Le dijeron que iban a proteger a su mamá pero nada hizo la policía política

El régimen sigue ufanándose de que disminuyen los homicidios, pero hechos como el narrado se repiten, las pandillas siguen cobrando las vidas de jóvenes y trabajadores y la violencia y la inseguridad continúan siendo la constante en esta tierra.

Por El Diario de Hoy

Mar 16, 2021- 21:01

“Mi madre puso una denuncia para evitar que este hombre le hiciera algo y las autoridades le dijeron que le darían protección, protección que nunca llegó…”, dice Katherine al llorar la muerte de su madre, María Guadalupe, a manos de su compañero de vida en la colonia Buenos Aires 2, en Nahuizalco, Sonsonate.

Es desgarradora la queja de la joven que perdió a su madre, pero lo que debe preocupar a la gente en nuestro país es que en las dictaduras la función de la policía, de las fuerzas de seguridad, no es cuidar y velar por la población sino estar al servicio del aspirante a sultán vitalicio, lo que conduce a tragedias de toda naturaleza.

Habría sido muy del caso que el juez y la policía de Sonsonate le advirtieran de las consecuencias graves de sus amenazas y le prohibieran acercarse a la víctima para que el feminicida cobrara conciencia de que asesinar a la joven señora iba a acarrearle muy amargas consecuencias. Él terminó suicidándose.

El régimen sigue ufanándose de que disminuyen los homicidios, pero hechos como el narrado se repiten, las pandillas siguen cobrando las vidas de jóvenes y trabajadores y la violencia y la inseguridad continúan siendo la constante en esta tierra.

La seguridad de la gente no es prioridad, sino consolidar una policía política, una guardia pretoriana más preocupada en proteger y cumplir los caprichos del monarca que en salvaguardar las vidas de los salvadoreños.

¿Es que El Salvador va camino de transformarse en otra Nicaragua?

Lo que está sucediendo lo debemos, en gran parte, al expresidente estadounidense Donald Trump, que dio alas al aspirante a sultán vitalicio, vía su embajador de entonces, dejando al país en un lodazal social, político, institucional y moral, del que no vamos a salir con regañitos, de igual forma como lo de Nicaragua, Cuba, Venezuela, Bielorrusia, Turquía y en los últimos días Birmania, rebautizada como Myammar, que está masacrando impunemente a su población, no va a resolverse vía condenas contundentes de las Naciones Unidas y de las naciones libres del mundo.

Putin, el envenenador, ha confinado al disidente Navalny a un campo de concentración para destruirlo como persona, muy indiferente a los “regañitos” de la Unión Europea y del mundo civilizado, como de igual forma los bolivianos, que descerebradamente votaron por el partido “hacia el socialismo” de un secuaz de Evo Morales, ha apresado a la expresidenta Jeanine Añez y miembros de su gabinete acusándolos de “terrorismo” y otras lindezas, pese a los airados “regañitos” de la llamada “comunidad internacional”.

Los enemigos de la libertad son sus propios, infernales carceleros

Cuando Estados Unidos enviaron a un comando de Navy Seals para despachar a los infiernos a Osama bin Laden, refugiado en Pakistán con la anuencia de su pestífero régimen, estaban muy claros de que “los regañitos” no eran la solución, de la misma forma como el presidente Biden ordenó bombardear una base en Iraq desde donde atacaban con misiles instalaciones militares en que participaban efectivos estadounidenses. Lo hicieron muy conscientes de que “los regañitos” no resolverían nada.

Un detalle clave sobre la eliminación de Bin Laden es que el cadáver, al que metieron en una jaula para que cayera el fondo de los océanos, se lanzó en el océano Índico, para evitar convertir su tumba en un lugar de peregrinación de enloquecidos…

El aspirante a sultán vitalicio se siente muy seguro, invulnerable, en su búnker, lugar que es también su cárcel, lo que le augura un futuro de infernal aburrimiento dada la pobrísima calidad humana de los secuaces que le rodean…
Los enemigos de la libertad, encarnizadas fieras, son sus propios verdugos, como los enajenados mentales que ostentan el poder en Corea del Norte, los hermanitos loquitos…

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