Nuestros Próceres se decantaron por la libertad el 5 de Noviembre de 1811

La libertad no coexiste con la dictadura, con las mordazas, con la sinrazón, con la bestialidad.

Por El Diario de Hoy

Nov 04, 2020- 18:46

El 5 de Noviembre de 1811, el padre José Matías Delgado encabezó desde la Iglesia de La Merced el primer movimiento independentista de Centroamérica frente a la Corona Española, apoyado por Manuel José Arce y los padres Aguilar, entre otros patriotas.
La gesta, denominada como el Primer Grito de Independencia de Centroamérica, inició el proceso de resistencia y levantamientos para la liberación definitiva del Istmo, alcanzada el 15 de Septiembre de 1821, no sin antes significar la cárcel, el exilio y la muerte de próceres como Santiago José Celis y Pedro Pablo Castillo.
Se trató de una emancipación forzada por la cruel dictadura de Fernando VII de España, un despotismo que perpetraba persecuciones y asesinatos en su propia nación.
La pobre categoría de la Casa Reinante española de entonces se exhibe en el retrato de la familia real pintado por Goya y expuesto en el museo del Prado, obra que justificadamente irritó a Carlos IV.
Los ideales que inspiraron a nuestros Próceres provenían del esclarecimiento europeo de entonces, de la Revolución Francesa y de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, el mismo ímpetu libertario que llevó a Bolívar, a José de San Martín, a Bernardo O’Higgins, a Morelos, a batallar y lograr la independencia del resto de América.
Las doctrinas de Montesquieu, el pensador francés que estableció la separación de poderes y sus pesos y contrapesos, contribuyeron grandemente a formar las nuevas repúblicas en América.
La fulgurante gesta de ese 5 de Noviembre reafirmó la vocación libertaria de los Padres Fundadores, su rechazo a los despotismos, su deseo de lograr una pacífica y constructiva convivencia entre los ciudadanos de las nuevas repúblicas. La liberación de los esclavos fue una esencial faceta del movimiento, medio siglo antes de Lincoln.
Desde ese instante proteger la libre expresión fue un esencial cometido, pues declararse independientes de España, integrarse con los pueblos libres de América es solo posible cuando entre los interlocutores el intercambio de ideas, la reflexión, el debate no sufre restricciones, no hay cortapisas.
El impulso se dio pero las conjuras, el populismo, la debilidad de las instituciones condujo a despotismos, lo que suscitó renovadas luchas para restablecer libertades esenciales.
En nuestro suelo “cuarenta y cuatro” santanecos derrocaron la dictadura de los Ezeta, como medio siglo más tarde una huelga de “brazos caídos” derrumbó al sangriento brujo general Martínez. Martínez cayó pero no antes de fusilar a los que encabezaron un levantamiento contra él, uno de los más negros episodios de nuestra historia.
Más adelante, cuando el expresidente José María Lemus pretendió reelegirse, el Ejército lo destituyó y lo envió al exilio.

Todos debemos defender nuestra democracia, oponernos a enloquecidas dictaduras

La libertad no coexiste con la dictadura, con las mordazas, con la sinrazón, con la bestialidad.
Nadie, en la época contemporánea, pretendió erigirse en dictador, pisotear el Orden de Derecho, desobedecer fallos de la Corte Suprema, saquear sin límites, agredir al periodismo independiente, amenazar, insultar, descalificar grupos y personas que no se someten a sus desmanes.
Desde la caída de Martínez y pese a algunas presidencias autoritarias, la Democracia como sistema de gobierno fue respetada, al igual que la dignidad del ciudadano común. Nadie pretendió abolir las cláusulas pétreas de nuestra Constitución, el sistema de gobierno, los pesos y contrapesos institucionales.
Los buenos ciudadanos, la gente honesta en este suelo, deben unirse para rechazar los intentos de montar una dictadura, que para muchos y por denuncias de observadores internacionales estaría vinculada a siniestros personajes, con las infernales consecuencias que eso lleva consigo: una dictadura capaz de fusilar y torturar.
El esfuerzo debe ser defender la democracia, nuestras libertades, la decencia en el ejercicio del poder.

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