Al acecho de sociedades ordenadas y pacíficas, las hordas de bárbaros que pretenden saquearlas

El demagogo se da a la tarea de “comprar votos” ofreciendo a masas de incautos “el oro y el moro”

Por El Diario de Hoy

Sep 09, 2020- 18:51

Cuando se formulaban las bases de la Constitución de Estados Unidos un grupo de hombres cargaba a Benjamín Franklin por el problema de su gota, lo que llevó a una señora a preguntarle “qué había hecho para estar así”, a lo que este hombre extraordinario le contestó “una república, si ustedes pueden cuidarla”.
Cuidarla de demagogos, de conjuras, de demencia colectiva, del odio organizado, como sucede en estos momentos en Estados Unidos y pasó en Alemania con Hitler, en Italia con el fascismo y en Rusia con el comunismo.
Al poco tiempo de fundada la República surgió el primer demagogo, Aaron Burr, a quien Alexander Hamilton, uno de los grandes visionarios de su época —una época desbordante de genios y grandes estadistas— le reprochó su demagogia.
Burr retó a duelo a Hamilton, lo mató pero también con ese crimen se hundió en la infamia.
Los demagogos han sido, como lo expone Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas”, el equivalente de los bárbaros que irrumpen sobre sociedades organizadas, como sucede urbi et orbi, en el mundo entero y se expone en toda su repugnante dimensión con lo que está sucediendo en España con Pedro Sánchez y sus aliados de Podemos y los comunistas vascos.
El demagogo se da a la tarea de “comprar votos” ofreciendo a masas de incautos “el oro y el moro”: mejorará sus vidas, creará empleos, otorgará subsidios, va a distribuir sin costo esto y aquello, como el “buen vivir” del Profe Sánchez, buen vivir pero para ellos, como el buen vivir de la argolla de Bukele, también solo para ellos.
En los Estados Unidos en estos momentos hay un desborde de ofrecimientos: se va a procurar “la igualdad”, subir salarios, compensar a los afroamericanos por “las injusticias” de la esclavitud, las que sin duda las hubo pero que siguen dándose en África con las mortales luchas entre etnias, hambrunas, canibalismo…

Prometen “justos repartos” para embolsarse la mejor parte

Prometer, se dice desde siempre, “no cuesta nada”. Lo muy, muy difícil es cumplir. Prometer sin tregua ni descanso es el oficio de los politicastros.
“Prometer, prometer, prometer” es lo esencial de las campañas de imagen del régimen dirigidas a los incautos.
La pregunta válida es ¿qué prometen?
¿Prometen acaso repartir sus bienes, el botín amasado, la asistencia recibida de los obispos holandeses o del gran hermano del Norte?
Nada de eso. Lo que prometen es o “una mejor distribución de la riqueza” como si tal cosa fuera posible sin desquiciar el empleo y el bienestar de la población, o prometen que el dinero de los préstamos que se reciben va a darse a “el pueblo”.
Lo que ofrecen es usar los impuestos que paga la gente para “programas sociales” también dirigidos a la gente, lo que equivale a repartir en otra forma a lo ya establecido: usar recursos de la gente pero quedándose con una buena tajada, lo que está sucediendo bajo las narices de todos.
—las campañas de imagen se efectúan en provecho de la argolla pero con dineros públicos;
—los hospitales, “obras de beneficio”, etcétera, se hacen con dinero de la gente pero embolsándose una parte.
Los préstamos los tiene que pagar la población, pero se usan en provecho de la argolla…
Despertaos, queridos connacionales, os están desplumando hasta el pellejo…

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