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Cien años de vida cumplen Almacenes Siman

El consorcio Siman asemeja, en esencia, a una gran orquesta sinfónica que, con armoniosa y titánica dirección y ejecución, conjuga los sueños, las buenas iniciativas, los esfuerzos y la noble labor de muchos aquí y en el mundo, para crear hermosas obras.

Por El Diario de Hoy |

Las grandes realizaciones, los nobles y significativos avances que benefician a los pueblos, siempre inician con sueños y van asentándose a través del esfuerzo, el buen servicio, la constante superación.

El ocho de diciembre el consorcio Siman, sus icónicos almacenes, cumplió un siglo de existencia, después de que don José Jorge Siman y su esposa Natalia, oriundos de Palestina, la tierra donde nació Nuestro Señor Jesucristo, fundaron su primera tienda de telas en un espacio de cincuenta metros cuadrados, contando con un solo colaborador.

Hoy en día, lo recuerda don Ricardo Siman, la empresa se asienta en doscientos cuarenta y siete mil metros cuadrados y cuenta con siete mil colaboradores en cuatro países, destacándose por la excelencia del servicio, sus magníficas ofertas y el respaldo que ofrecen a sus clientes.

Hay mucho en todo afán humano, que se basa en ensayar, descartar lo que no crece, ir por el sendero que ofrece la mejor perspectiva.

En toda odisea empresarial, que son siempre una amalgama de sueños, realidades y metas, destacan siempre el buen servicio, la calidad de lo que se ofrece al público comprador, la permanente innovación.

Padres de una familia devota y dedicada a hacer el bien, Don José y su esposa muy pronto contaron con el apoyo de sus hijos, lo que siempre lleva a los consejos familiares, a analizar, evaluar si se dispone de los recursos, echar mano de financiamientos, ir “construyendo nuevos caminos”, noveles maneras de servir a un país.

El siguiente gran paso, en 1970, fue el establecimiento de la primera tienda por departamentos en El Salvador, en un amplio edificio de seis pisos y parqueo de varios niveles, que tuvo las primeras escaleras eléctricas y aire acondicionado, innovaciones que encantaron al público, a los compradores y clientes de Almacenes Siman.

Siman era el oasis donde los capitalinos tenían facilidades para adquirir ropa y calzado, electrodomésticos, música e instrumentos y otros artículos para facilitar y modernizar sus vidas y las de sus familias. Poco a poco fue expandiéndose hasta fundar más tiendas con el mismo concepto, como Metrocentro, Galerías, las sucursales en Santa Ana y San Miguel, La Gran Vía y luego hacia Centroamérica.

Muchas de las empresas de aquellos tiempos ya no están con nosotros, pues no pudieron adaptarse o sus fundadores no tuvieron una descendencia capaz de enfrentar los retos. Como nos dice una persona que recuerda el San Salvador de antaño, El Chichimeco, Avelenda Hermanos (que se especializaba en la oferta de juguetes navideños), el Almacén París Volcán, El Siglo, Kismet... son memorias vagas.

Otras, por el contrario, tomaron nuevas sendas...

Quien esto escribe tuvo el privilegio de tratar a don Abraham Siman, un visionario que participó en algunas de las significativas innovaciones.

Los esperamos ver tan lozanos dentro de otros cien años

Toda empresa es parte de los engranajes productivos de un país y, en cierta medida del mundo, lo que une a un almacén con sus proveedores, sus clientelas y el apoyo de los que son la sociedad, el pueblo, compuesto por todas las clases que se benefician con la permanente innovación, la demanda de servicios, el buen ejemplo.

Un gran almacén compra lo que otros producen, con lo que en una forma u otra, todos los pobladores contribuyen a lo que se dispensa.

Con alegría, satisfacción, don Ricardo señala que en sus establecimientos o en las compras que se ofrecen en la web, cien mil distintos artículos y servicios están al alcance de todo publico.

¡Cien mil! Para fabricar, ensamblar, empacar, transportar, embodegar y luego, a la inversa, desembodegar, exhibir, entregar... otro “gentillal de gente” participa, a los que deben pagarse sus servicios, atender sus demandas y reclamos cuando los hay, tener un cuerpo de contadores y sistemas de pago que estén lubricando esa enorme maquinaria generadora de bienestar.

El consorcio Siman asemeja, en esencia, a una gran orquesta sinfónica que, con armoniosa y titánica dirección y ejecución, conjuga los sueños, las buenas iniciativas, los esfuerzos y la noble labor de muchos aquí y en el mundo, para crear hermosas obras.

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Historia Contemporánea Historia Salvadoreña Opinión Ricardo Simán SIMÁN

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