Banco de Comercio, la Cafetalera, el Casino Salvadoreño se vinieron abajo con el primer zamaqueón y las réplicas posteriores. Y esto sucedió por un motivo:
Muchas obras se encargaban a un arquitecto que tenía fama de “construir sólido”, que gracias a sus relaciones familiares tomó en sus manos los proyectos y su realización. Lo que fue su perdición, o más bien la perdición de su buen nombre y de las fuertes inversiones de quienes confiaron en él, es que el señor “arquitecto” encargaba a un contador —han leído bien, UN CONTADOR— efectuar los diseños estructurales, un modesto personaje a quien conocimos.
No es menospreciar a los contadores, pero construir es una función de ingenieros, arquitectos, estructuralistas, buenos maestros de obras y albañiles, etc.
Una esencial lección para todos: para salvaguardarnos de esa clase de catástrofes se tiene que diseñar muy bien las estructuras y, lo principal, supervisar, cuando sean de hormigón armado, cada paso, pues una bolsa de cemento olvidada a mitad de una columna puede derrumbar un edificio entero.
En una época las construcciones en este país se daban o a maestros de obra experimentados o a ingenieros. Doña Mercedes de Altamirano encargó la construcción de su casa, que sigue muy hermosa, a don Chema Durán; para construir el primer edificio del periódico, al que se referían como “frente al Cine París”, buscaron a un ingeniero. El edificio se vino abajo por un pésimo diseño estructural y es hoy en día un estacionamiento, el más seguro y ordenado de la zona.

Para que las construcciones perduren lo más seguro es utilizar acero

De estas experiencias, un consejo: en lo posible acero y un buen maestro de obras…
Los encargados de diseñar obras de gobierno, más en esta época de los dedazos para asignar contrataciones, deben considerar que lo más seguro es usar acero para las estructuras, pues de lo contrario y, como viene sucediendo desde hace años, los edificios de gobierno, o desgobierno, duran de terremoto a terremoto.
De allí una sugerencia muy válida: nada de colocar placas con el nombre del gobernante —o desgobernante, como se padecen desde hace más de dos décadas— que inauguró la obra, sino consignar el nombre del constructor, la dirección de su casa, dónde se congrega, etcétera.
Nosotros “predicamos con el ejemplo”, pues prácticamente todas las instalaciones de este gran Diario, EL DIARIO DE HOY, están erigidas en acero, lo que protege a nuestro personal y nuestros equipos. ¡Y vaya que hemos soportado varios potentes sismos!
Es el mismo consejo que hemos dado a directivos de la Asamblea Legislativa: el nuevo Palacio Legislativo debe hacerse con estructuras de acero para que perdure no solo varios terremotos, sino las permanentes agresiones hacia la Asamblea, a la Ley, a la institucionalidad y a la democracia, perpetradas por soldadescas que violan la Constitución “por muchos dólares más”, dólares de los contribuyentes, del pueblo, no del sobornador.
Lo que sacude es que el apoyo al camino hacia la servidumbre y la destrucción de la democracia al que nos han forzado, viene del Visitador de la Real Audiencia.

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