Los dedazos: camino a riquezas, pero desgracia de los pueblos

Tal situación obliga a que, en defensa de los dineros de la gente, ganados con el sudor de sus frentes en condiciones tan duras como las que sufre nuestro país, los asuntos se arreglen “ahora mismo”, que no se permita que impere la “ley del dedazo”.

Por El Diario de Hoy

Feb 28, 2020- 04:28

Los “dedazos”, favorecer al chero, al que ofrece dádivas, al que coloca dineritos en cuentas externas, es una inveterada maña en nuestra América y muchas partes del mundo.

Las compras y contrataciones estatales no siempre se hacen al mejor postor, al vendedor con buenos antecedentes, al fabricante más calificado, sino al que corrompe, al que infla precios para poder dar una parte al comprador, usualmente un funcionario o presidente de un país.

Esa fue la forma de operar del brasileño Odebrecht, ahora condenado a diecinueve años de cárcel en su propio país y que logra pequeñas reducciones en su condena delatando quiénes fueron los “beneficiados” con sus coimas, uno de ellos, por cierto, el expresidente Alejandro Toledo del Perú, a quien le espera una extradición ordenada por las autoridades de su país.

Las cuantías que puede amasar un mandatario son enormes. Un diácono católico ha denunciado que los grandes botines con frecuencia van a parar al Banco Vaticano, que se rige por las leyes del Estado Pontificio y por tanto queda fuera de las indagatorias que hagan investigadores de cualquier parte del mundo, incluyendo Italia.

“En tal banco”, revela, “han depositado Santos de Colombia, la Bachelet, corruptos de todas las nacionalidades…”.

Es obvio que los pequeños dictadores como Ortega o los Castro no tienen acceso; tales déspotas se las arreglan como pueden, pues hay muchas islitas en el Caribe donde operan bancos a salvo de pesquisas.

Lo importante es que en cada país se vigilen las compras y adjudicaciones no solo de las presidencias, sino de alcaldías y gobernaciones.

Tal es la función primordial de la ley LACAP, la que han venido intentando desconocer o abolir los cleptoregímenes pasados e inclusive en los actuales tiempos. La postura es de “papá sabe mejor que nadie lo que debe comprarse o alquilarse”.

Como ejemplo, la compra de buques y aviones debe justificarse ante la legislatura para luego proceder a escoger quiénes, siguiendo procedimientos transparentes, serán los beneficiados, al igual que la adjudicación que hizo la Alcaldía Capitalina para las videocámaras pero donde el oferente tiene antecedentes de incumplimiento y ser poco confiable.

¿Quiénes pagan las pomposas vidas? Todos nosotros los salvadoreños

El procedimiento usual es que los funcionarios esquivan controles para que más tarde, cuando nadie puede revivir al muerto, la Corte de Cuentas rinde sus dictámenes.

Los que han caído en pecado se manejan muy bien recurriendo a instancias donde sus problemas van a dormir en paz por los siglos de los siglos. Si multan a una funcionaria por abusos, ella no se desvela ni un segundo, pues sabe dónde acudir para que las cosas se inmovilicen hasta que San Juan baje el dedo, cuando ella misma de seguro va a gozar de la paz del Señor, ya que la ley no fija plazos para que se emitan dictámenes.

Tal situación obliga a que, en defensa de los dineros de la gente, ganados con el sudor de sus frentes en condiciones tan duras como las que sufre nuestro país, los asuntos se arreglen “ahora mismo”, que no se permita que impere la “ley del dedazo”.

Los buenos ciudadanos deben unirse para ir erradicando las dolosas prácticas del pasado, los encubrimientos, como en el caso de quien financió el viaje de Osiris.

¿Saben quién? Ustedes, queridos connacionales…

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