Deniegan el arresto domiciliar a Rank pero no tocan a peces gordos

La “justicia” es, en nuestro suelo, incierta, gelatinosa o en algunos casos descaradamente cómplice en los desmanes que una clase de demagogos perpetra, los mismos que hablaban de justicia y depuración del sistema judicial y que por eso nos llevaron a la guerra.

Por El Diario de Hoy

Nov 27, 2019- 17:46

Los tribunales que llevan la causa contra los implicados en el saqueo perpetrado por Tony Saca rehúsan decretar arresto domiciliario a favor de Julio Rank, pese al obvio deterioro de su salud.
Dentro de una cárcel, aun en las celdas donde están los implicados en ese saqueo, es casi imposible que un enfermo como Rank, quien fue Secretario de Comunicaciones de la Presidencia, pueda superar los males que sufre en la actualidad.
Lo que repugna en todo lo que viene sucediendo desde que Saca perdió la sensatez y metió mano en los cofres de la Nación es que culpables de crímenes más graves, gravísimos, andan libremente, sin estar ni siquiera encausados, comenzando por los que fraguaron y llevaron a cabo el robo de los fondos de pensiones, un saqueo que ha dejado a millones de salvadoreños frente a un futuro de pobreza al jubilarse.
Libres andan esos ladronazos, como libres están los que fraguaron y llevaron cabo asesinatos de personas honestas, libres los que destruyeron lo que con tanto esfuerzo y sacrificio se levantó en este país.
Estas asquerosas realidades arrojan una sombra espesa sobre la aplicación de la ley en nuestro país, lo que es una señal del más descarado prevaricato imaginable: se arremete con toda crueldad contra unos mientras a otros se les favorece sin tan siquiera “echarles una miradita”, incluyendo la mortandad (más de setenta mil muertos) causada por la guerra sobre El Salvador.
La ley se debe aplicar parejamente a todos —“o todos en la cama o todos en el suelo”—, no emprenderla a garrotazos contra un grupo y ni siquiera iniciar indagatorias sobre los asesinatos, secuestros, extorsiones y difamaciones de los que creyeron tener licencia para arrasar con todo, incluyendo al autor del magnicidio contra el excanciller Borgonovo y otras personalidades.
Se ha llegado al extremo de que los efemelenistas descaradamente propiciaron la fuga de Funes, acusado del saqueo de 351 millones de dólares de todos los salvadoreños en el primer gobierno del FMLN y al que con meneos de toda clase evitan que se entregue a la justicia de nuestro país. Y no pasa nada.
Aplican la ley en El Salvador según las filiaciones políticas
Cáceres, el señalado del saqueo en los fondos de pensiones por el economista Mauricio Choussy, sigue hasta el momento como “embajador” en México después de pedir que lo mandaran a “descansar” en ese puesto y pese a que los mexicanos nunca nos han hecho ninguna barbaridad como para montarles a los dos últimos embajadores que se nombraron allá.
Valiéndose de la elasticidad como los encargados “de impartir justicia” aplican las leyes es que llevaron a la muerte a Francisco Flores y, de nuevo, facilitaron la fuga de Funes. Mientras tanto, efemelenistas que resultaron millonarios de la noche a la mañana andan bien campantes en fiestas de diplomáticos, como si hubieran recibido todas las garantías de que el sistema ni siquiera los investigará por corrupción.
La “justicia” es, en nuestro suelo, incierta, gelatinosa o en algunos casos descaradamente cómplice en los desmanes que una clase de demagogos perpetra, los mismos que hablaban de justicia y depuración del sistema judicial y que por eso nos llevaron a la guerra.
Y es que la Justicia, la diosa Justicia, tiene sólo el ojo izquierdo tapado en El Salvador, pues no mira lo que sucede de ese lado. Las heridas que propina con su espada son solo a un lado de su cuerpo, el derecho o el de pobres indefensos.

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