A un año de Bukele, ¿estamos mejor o todo ha ido empeorando?

¿Está la institucionalidad del país fortalecida o debilitada con las acciones de la presidencia, incluyendo la toma de la Asamblea por una soldadesca provista de armas largas para forzar la aprobación de un préstamo?

Por El Diario de Hoy

Jun 25, 2020- 06:00

Al inicio del segundo año de mandato de Bukele  un buen número de salvadoreños debe de preguntarse si están mejor hoy que hace un año, si se cumplieron las expectativas que tenían cuando respaldaron su candidatura y le dieron el triunfo, si están de acuerdo con las medidas que el régimen tomó para hacer frente a la pandemia.

Hace un año, es claro, nadie esperaba que el mundo fuera golpeado tan implacablemente por una peste como el COVID-19 ni se anticipaba que dos muy fuertes tormentas tropicales provocaran inundaciones de la magnitud que hemos sufrido.

¿Consideran ustedes, estimados lectores, que fue acertado que Bukele dispusiera por sí y ante sí los cursos de acción que se tomaron, o hubieran preferido que profesionales y expertos en distintas disciplinas, como epidemiólogos, médicos y constructores, definieran las políticas para enfrentar ambas catástrofes?

¿Está la institucionalidad del país fortalecida o debilitada con las acciones de la presidencia, incluyendo la toma de la Asamblea por una soldadesca provista de armas largas para forzar la aprobación de un préstamo? ¿Creen, ustedes que nos leen, que es un precedente positivo para la Nación que se desobedezcan fallos y sentencias de la Sala de lo Constitucional o se descalifique y acose a sus magistrados?

¿Aprueban o desaprueban ustedes, lectores,  que el régimen ataque, descalifique, insulte, se burle y amenace a quienes le critican o simplemente aclaren hechos, como sucedió al infectólogo doctor Jorge Panameño al decir que no tuvo bajo tratamiento un paciente de COVID-19?

Para un número muy significativo de salvadoreños,  la intención de Bukele —como se deduce de lo que ha venido sucediendo desde mucho antes de llegar a la presidencia— es montar una dictadura, reelegirse indefinidamente y disponer de lo recursos de la Nación como si se tratara de bienes propios, como quedó demostrado con lo hecho en el CIFCO: levantar improvisadamente un “hospital” a un altísimo precio, sin dar cuentas a nadie.

En cuatro ocasiones nuestros reporteros han intentado comprobar lo realizado en el sitio y después de que Bukele asegurara que los periodistas tendrían acceso, pero no se les ha dejado a entrar a verificar por sí mismos lo hecho, no por fotos que distribuye Capres.

Los periodistas son “los ojos y oídos” de la gente, del pueblo, dado que para la inmensa mayoría de personas es imposible acercarse a ver lo que sucede en CIFCO, en el Seguro Social o en el Hospital Rosales; reporteros, camarógrafos, fotógrafos, analistas son los que toman en sus hombros la tarea de “llegar, ver, comprobar y comunicar”, recorrer la mayor parte del territorio tras lo relevante, los sucesos, hechos diversos, problemas que la población afronta.

O todos van sumisamente al matadero o rechazan los intentos de domesticarlos

Hay otro importante hecho: a las salas de redacción llegan o llaman muchas personas para contar, quejarse, pedir ayuda, de igual forma como toman el teléfono o escriben mensajes, o declaran a los periodistas sobre el terreno.

Las dictaduras solo operan censurando a la gente, a los informadores, a los críticos. Los atropellados, perseguidos, los que sufren, no cuentan con instancias para externar sus problemas; simplemente tienen que resignarse, dejar de ser personas para transformarse en números, peones, carne de cañón, los que tiran de las carrozas donde se pavonean los dictadores y sus secuaces…

La gente debe escoger entre irse directo al matadero o comenzar a cuestionar y oponer la dictadura que amenaza…

Utilizamos cookies y otras tecnologias para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web.

Política de privacidad