No tiene precio la vida de dos jóvenes muertos por causa de un cafre

En el berenjenal de disparates, absurdos y truculencias que complican y ensucian las leyes de nuestro país, las “conciliaciones” son una de sus más lustrosas barbaridades

Por El Diario de Hoy

Sep 12, 2019- 18:56

El conductor que causó la muerte a dos hermanos, al chocar el vehículo en que viajaban, no logró “conciliar” con los parientes de las víctimas, lo que comprueba el sentido de honor y dignidad de esa familia, además de lo grotesco de esa disposición penal, la de poner precio a vidas humanas para que delincuentes escapen de la cárcel.

En el berenjenal de disparates, absurdos y truculencias que complican y ensucian las leyes de nuestro país, las “conciliaciones” son una de sus más lustrosas barbaridades, pues aunque se alegue que el conductor no iba en pleno uso de razón por estar borracho, esto no quita las muertes y perjuicios que ocasionan.

Eso es como cuando una jueza de menores quiso obligar al padre de una niña violada a “conciliar” con el agresor, como si la honra y el trauma de la víctima por el daño tuvieran precio. Sí, eso fue aquí en El Salvador con la nefasta Ley del Menor Infractor.

Hasta donde sabemos, en la mayoría de países “conducir bajo la influencia” de drogas, entre las que se cuenta el alcohol, no exonera a nadie de ir a la cárcel.

El monstruo que mató a machetazos a un niño de nueve años dijo al juez que lo hizo “estando bolo”, pero no habrá —o esperamos que no haya— ningún juez en este suelo que permita qué tal atrocidad pueda “conciliarse”.

Tal como son las leyes, el juez permite que la “conciliación” entre las partes sea “voluntaria”, en vez de intervenir cuando a pobres gentes les ofrecen tres o cuatro mil dólares por la muerte de uno de los suyos.

Lo procedente sería que el juez valore los aportes con que la víctima contribuía a su familia, a su comunidad, a su país, además de sentar precedentes de que conducir borracho no es un delito “negociable”, a menos que se trate del quinto mundo en el cual nos han sumido.

Tampoco se vale disparar a la primera porque alguien se pasó un retén

Retenes, patrullajes para detener a individuos que conduzcan a alta velocidad y de manera errática, pruebas de aliento, etcétera, son necesarios para proteger a transeúntes o conductores de salvajes al volante, lo que tampoco significa que van a dispararles a los que por una u otra causa no se detienen, como sucedió hace muy poco y que debe llevar a la cárcel al homicida, pues la persona que murió no tenía antecedentes penales y deja a una esposa y dos muchachitos en el desamparo.

Para burla para la familia y para todas las personas de bien en nuestro país, el juez que ventila la causa ha dispuesto que el policía agresor sea “procesado en libertad”, lo que implica que posiblemente no lo destituyan pese a ser un homicida y haber abusado de su autoridad.

Mucha falta hacen en nuestro país campañas para disuadir a conductores de manejar en estado de ebriedad, como la clásica frase de “si tomas, no conduzcas”, además de multar a dueños de bares, vigilantes o hasta amigos de un borracho, por no alertar a la policía de un ebrio que toma el volante. Si están ebrios pueden tomar un taxi, pedir a otro que los lleve, lo que sea necesario para no exponer a acompañantes ni exponerse a sí mismos.

El desorden en que nos encontramos se refleja en la irresponsabilidad general.

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