La desigualdad surge de conductas, no de discriminaciones

La igualdad no se logra reformando cuerpos policiales, sino ocupándose de que las nuevas generaciones crezcan como personas capaces, libres de odios, de racismo, de intolerancia, de malos hábitos, de indisciplina, de agresividad, indistintamente de la etnia a que pertenezcan.

Por El Diario de Hoy

Jun 10, 2020- 20:46

Las protestas, desórdenes, saqueos y destrucción que tienen lugar actualmente en Estados Unidos, tras la muerte de un afroamericano a manos de un policía que está siendo procesado por el crimen, se lanzan en nombre de la igualdad y equidad entre los distintos grupos étnicos que conforman la sociedad, lo que en un mundo profundamente diversificado resulta utópico, inalcanzable.
La diversidad no solo es inevitable sino necesaria, como lo demuestra el anquilosamiento, la petrificación que se da bajo teocracias como la iraní y entre sectas al estilo de los amish, que rehúsan incorporarse al mundo contemporáneo, o las que impiden que a sus enfermos les hagan una transfusión de sangre.
La igualdad no se logra reformando cuerpos policiales, sino ocupándose de que las nuevas generaciones crezcan como personas capaces, libres de odios, de racismo, de intolerancia, de malos hábitos, de indisciplina, de agresividad, indistintamente de la etnia a que pertenezcan.
Los padres están en la obligación de ver que sus hijos estudien, no caigan en vicios, no acosen a sus compañeros, no hagan bullying, que puedan luego sostenerse en ocupaciones honestas.
Cada familia debe asegurarse de que sus hijos no se reúnan con vagos, con pandilleros, con traficantes, de la misma forma como vigilan los programas que ven y que oyen, o se ocupan de su seguridad después de que salen de escuelas o institutos, tanto niños como niñas.
Cuando más y más familias consigan formar así a sus hijos, menos discriminación habrá.
Hay en todo esto una realidad innegable: policías, patrulleros, detectives, fiscales existen para proteger a la gente, a la sociedad, de hampones, mafiosos, traficantes de drogas, corruptos. Detener y registrar a individuos preventivamente es proteger a potenciales víctimas, procedimientos que se aplican antes de abordar trenes y aviones. Para reducir la amenaza de acuchillamientos en Londres y París, las autoridades vigilan los movimientos de sujetos con aspecto levantino, como acá a los que llevan tatuajes de pandillas.
Pero no se justifica el exceso de la fuerza contra nadie, como lo ocurrido a George Floyd en Mineápolis, a menos que sea en defensa propia o de otras personas.
En estos momentos ha faltado un mensaje conciliador de parte del Ejecutivo de Estados Unidos, que a la vez de condenar abusos contribuya a que retorne la calma totalmente.

Siempre hay sicópatas en la sombra como en el caso de los feminicidios

La hija de Martin Luther King, la persona que luchó para acabar con la discriminación forzada en su país, dice sentirse frustrada por la tergiversación que se hace de mucho que dijo su padre, sobre todo al decir que las revueltas son el mensaje de los sin voz, no porque las justifique sino para explicar su origen.
En los Estados Unidos, dijo King, podemos escoger entre un estado de confrontación permanente o uno de coexistencia pacífica, donde las personas no sean juzgadas por el color de su piel sino por su carácter, por lo que son, por sus logros.
Bien lo dijo una alcaldesa española: estoy donde estoy no por ser mujer, sino por ser capaz, por ser honesta. En igual forma como en la Biblia se dice que “pobres siempre habrá entre vosotros” —pobres a los que en alguna forma debemos ayudar cuando sea posible—, también malvados, sicópatas, homicidas, pederastas estarán en la sombra, a la espera del momento para delinquir, como en tantos casos de feminicidios que enlutan a los salvadoreños.

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