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Premio Nobel a dos luchadores por la libertad de expresión

La Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) denuncia que de enero a la fecha se han registrado 193 casos de atropellos contra periodistas, entre ellos agresiones físicas y verbales, bloqueos al acceso a la información pública, restricción al ejercicio periodístico, declaraciones estigmatizantes y difamación, mayormente cometidas por funcionarios del gobierno y la Policía.

Por El Diario de Hoy |

El premio Nobel de la Paz ha sido otorgado a dos periodistas, María Ressa y Dmitry Muratov, por sus esfuerzos a lo largo de décadas para proteger el derecho a la libre expresión, a poder decir, opinar, señalar, denunciar, criticar, apoyar… lo que informadores, ciudadanos perseguidos quieran manifestar siempre y cuando se ciñan a las reglas propias del periodismo y a lo que la decencia dicta.
Tanto Ressa como Muratov han denunciado la propaganda falsa, las mentiras y tergiversaciones a las que echan mano las dictaduras para engañar, confundir y esconder hechos, crímenes y abusos que perpetran, lo que inclusive lleva a cerrar todo canal de expresión, como sucede en Cuba, en Corea del Norte y países como Irán y Afganistán, sometidos al yugo de fanáticos que oprimen a sus connacionales, abusan de las mujeres prohibiendo educarlas o manifestarse a favor de sus derechos, llegando inclusive al extremo de pretender retroceder sus sociedades más de mil quinientos años en el tiempo.
En Afganistán se dan dos crudas contradicciones: por una parte los talibanes, la expresión más cruda de la barbarie, pretenden aplicar la “sharia” a su manera, lo que les faculta para apalear y asesinar a quienes se les antoja, mientras por la otra se sostienen cultivando y procesando heroína y morfina, actividades que expresamente se prohíben entre los musulmanes al igual que el alcohol.
Ressa es la editora en jefe de Rappler, una publicación muy crítica del dictador filipino Rodrigo Duterte, que inclusive ha tenido la desfachatez de presentar como candidata para sucederle a su propia hija, con lo cual iniciaría una segunda dictadura hereditaria al estilo de la norcoreana. Ressa sigue informando de lo que ocurre en el país, corriendo riegos permanentes…
Muratov, por su parte y desde el siglo pasado, en 1993, viene dirigiendo el Novaya Gazeta, una publicación crítica de una dictadura ególatra y cruel que no ha vacilado en asesinar a opositores, como los disidentes rusos refugiados en Londres a quienes envenenaron con polonio.
Desde su fundación a la fecha, seis periodistas de Moraya Gazeta han sido asesinados, siguiendo los patrones de esa dictadura, ahora ensañada contra Alexei Navalny, un disidente que viene denunciando los abusos de Putin.
Tanto Ressa como Muratov enfatizan que la gente, en todo país, tiene derecho a estar informada, por una parte, y a hablar, opinar, denunciar, por la otra, pero todos están en el deber de ceñirse a lo que es propio y honesto, a no caer en las mañas y los vicios de sus opresores.

En muchísimos países hay censura, en otros hay persecuciones…

En nuestro El Salvador las coacciones y amenazas tanto a periodistas como a ciudadanos comunes, a profesionales y gremios, son muy conocidas, lo usual. La Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) denuncia que de enero a la fecha se han registrado 193 casos de atropellos contra periodistas, entre ellos agresiones físicas y verbales, bloqueos al acceso a la información pública, restricción al ejercicio periodístico, declaraciones estigmatizantes y difamación, la mayoría causadas por miembros de la Policía Nacional Civil y funcionarios del gobierno.
A los jueces que denuncian y combaten medidas como el retiro forzado de jueces mayores de 60 años, o abogados que hablan de abusos, se les persigue, se les traslada arbitrariamente y se les cita a declarar ante fiscales.
Reporteros sin Fronteras, una organización que defiende el derecho a la libre expresión, informa que en 73 países se sufre de censura total mientras en otros 59 la libertad de expresión y el derecho a la información están restringidos.
“De haber existido libertad de expresión en China”, agregan, “el mundo se habría alertado a tiempo sobre la pandemia, sofocando el foco y evitando la terrible mortandad y desastre causados…”.

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