¿Qué espera a los salvadoreños en el incierto año de 2020?

El inicio de un nuevo año es propicio para hacer un balance de lo que ha sido hasta hoy nuestra vida, nuestros problemas y nuestros éxitos, para proponernos ser más eficientes, superar debilidades, mejorar la relación con otros.

Por El Diario de Hoy

Ene 01, 2020- 18:22

Los salvadoreños enfrentamos el inicio de un nuevo año con las usuales interrogantes: ¿podremos superar males que nos victimizan a todos, como la corrupción, el nepotismo, la grave indiferencia de la mayoría de pobladores frente a los problemas que nos afectan a todos, la terrible lacra de la violencia?

Es muy grave que ante la mortal amenaza de bandas criminales, de la extorsión, del narcotráfico, poco más se haga que pactar treguas con la desenfrenada delincuencia, que no vacila en asesinar a seres indefensos, como la señora mayor que para robarla los asaltantes vapulearon hasta causarle la muerte en la colonia Escalón.

Tal barbarie ha llegado a calificar las pandillas que operan en la región como las más peligrosas del mundo.

El recurso de desplegar agentes policiales se ha demostrado ineficaz, pues una vez que éstos se marchan, los malhechores salen de sus escondrijos. La barbarie que pesa sobre nuestra sociedad se demuestra en los numerosos feminicidios y asesinatos de niños y adolescentes.

En lo que concierte a la persona, a cada uno de nosotros, el inicio de un nuevo año es propicio para hacer un balance de lo que ha sido hasta hoy nuestra vida, nuestros problemas y nuestros éxitos, para proponernos ser más eficientes, superar debilidades, mejorar la relación con otros.

La mejor resolución que se puede tomar para el Nuevo Año es ejercitar el cuerpo regularmente, lo que equivale a ir ahorrando salud para los años dorados, tan importante ahora después de que el régimen efemelenista llevó al saqueo de la mitad de los fondos de pensiones, sin que hasta el momento la Fiscalía deduzca responsabilidades y aplique severas penas a los atracadores.

Se cuenta que hace unos años un hombre pidió a un allegado al Ejecutivo poder decirle “dos palabras” al entonces presidente, lo que finalmente logró: se le concedía la gracia pero debía exponer su problema en dos palabras.

Las dos palabras fueron “tengo hambre”.

Los salvadoreños tienen hambre, pero asimismo tienen miedo, mucho miedo, sufren de incertidumbre, son víctimas de la corrupción, de malas leyes, de ocurrencias políticas, del enorme peso de una masa de parásitos y activistas rojos, más de cuarenta mil, que pretenden que el país los siga manteniendo.

Hay hambre pero también sed, se necesita agua potable para beber pero asimismo para bañarse; es además muy necesario proteger los mantos freáticos, lo que va a lograrse cuando haya un programa efectivo para recoger la enorme cantidad de agua que cae sobre el territorio pero que ningún gobierno ha tenido la menor iniciativa para aprovechar haciendo pequeños embalses a lo largo de nuestros ríos y cauces secos.
Tampoco se ha encausado a los responsables del robo de lo que los usuarios de ANDA pagan mensualmente.

Sólo nosotros podemos construir país

El Salvador continúa sufriendo la intromisión de la narcodictadura venezolana en una multitud de facetas, especialmente por el empoderamiento de las pandillas, un ejército que destruye y asesina operando desde las entrañas de la nación, como en su momento los efemelenistas.

Como señaló el diputado Vargas, solo nosotros podemos construir país; y sobre las relaciones con estadounidenses, chinos o venezolanos, están las esenciales con nuestros vecinos regionales, con quienes hay mayor intercambio comercial, político y humano.

No sigamos poniendo la carreta frente a los bueyes…

¿Que espera a los salvadoreños en el incierto año de 2020?

Es nuestra responsabilidad forjar una nación libre y próspera.

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