Desde hace dos años se anunció lo que iba a perpetrarse en el país

Como si de cumplir un sueño se tratara, Bukele hizo lo que anunció en 2018: militarizó la Asamblea Legislativa, neutralizó a la seguridad privada, entró con tropas y presionó a los diputados por un préstamo

Por El Diario de Hoy

Feb 13, 2020- 18:53

En noviembre de 2018, en un mitin en la Universidad Nacional durante su campaña electoral, Bukele anunció su idea de militarizar la Asamblea Legislativa, casi exactamente como lo hizo el domingo anterior. En esa ocasión dijo:
“Por primera vez tendrán a un presidente de la República marchando con ustedes hacia la Asamblea Legislativa… Así se construye poder popular…”.
“Una vez en la presidencia de la República, ¿a quién nos van a lanzar para detenernos? A la UMO, a la Policía, al Ejército… No, señores. Ellos van a marchar con nosotros, ellos nos van a proteger a nosotros, porque todos ellos son comandados por el Presidente de la República y Comandante General de las Fuerzas Armadas”.
“¿Qué les va a quedar? ¿Los custodios de la Asamblea? Pues le quitamos el permiso a la empresa de los custodios en la Asamblea… No van a tener quién nos detenga…”.
Todo esto se cumplió casi al pie de la letra, como siguiendo el guión de un sueño acariciado desde entonces para doblegar al Poder Legislativo como operan los regímenes de facto.
Solo los incautos creen que los sucesos últimos son producto de un desatino momentáneo, de no medir bien las aguas, pero, con lo sucedido, para muchos queda al descubierto una intención de montar una dictadura.
El temor que prevalece es que el fallido intento de golpe puede repetirse a menos que se abran procesos para dilucidar la gravedad de lo actuado por jefes militares y policiales y demás funcionarios del gobierno, como ya ha comenzado a hacer el Fiscal General de la República.
A la profanación del recinto legislativo, que es un pisoteo a la República y la institucionalidad, se sumó el llamado a la “insurrección general”, lo que es un acto de sedición muy grave, al decir de juristas y especialistas en Derechos Humanos. Serían impredecibles las consecuencias de un motín apoyado por fuerzas militares “preparadas para defender con sus vidas al señor presidente” y en abierta violación al mandato constitucional sobre el papel apolítico y no deliberante del Ejército y la Policía.
En esas condiciones, la degollina de opositores al régimen, de críticos, de políticos “no alineados”, de transeúntes que por casualidad se encuentren en medio de disturbios, es la terrible amenaza sobre nuestro país, como se ha visto en Chile, atacado por contingentes criminales alineados con la narcodictadura venezolana.

La alternativa a la democracia siempre son aberrantes despotismos

Volvemos a la clásica advertencia: el precio de la libertad es la vigilancia eterna, proteger la institucionalidad de una nación, defender los pesos y contrapesos al poder y, por encima de todo, la libertad de expresión, que es la que tutela al resto de libertades.
No existe dictadura que permita la existencia de medios informativos libres, que deje a los ciudadanos decir lo que piensan, como es el caso de Cuba y sucede bajo la narcodictadura venezolana: el opositor es perseguido, vapuleado, apresado y con frecuencia “desaparecido” como hacen las pandillas criminales con tantas personas inocentes.
Cuando no hay contrapesos al poder y no se hace nada para liberar naciones de oprobiosas dictaduras, los que oponen, critican o no se someten a un régimen son víctimas de los peores atropellos, como el sufrido por Juan Guaidó a su regreso a Venezuela: fue vapuleado por esbirros de la narcodictadura, en tanto que su tío fue “desaparecido” y por la presión internacional ya lo presentaron pero acusándolo de transportar “explosivos”.
De allí lo disparatado de la postura de tantos regímenes hipócritas en el mundo actual, pidiendo “una solución pacífica y democrática” a la crisis venezolana, como si el brutal grupo de narcos en el poder está para tolerar elecciones “libres” en Venezuela y, para el caso, en Nicaragua y Cuba.
“Cuando veas afeitar a tu vecino, pon tus barbas en remojo…”. Es lo que debemos los salvadoreños de bien hacer ahora, pero más que “poner las barbas en remojo” y dejar que nos afeiten a todos sin jabón, hay que salir adelante e impedir que los atropellos que hemos presenciado sean siempre amenaza.

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