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Un baño de sangre de horror en una ex-república soviética

Qué alimenta la insania de los dictadores, desde los reyes asirios hasta nuestros días, cae en el campo de la siquiatría, pues el mal causó la demencia de Calígula, muerto por su propia guardia pretoriana

Por El Diario de Hoy |

"Disparar sin aviso” es la orden que ha dado a sus tropas Kassym-Jomart Tokayev, el enloquecido dictador de Kazajstán, a quien al igual que el bielorruso Lukashenko, el turco Erdogan y los castristas, no “les tiembla la mano” para masacrar a quienes se les oponen, pues una cosa es matar a personas indefensas, tanto mujeres como “desaparecidos” en nuestro suelo, pero otra cuando el blanco es el propio dictador, como le sucedió a Ceaucescu y su mujer, fusilados por soldados rumanos a quienes no “les tembló el dedo al jalar el gatillo”.

La revuelta en Kazajstán en parte se inició por un alza en el precio de los combustibles, lo que, según analistas, fue causado por el desplome del bitcoin, ya que el país, que tiene una superficie igual a la de Europa Occidental, es un “minero” de la criptomoneda.

En su paranoia los dictadores comienzan a ver conjuras por todas partes, individuos que no se prestan para la adoración incondicional de esos dioses sobre la Tierra, por lo que Tokayev ordenó la detención de su ministro de Defensa y otros funcionarios, lo que recuerda cómo los sultanes turcos de antaño, al igual que algunos reyes medievales, ordenaban decapitar al Visir si en un sueño lo imaginaron complotando en su contra.

Putin, a quien dicen que “no le tiembla la voz” para ordenar silenciar a opositores, como a los tres disidentes rusos envenenados en Londres con polonio y a Navalny, está en tratos con Tokayev para restablecer “el orden”, lo que posiblemente, dada la infernal saña que llevan en sus vísceras, se conseguiría derramando sangre de personas inocentes a raudales. Pero está aún por verse si Putin quiere echarse encima esa sangre, sangre a raudales, para quedar en la historia como otro monstruo, Iván el Terrible, zar de Rusia, y más recientemente Stalin, que sin vacilar ordenaba la muerte de cualquier disidente que tuviera la osadía de expresar alguna crítica al camarada Stalin...

¿Qué se mueve en las entrañas de los infernales monstruos?

Qué alimenta la insania de los dictadores, desde los reyes asirios hasta nuestros días, cae en el campo de la siquiatría, pues el mal causó la demencia de Calígula, muerto por su propia guardia pretoriana, al igual que Enrique VIII de Inglaterra que asesinó a tantos, incluyendo a Ana Bolena, la madre de su sucesora, Isabel I.

El papel de Isabel I en forjar un reinado brillante, conocido como la época Isabelina, la de Shakespeare, llevó a la actual Reina ser también Isabel, Isabel II.
Enrique Enrique VIII, literalmente y dada su perversidad y obesidad, murió putrefacto...

Sin duda la egolatría, un desbordado narcisismo rayano en la locura, mueve a esos monstruos a creerse los ungidos por los dioses para estar a la cabeza de una nación, de un reino. Putin, que está por verse cómo “pone orden” en Kazajstán, cree ser el único capaz de ser el nuevo Zar de Todas las Rusias, incluyendo las repúblicas vasallas que fueron y en alguna medida siguen siendo parte del ahora despanchurrado Bloque Socialista de Naciones.

Lukashenko cree ser el único capaz de mandar en Bielorrusia, por lo que también ha ordenado disparar desde helicópteros a manifestantes en su contra, a los que dicen que también hace “desaparecer”. Lo mismo con Erdogan, Maduro, Díaz-Canel, con el aspirante a dictador vitalicio en este saqueado suelo, con Ortega y con los que en el futuro broten de las entrañas de sus madres...

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