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Un jefe de policía exhibe el abuso y la prepotencia que el régimen infunde a la PNC

La gravedad de lo sucedido no es el hecho en sí —nuestro reportero ha vivido momentos muy difíciles en su vida, “viene de donde asustan”— sino que la dirección del cuerpo no se haya disculpado y al no hacerlo se convierte en cómplice de lo ocurrido

Por El Diario de Hoy |

Una bofetada le propinó un jefe policial de nombre Raúl Martínez Velásquez a nuestro reportero investigativo Jorge Beltrán cuando cubría el hallazgo del cuerpo de un joven estudiante desaparecido hacía pocos días. La agresión se produjo pese a que Beltrán estaba a más de 30 metros de distancia del cuerpo, no habían colocado cinta amarilla en la escena y las personas que estaban en la barranca eran quienes encontraron al desafortunado joven, uno más en lista de desaparecidos que el régimen siempre trata de trivializar.
Que se agreda a un periodista y casi se le hace caer desde un precipicio es un hecho que debe preocupar grandemente a todos en este país, pues nadie está seguro, desde hace rato, de no ser víctima de desplantes y agresiones de la soldadesca de régimen, como se sufre desde que Bukele asumió el poder.
Hace unas semanas un individuo, un loco, abofeteó al presidente de Francia, Emmanuel Macron…
Cuando la policía, funcionarios, allegados al poder se permiten insultar, amenazar, burlarse o perseguir a personas porque “les da la gana”, amanecieron de malas pulgas, la mujer los maltrató, es señal de que las cosas en un país andan mal, que está en proceso de “congolización”, de caer en la ley de la selva, donde manda el garrote.
Esta agresión se produce a pocas semanas de celebrarse el Día del Periodista y constituye un mensaje, que muy bien lo resume Daniel Lizárraga, periodista mexicano que fue expulsado del país: “Él (Bukele) cree que el periodismo es hacer propaganda. Él sería feliz si todos los días le dijeras todo lo bueno que es, lo bonito que está, todo lo bueno que está haciendo y no acepta que lo toquemos ni con un pétalo”.
Hay que recordar que el presente régimen se inauguró con el intento de captura de un fotoperiodista de EL DIARIO DE HOY en plena toma de posesión, el 1 de junio de 2019. Al no poder llevárselo, gracias a la oportuna intervención de la Procuraduría de Derechos Humanos, el escuadrón presidencial le obligó a borrar las fotos que había tomado. Este hecho da una idea de cómo esperaban actuar desde entonces.
La gravedad de lo sucedido ahora no es el hecho en sí —nuestro reportero ha vivido momentos muy difíciles en su vida, “viene de donde asustan”— sino que la dirección del cuerpo no se haya disculpado hasta ahora, y al no hacerlo se convierte en cómplice de lo ocurrido. Nos sorprendería que estén de acuerdo con esa clase de conducta que solo les desprestigia y genera desconfianza pública.
Aplausos para el agresor los hubo, entre ellos el de un corrupto politicastro que desde el primer día se sirvió con la cuchara grande colocando a media parentela como asesores legislativos pese a que éstos no cuentan con la capacidad para servir en tales posiciones, al igual que otro funcionario fogueado en arengar a masas contra las autoridades electorales e irrespetar fallos de la Sala de lo Constitucional legítima.

En vez de perseguir a periodistas la policía debe frenar los homicidios y desapariciones forzadas

Muchos piensan que en lugar de andar abofeteando y atropellando gente como ha sucedido desde que asumió el régimen, las fuerzas de seguridad deberían dedicarse a perseguir a criminales, pandilleros y extorsionistas, como es su deber, proteger a la población y no desdeñarla y burlarse de ella.
Es obvio que gente como el subinspector agresor no representa a todos los miembros del cuerpo sino a la parte peor, pues muchos agentes son serviciales, ayudan cuando pueden, protegen a quien requiere protección.
Jorge Beltrán es periodista, un fogueado periodista que se desempeña con profesionalismo, que no vacila en acudir a los lugares donde hay problemas y se sufre de acosos pues, como todo informador honesto, él es parte de los ojos de la gente, quien lleva a la colectividad la noticia de lo que sucede.
Y cubrir la tragedia del joven desaparecido es parte del quehacer diario, de la amarga faceta del oficio periodístico, que lleva a averiguar e informar de sucesos abominables, como fue, entre muchos, el asesinato de otra inocente joven, Flor.
Una muerte por asesinato, por violencia doméstica, como resultado de depredaciones pandilleras, es lo que debe unir en el rechazo, no en aplaudir a salvajes con botas y cachuchas…

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