Cómo una abogada de Zimbabwe alimenta al día a más de mil personas

En El Salvador se afronta un problema similar al que encaró Samantha Murozoki en Zimbabwe: cómo se puede repartir comida a los centenares de miles de familias que están afrontando hambre, que con frecuencia terminan el día tomando un “consomé” de pastilla.

Por El Diario de Hoy

Jun 22, 2020- 21:00

Samantha Murozoki, una abogada de Zimbabwe y madre de dos niños, tiene un programa personal para dar un preparado como puré (maize, porridge) a casi mil personas por día, todas ellas sus vecinos junto a los cuales creció y, que antes, con frecuencia, se acostaban sin haber comido nada.

Samantha comenzó dando una porción de ese atol espeso a su  vecino inmediato que no tenía nada para comer. Pero poco a poco al inicio hasta que centenares y centenares de niños y adultos se ponían en fila para obtener lo que sería su comida del día, su obra comenzó a ser apoyada por diversos grupos.

Samantha cuenta que en un principio vendió cosas suyas “que no eran indispensables” hasta lo que hace hoy en día: repartir  comida desde temprano por la mañana hasta cerca de las ocho de la noche.

Zimbabwe sufre de malas cosechas y desnutrición, en parte a causa de que el país estuvo regido por Roberto Mugabe, un exterrorista, cabecilla de los MauMau, que no tenía la capacidad ni de propiciar el desarrollo de su país ni de asesorarse por grupos que  habrían contribuido a superar las endémicas lacras de la nación.

Zimbabwe era conocida como Rhodesia, una nación creada por Cecil Rhodes.

Gran parte de la pobreza en África, al igual que en nuestra América, se deriva del desinterés de muchos de sus gobernantes para aplicar fórmulas que propicien del desarrollo. Y en el caso de El Salvador el calamitoso estado de nuestra agricultura se deriva de las reformas que Duarte fue forzado a implantar en los años 80, sin oponerse para no perder su presidencia.

El esquema fue impuesto por intermedio de un tal Prosterman, a consecuencia del cual las tierras más productivas del país se entregaron principalmente a jornaleros, no a campesinos ni menos a pequeños agricultores, que en cuestión de semanas  robaron cosechas, asaron en barbacoas ganado reproductor, devastaron muchas zonas.

En la India, las hambrunas que se dieron a lo largo de décadas fueron consecuencia de las políticas impuestas por Śrī Pandit Jawāharlāl Nehru, socialista a ultranza.

De tales sectas se puede decir lo que Atila el Huno alardeaba:  donde mi caballo pone los cascos, no vuelve a crecer la hierba.  Igual ocurrió  en los tiempos de Duarte: donde el caballo de su superministro puso los cascos no ha vuelto a crecer la hierba….

Qué absurdas son las disposiciones de LACAP,  piensa el actual régimen: coartan su libertad

En El Salvador se afronta un problema similar al que encaró Samantha Murozoki en Zimbabwe: cómo se puede repartir comida a los centenares de miles de familias que están afrontando hambre, que con frecuencia terminan el día tomando un “consomé” de pastilla.

Lo más lógico es contratar a fabricantes de alimentos empacados (que en su momento despectivamente el régimen los descalificó como productores de “churritos”) para que empaquen tortillas y frijoles y de ser posible queso y  esto lo distribuyan grupos cívicos  para evitar que se haga fiesta con los dineros de la Nación.

El régimen muestra continuamente una profunda antipatía,  un visceral rechazo, a las restricciones de la ley LACAP, sin duda considerándolas un cerco a las iniciativas del Ejecutivo, una  restricción a su acertado escoger “lo más mejor” para los pipiles, como  acabamos de ver en el último contrato del MINSAL: compraron  equipos  médicos a  una firma española especializada en repuestos de vehículos, lo que encaja con encargar a veterinarios montar la protección contra el coronavirus…

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