¿“Reconciliación” que beneficie a grandes criminales y destructores?

Como clamaba Lady Machbeth, “las aguas de todos los océanos no pueden lavar la sangre que llevo en mis manos”. Las aguas de todos los océanos no pueden lavar la sangre que cubre al asesino de Mauricio Borgonovo, de Mélida, de Cayetano y de los miles de víctimas de su insania...

Por El Diario de Hoy

Ene 02, 2020- 18:42

La Asamblea tiene en su agenda una “ley de reconciliación” que pretende perdonar crímenes y atrocidades de la guerra de los 80, perpetradas tanto por militares como por exguerrilleros.
A lo largo de la historia reciente se ha tratado de hacer creer que sólo miembros del Ejército cometieron masacres y crímenes de lesa humanidad, pero también la guerrilla que se presenta como inmaculada y justiciera perpetró matanzas, asesinatos y secuestros incluso después de firmada la paz en 1992.
Lo último es la burla de un dirigente efemelenista al alegar que la destrucción de los puentes de Oro y Cuscatlán, en 1981, fue “un favor que le hicieron al país” porque era necesario acabar con tan magníficas estructuras.
Como vamos, de aprobarse semejante truculencia los cabecillas de las bandas criminales de la actualidad pueden, en unos pocos años, pedir que los asesinatos, las desapariciones y las extorsiones que perpetran, además de mantener vecindarios, pueblos y zonas del país en permanente terror, les sean perdonados. “Borrón y cuenta nueva”.
Cada crimen, cada desaparición, cada atropello cometido, incluyendo el estado de servidumbre en que los cabecillas mantienen a sus secuaces de menor rango, queda fuera del perdón humano y divino, pues esos crímenes no solo afectan a las víctimas directas, sino también a los familiares, amigos y vecinos de ellas.
La última jugada es que las extorsiones se duplicaron “por el aguinaldo”, un sarcasmo que se agrega al grave perjuicio de los afectados, que a duras penas sobreviven en sus pequeños negocios.
Los que menean estas propuestas son los criminales que pretenden que la Legislatura les lave la sangre que los cubre de pies a cabeza, que inclusive califican como “pecados de juventud”.
Pero, como clamaba la aterrorizada Lady Machbeth en el inmenso drama de Shakespeare, “las aguas de todos los océanos no pueden lavar la sangre que llevo en mis manos”.
Las aguas de todos los océanos no pueden lavar la sangre que cubre al asesino de Mauricio Borgonovo, de Mélida, de Cayetano y de los miles de víctimas de su insania…

Se persigue únicamente a aquellos

que no comulgan con los zurdos

La “reconciliación” de la que hablan es una espantosa burla a las familias de las víctimas, a la sociedad entera que no ha superado hasta el momento el horror de esos años, la destrucción, los efectos sobre la economía nacional de su voracidad e incapacidad, pues además hay crímenes que no prescriben en el Derecho Internacional, como es el reclutamiento de niños para mandarlos a la muerte como carne de cañón.
Este país no mereció —como ningún país lo merece, como los alemanes con el nazismo hitleriano y los rusos con las sucesivas dictaduras que los doblegan— todo el sufrimiento que un modesto agricultor, Farabundo Martí, echó a andar con su fanatismo.
Una de las grandes verdades de la historia: cien años de marxismo causaron cien millones de muertos, sumando las víctimas de Stalin, de Mao y las de menor cuantía de Hitler, pero dejando fuera las carnicerías de Castro en Hispanoamérica, de africanos enloquecidos, del odio fratricida fruto de la envidia, lo que provocó el primer crimen bíblico, el de Caín contra su hermano Abel.
Ese odio sigue ensañándose contra personas y grupos no vinculados al efemelenismo, los únicos a quienes se niega justicia y que abogados marxistoides manipulan para mantener perseguidos.

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