Revisarán el salario mínimo aunque el país todavía no se repone del saqueo

Es natural que todos anhelamos trabajos “dignos”, con toda clase de prestaciones, con retiros garantizados, con aguinaldos, vacaciones pagadas, etcétera, pero después del saqueo efemelenista muchísimas personas y familias viven del comercio informal, de labores ocasionales, de lo que en cualquier momento se encuentre.

Por El Diario de Hoy

Jul 17, 2019- 18:53

Como decíamos en nuestra edición del miércoles, en su afán para regalar lo que no es suyo los políticos pretenden revisar otra vez el salario mínimo, una muy mala noticia para un país empobrecido, golpeado por la corrupción efemelenista de los últimos diez años y que genera más presión sobre las empresas, muchas de ellas con finanzas deprimidas.

Actualmente mucha gente busca empleo en las condiciones que lo encuentren, con frecuencia, como en el caso de empleados del hogar, por la comida y tener un sitio donde dormir sin sobresaltos.

Es natural que todos anhelamos trabajos “dignos”, con toda clase de prestaciones, con retiros garantizados, con aguinaldos, vacaciones pagadas, etcétera, pero después del saqueo efemelenista muchísimas personas y familias viven del comercio informal, de labores ocasionales, de lo que en cualquier momento se encuentre.

La necesidad llevó a don Eduardo Paniagua, que por mucho tiempo fue árbitro de fútbol, a ir a vender paletas en la zona industrial del Plan de la Laguna. Pero don Eduardo se ahogó tratando de recuperar su moto y golosinas al ser arrastrados por una correntada en la Carretera Panamericana, en el tramo de Los Chorros.

Los salarios, en ninguna parte, pueden determinarse por decreto sin que muchos salgan perjudicados. Una legislatura o municipio puede fijar salarios a su antojo, pero tales salarios se hacen a costillas de alguien, sea de quienes tienen que cubrirlos con impuestos que les fijan, sea por una reducción de oportunidades.

De no ser así, que la Asamblea decrete un salario general de cinco mil dólares para todo trabajador, como se hace en Noruega gracias a los ingresos en petróleo, y en el sultanato de Brunei por la misma causa.

Los salarios se determinan primordialmente por la productividad de una economía en primer lugar y por lo que cada trabajador puede rendir.

El salario es siempre un costo de producción, no un beneficio que un empleador da a sus trabajadores. Y por ser un costo, si con lo que produce el trabajador no logra pagar su puesto, la inversión que se hace en tecnología y administración, sus prestaciones y además dejar una ganancia al empleador, simplemente fracasa y es reemplazado.

Tomemos un caso simple: una fábrica de ropa femenina, una maquila. Si el trabajador no logra producir un determinado número de unidades por día o semana, se vuelve irrentable, no logra cubrir los costos de tenerlo. Y al ser así, pierde su empleo.

Y en casos en que un régimen hostiga empresas, como sucedió durante los desgobiernos efemelenistas, un número de maquilas simplemente se fue a otra parte.

La medicina resulta peor que la enfermedad

Los salarios mínimos no adecuados a la realidad de un país afectan negativamente a las mujeres, a los jóvenes, a las personas discapacitadas en alguna medida, a los viejos, a los menos educados. Cuando a El Salvador le impusieron salarios y condiciones que no correspondían a nuestra realidad económica, la consecuencia fue un grave desempleo, precisamente de los sectores y personas más débiles. Y eso sucedió con más dureza en el campo.

Todas estas patrañas se resumen para algunos en lo que llaman “ingeniería humana”, o sea la manipulación de vidas humanas, como en Cuba y todos los despotismos que han existido en nuestro planeta.

No en vano el gran poeta alemán Federico Hoelderling dijo que todos los infiernos sobre la Tierra son el resultado de intentar crear paraísos, como en Cuba y la despanchurrada “comunidad socialista de naciones”.

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